El mundo que viene (y nuestra incapacidad de entenderlo)

14 de agosto, 2020

Por Diego Cagliolo ExSubsecretario de Relaciones Internacionales y Cooperación de la Provincia de Buenos Aires

Mientras nos empecinanos en compararnos y confrontar gratuita y torpemente con aquellos países que pueden ayudarnos a reconstituir una economía destruida por errores propios y desgracias ajenas, el mundo se adelanta y se recupera normalizando paulatinamente el consumo, muy alejado de una economía argentina que no encuentra el piso y escupe rojos records en casi todos sus rubros.

La globalización se repiensa y los esquemas prepandemia darán paso a nuevas regulaciones sanitarias, certificaciones y “pasaportes de inmunidad” que seguramente persistan más allá de la inminente vacuna. Es tiempo de fortalecer nuestros lazos históricos y afianzar los más recientes con nuestros principales socios comerciales y buscar puntos de encuentro más allá de nuestras diferencias. Ese debería ser nuestro principal objetivo.

Aunque no parezca o no podamos apreciarla claramente, hay una oportunidad y no debemos desaprovecharla. Puede ser la última. Es el momento de trabajar para consolidar uniones regionales, continentales y transoceánicas que eventualmente puedan plasmarse en acuerdos de libre comercio que faciliten el acceso de nuestros bienes y servicios a estos mercados.

Siempre nos vinieron a comprar. Si creemos que seguirá siendo así eternamente es porque no entendemos que en el mercado mundial hay más de un oferente para lo que producimos, seguramente agraciado con una mejor ubicación geográfica en el globo, con mejor acceso a mercados, mas competitividad, acceso a capitales, mejores tasas, mas tecnología y menores costos. Debemos salir a vender. Y eso requiere mucha inteligencia, flexibilidad y capacidad de adaptación pero, por sobre todas las cosas, seriedad, transparencia, visión a largo plazo e inversión. Exportar no es vender excedentes una sola vez.

Conformar numerosos gabinetes específicos es auspicioso (y muy mediático) siempre y cuando no queden en la foto y definan (¡y sostengan!) políticas públicas que den previsibilidad y un horizonte claro de cuál es el rumbo. Sería deseable que si discursivamente se sostiene que el país debe exportar para generar ingresos, se tomen las políticas adecuadas para que ello suceda y no se agreguen regulaciones, registros, retenciones, impuestos y aumentos de costos que solo sirven para volvernos menos competitivos en un mundo de por si competitivo y más aún en la pospandemia.

No hay lugar para más grietas ni para idas y vueltas pendulares. La gente no lo tolera. Argentina se consume en debates internos estériles alejados de la realidad cotidiana y de los problemas reales de la economía local y mundial. Ojalá el actual Gobierno entienda que en los últimos cuatro años se sembró y cosechó mucho en el ámbito de las relaciones comerciales internacionales, abriendo numerosos mercados, negociando acuerdos de libre comercio (que podrán ser perfectibles, claro está) y promoviendo los productos y el talento argentino. Esperemos que aproveche el camino recorrido y no intente (como siempre hacemos) hacer borrón y cuenta nueva y empezar de cero (y lo que es peor, en la dirección opuesta).

Sería una buena señal de madurez política en búsqueda de la tan ansiada unidad nacional, convocar o consultar a los que tuvieron a su cargo dichas tareas y trabajar juntos por el país que queremos y merecen nuestros hijos.

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