La fórmula contra Trump

5 de agosto, 2020

La fórmula contra Trump

Por Santiago Alles PhD en Ciencia Política por Rice University

Joe Biden anunciará en los próximos días quién lo acompañará en su fórmula presidencial, un hecho que generará estruendo, aunque no demasiado impacto. A diferencia de lo que ocurre en Argentina, los candidatos presidenciales en Estados Unidos se presentan a las primarias en soledad y, una vez asegurada la nominación, anuncian a quién completará la fórmula. La convención partidaria y el anuncio del “VP” forman así un hecho mediático: atrae significativa atención de los medios, amplifica la cobertura de la campaña, y resulta en un aumento de algunos puntos en la intención de voto. Pero ese impulso es transitorio. A medida que pasan los días, la atención se dispersa y las encuestas tienden a volver a los valores anteriores.

¿Quién será su vicepresidente? Durante los debates de las primarias demócratas, Biden tomó un compromiso público: elegiría a una mujer como VP. Desde un principio se instaló que esa mujer debía ser además “de color” (lo que en la jerga americana incluye hispanos y asiáticos) y tras las protestas contra las injusticias raciales ocurridas entre mayo y junio, todo indica que será una mujer afro-americana. Una selección de este perfil encarnaría los cambios demográficos ocurridos en la base demócrata en décadas recientes. Por un lado, las mujeres, además de representar un segmento electoral más grande que los hombres, con creciente frecuencia votan candidatos demócratas: de acuerdo a Pew, la identificación política de las mujeres favorece a los demócratas 56-38; las mujeres blancas son el único segmento que aún apoya regularmente al Partido Republicano. Por otro lado, los afro-americanos, hispanos y asiáticos votan masivamente por los demócratas, aunque sus niveles de participación son sustantivamente menores que entre votantes blancos. La identificación de las mujeres da a los demócratas una ventaja; la movilización de las minorías plantea un desafío.

Ahora bien, ¿cuál es el impacto real del vicepresidente en la elección? Primero, los candidatos a vicepresidente pueden reforzar el apoyo electoral en su propio estado (acá, acá, acá). Esto es en parte resultado del mayor conocimiento del VP en su territorio, pero también de mayores esfuerzos de campaña ese estado. Segundo, y quizás más sustantivo, el perfil del vice puede ayudar a delinear la imagen del candidato presidencial sobre algún tema, sea por su especial conexión con un grupo de votantes o por su experiencia en un área de política pública. Cuatro años atrás, por ejemplo, Mike Pence le permitió a Donald Trump consolidar su apoyo entre la derecha evangélica. La selección es un mix de votos y mensaje.

Tras la caótica experiencia vivida por la campaña de George McGovern en 1972, la selección del VP evolucionó en un proceso de examinación exhaustivo de los posibles acompañantes: ningún candidato quiere sorpresas. Pero también en un proceso muy reservado, tanto para no exponer a los nombres descartados como para generar el mayor impacto con el anuncio de la selección. De entre todos los nombres que suenan en la prensa política en estos días, dos se recortan por sobre los demás: Kamala Harris y Susan Rice.

-Harris es senadora por California, y aun cuando su intento de diputar la nominación presidencial nunca logró la tracción esperada, es una de las figuras más prominentes en la renovación generacional del Partido Demócrata. Si bien California es un estado donde Biden no enfrenta el menor riesgo, sus trece años de experiencia como fiscal pueden permitir contrarrestar el endurecimiento del discurso sobre orden y seguridad alrededor del cual Trump parece decidido a organizar la campaña.

-Rice nunca compitió por un cargo electivo, por lo cual su caudal electoral es dudoso, pero en un contexto internacional en el que el sistema de alianzas sobre el que descansaba el rol de Estados Unidos parece muy dañado, ella ofrece significativa experiencia en política exterior, tras cuatro años como consejera de Seguridad Nacional, y otros cuatro como embajadora ante las Naciones Unidas. Además, en contraposición a los intensos intercambios entre Harris y Biden tienen una relación cercana heredada de los tiempos en la Administración Obama.

Detrás de Harris y Rice, en un segundo escalón, aparecen los nombres de Karen Bass y Tammy Duckworth.

-Bass, representante por California y líder del Congressional Black Caucus, es probablemente la opción más inesperada: su nombre es apenas conocido a nivel nacional, y nunca atravesó la examinación que implican elecciones de alta visibilidad, lo que deja espacio para sorpresas. La campaña presidencial de John McCain en 2008 puede dar una idea de la magnitud de esos riesgos.

-Duckworth, senadora por Illinois, puede permitir incursionar entre votantes republicanos gracias a su condecorada carrera militar. En un tercer escalón, también han sido mencionadas Elizabeth Warren, Val Demings, Stacey Abrams o Keisha Lance Bottoms, incluso Michelle Obama, aunque todas ellas parecen posibilidades remotas.

Entre todos esos nombres, los votos parecen pesar muy poco: se trata, en casi todos los casos, de dirigentes provenientes de estados que los demócratas pueden contar como seguros (California, DC, Illinois, Massachusetts). Abrams y Bottoms son las únicas que podrían representar la expansión hacia territorios que el cambio demográfico está acercando al Partido Demócrata. Sin embargo, en términos de mensaje, Harris, Rice y Duckworth (además de señalizar la incorporación de la diversidad étnica y de género de la base electoral demócrata) pueden ayudar a delinear una campaña sobre temas como seguridad pública y política exterior que permitan atraer independientes e incluso republicanos desencantados. Warren, la única mujer blanca en seria consideración, podría ayudar a activar votantes jóvenes y progresistas, pero la realidad es que el rechazo a Trump puede ser suficiente para activarlos.

Hay otro motivo por el cual la selección del VP atrae especial atención este año: Biden tendría 82 años al final de un eventual primer mandato, y la vicepresidencia es una posición formidable para lograr la nominación demócrata si (tal como todos especulan) no buscara su reelección. Desde la campaña de Biden sugieren que no quieren una vicepresidente que use ese lugar con el único fin de lanzarse a la presidencia, en una poco velada indicación de las ambiciones presidenciales de Harris. Rice por afinidad y Bass por escaso name recognition (incluso Warren por edad) serian así opciones menos amenazantes.

Este punto trae al primer plano el lugar que ocupa la ambición de las mujeres en la política americana. Aun cuando el número de mujeres compitiendo por cargos ha aumentado en los últimos años (acá, acá, acá), la falta de ambición ha sido asociada con la relativamente escasa elección de mujeres en cargos políticos (acá, acá, acá). Pero mujeres con “demasiada ambición” no son confiables. Sin embargo, la política a este nivel es, indudablemente, un lugar para personas con fuertes ambiciones personales. Nadie se descubre compitiendo por la presidencia o una gobernación por accidente. Las élites políticas, sin embargo, usan esa indicación de ambición como una forma de controlar la puerta de entrada: los mismos comportamientos son presentados de forma diferente según se trate de hombres o mujeres.

El camino hacia la paridad es aún largo.

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