Luego de la espera, hay cuenta regresiva para el SAOCOM 1B

27 de agosto, 2020

Entrevista a Leonel Garategaray Responsable de Servicios de Lanzamiento SAOCOM 1B Por Damián Cichero

Luego de más de 6 meses, por fin ha llegado el momento de que el satélite argentino SAOCOM 1B sea puesto en órbita. En 2020, el despegue fue pospuesto dos veces, por la aparición del Covid-19 y problemas de SpaceX, empresa dueña del cohete Falcon 9.

En una entrevista exclusiva para El Economista, el ingeniero Leonel Garategaray, Responsable de los Servicios de Lanzamiento SAOCOM 1B de la CONAE, explica por qué las cancelaciones son algo frecuente: “Siempre se manejan ventanas de oportunidades para los lanzamientos y se evalúan muchos factores. En el caso de SAOCOM, lo más importante es que nuestro satélite es parte de una constelación de satélites (SAOCOM 1A y 1B forman junto con 4 satélites de la Constelación Italiana COSMO-SkyMed, de la Agencia Espacial Italiana (ASI), el Sistema Italo-Argentino de Satélites para la Gestión de Emergencias). Esto nos obliga a ser muy precisos respecto al momento de lanzamiento, ya que hay muchas posibilidades de coalición. También hay que tener en cuenta la disponibilidad de SpaceX, de la Fuerza Aérea americana y, principalmente, las condiciones meteorológicas. Nuestros lanzamientos son de ventana instantánea, es decir que tienen hora y minuto. Sin embargo, esta vez todas las condiciones son positivas para que se realice”.

Debido a la pandemia, no todos los profesionales y científicos pudieron viajar a Cabo Cañaveral para el despegue y, por ese motivo, se establecieron diferentes equipos de trabajo. El ingeniero Garategaray contó cómo estarán divididos: “Hasta el momento en que el cohete es lanzado, su comando está a cargo del equipo que está en EE.UU. Ellos pasan toda la información a los equipos de Buenos Aires, Córdoba y Bariloche, donde están los especialistas que no pudieron viajar y se encargan de corroborar que todo esté funcionando como corresponde. Una vez que el satélite se separa del cohete, se activa un automatismo donde comienzan a encenderse las antenas, transmisores, se liberan los paneles solares, entre otras cosas. Desde ahí comienza a tener contacto con los especialistas en Argentina a través de una antena y la gente en Cabo Cañaveral ya no tiene más injerencia sobre el satélite. Todos los grupos de soporte de Buenos Aires, Córdoba y Bariloche van evaluando el ‘estado de salud’ del satélite para avanzar a la siguiente etapa. El satélite estará en su órbita final aproximadamente en 6 meses”.

Los satélites SAOCOM cuentan con radares de apertura sintética SAR que operan en banda L, lo cual ha generado un gran interés mundial. Los sensores que estos poseen les permiten captar datos tanto de día como de noche, además de poder ver a través de las nubes gracias a la frecuencia utilizada por la señal de microondas. Pero su más importante innovación es su gran capacidad de penetración, algo fundamental para obtener datos de la humedad del suelo, objetivo para el que fue diseñado. El satélite tendrá un peso aproximado de 3000 kg y será lanzado desde Florida, entre hoy y mañana. Estará a una altura de 620 km, lo cual le permitirá realizar un ancho de barrido de entre 20 y 350 km. La antena del satélite fue uno de los grandes retos de la misión, según Garategaray: “La antena mide 35 m2 y desplegarla es una de las primeras tareas que se realiza en el espacio. En total, son 6 etapas de despliegue. Su peso es de 1.500 kilogramos, mientras que el resto del satélite pesa otros 1.500. El gran tamaño de la antena está relacionado directamente con la frecuencia con la que trabaja el satélite. La longitud de onda de esta frecuencia es muy grande, lo que hace necesaria una antena de gran tamaño para manejarla. El SAR en banda L nos da una gran capacidad de penetración, lo que nos da la posibilidad de atravesar suelos y follajes”.

Otros objetivos serán evaluar, monitorear, y así prevenir catástrofes naturales o antrópicas para su aplicación en agricultura. También permitirá aplicaciones hidrológicas, costeras y oceánicas; en nieve, hielo y glaciares; estudios urbanos, de seguridad y defensa.

Se estipula que la misión tendrá una duración de 5 años, aunque puede extenderse: “En cuanto a la vida útil de los satélites, el requerimiento son 5 años de vida –nos aclara el ingeniero aeronáutico argentino–. Siempre se consideran los peores casos. Entonces todo se diseña para que en esas malas condiciones se logren cumplir los 5 años (radiación solar, por ejemplo). Pero pocas veces se cumplen estas peores situaciones, por lo que la vida útil se extiende. Si llegada la fecha el satélite se encuentra en buen estado, se alarga su uso. En cuanto al tiempo que demandó su construcción, las primeras ideas surgieron en los años 2000; pero fue en 2009 cuando quedó definida la configuración e ingeniería que se requería. A partir de allí, comenzó una etapa de pruebas denominada ‘fase de calificación’, en la que se hacen prototipos, modelos de estructuras, modelos térmicos, entre otras cosas. Esta fase terminó en 2015, lo cual habilitó la fabricación de los modelos de vuelo. La construcción del 1A comenzó a principios de 2016 y, una vez terminado en 2017, automáticamente se comenzó con la del 1B. En octubre de 2018, el SAOCOM 1A fue lanzado mientras que la fabricación del 1B finalizó en diciembre de 2019”.

Solo 11 países tienen la capacidad de hacer este tipo de satélites (Estados Unidos, Rusia, India, China, Japón, entre otros), y esto nos ubica a la vanguardia en lo que respecta a tecnología espacial. Por eso, nuestro entrevistado hace hincapié en que, a pesar de que los presupuestos de otros países son completamente distintos, y a nivel de producción y volumen estamos lejos, la calidad de los productos que generamos estamos en un nivel muy similar: “Nuestro país tiene la capacidad de gestionar el proyecto completo. EE.UU. tiene producción local, lo cual les da la capacidad de que todos sus componentes sean construidos allí. Nosotros armamos todo lo que es la ingeniería y diseño, pero quizás hay componentes que debemos comprar en el exterior. Pero la ciencia, el desarrollo, y la historia satelital argentina está a la altura de esos países. Hay un conocimiento en Argentina del área satelital que no todos los países lo tienen, y de hecho muchos terminan comprando satélites afuera para poder cubrir sus necesidades”.

Finalmente, el ingeniero de CONAE dio su opinión respecto al nuevo papel de las empresas privadas en el rubro (SpaceX se convirtió en 2020 en la primera empresa en enviar una misión tripulada al espacio) y cómo Argentina ha obtenido tantos logros en esta materia pese a las constantes crisis sociales: “La industria espacial es un motor. Durante la misión APOLO se desarrollaron empresas como Boeing e IBM, que surgen por los contratos que NASA (quien lideraba el proyecto) hacía con empresas privadas. La NASA lideraba y capacitaba, y eso después drenó en la industria. En Argentina, la idea es capacitar y acompañar a los proveedores. El objetivo es desarrollar un negocio en el país que genere más trabajo y nos coloque en un nivel de tecnología internacional. La tecnología espacial tiene un estándar de calidad muy alto, lo que hace necesario la participación de empresas privadas. Hay que capacitar proveedores para que más industrias se interesen por invertir e instalarse acá. La industria espacial no fue una política de Estado y estuvo diseñada por los lineamientos de Conrado Varotto, asesor de CONAE e impulsor de la creación de INVAP. Todos los gobiernos han otorgado presupuesto y siempre se consiguió algo, lo que ha generado una continuidad en la industria. La ciencia y la tecnología deben convertirse en una política de Estado que, en algún momento, dejen de depender de habilidades individuales y en la que resulte normal destinar dinero a estas áreas”.

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