El gol del acuerdo, Brasil del ‘70 y los cinco 10 de Argentina

11 de agosto, 2020

Por Pablo Mira

Se cerró finalmente un histórico acuerdo de reestructuración de deuda con bonistas privados. Ya se dijo mucho sobre sus detalles, pero quizás el éxito más importante haya sido lograr separar los riesgos de que la liquidez y la solvencia se fusionaran para generar una catástrofe financiera. Me explico, la deuda anterior era impagable no tanto por su participación en el producto, sino por otras dos dimensiones cruciales. Una es que el perfil de pagos estaba muy concentrado en los pocos años por venir. La otra es que, en parte por esa misma razón, la capacidad de financiamiento para reconfigurar estos vencimientos en lo inmediato era prácticamente nula. La sostenibilidad estaba amenazada porque cuando los inversores perciben dificultades de liquidez, reaccionan cortando el crédito, pudiendo transformar un problema de liquidez en uno de solvencia.

El acuerdo logró modificar de raíz este ordenamiento financiero viciado. Redujo los intereses y mantuvo casi igual el capital porque en los países con deuda sostenible es normal vivir refinanciando sistemáticamente el capital y repagando intereses. Los años de gracia otorgan el espacio suficiente para trabajar en los próximos años con el objetivo de afrontar los pagos de intereses y tranquilizar expectativas a fin de poder refinanciar los servicios de capital a tasas suficientemente bajas en el futuro. Esto incluye orientar políticas fiscales responsables y que asignen recursos inteligentemente para al mismo tiempo estimular la actividad y el crecimiento. Haber “pateado la deuda para adelante” como simplifican algunos no es un descrédito, sino un gran mérito dada la situación de deuda imperante.

Por otra parte, “resuelto” nunca es el verbo correcto a la hora de hablar de la deuda externa en Argentina. De una parte, se inician ahora conversaciones con el FMI que seguramente se extenderán hasta después de la pandemia. De otra, no debemos olvidar que la deuda ha generado tantos disgustos no tanto por ser pública, sino por estar nominada en dólares, lo que significa que Argentina debe resolver un obstáculo más general y de mediano plazo, que es cómo administrar los escasos dólares a los que tiene acceso para poder crecer.

Como dice un gran libro editado por Joseph Stiglitz y Daniel Heymann, los mentores de Martín Guzmán, hay vida después de la deuda. En nuestro caso eso significa que una vez que se abrió la puerta para tranquilizar la economía, hay que trabajar fuerte en las medidas que aseguren ese ordenamiento. Lamentablemente, la pandemia modificó la estrategia inmediata y retrasó los impactos positivos, pero eso no es excusa para no ponerse a edificar una economía mejor a la que tenemos hoy.

Hoy Argentina es Brasil del ’70. Está obligada a jugar con cinco números 10: 10% de caída de actividad, 10% de desempleo, 10% de déficit fiscal, 10% de base monetaria a PIB y 10% de pasivos monetarios en relación al PIB. Lamentablemente, estos números diez solo traen goles en contra, y por eso hay que ocuparse en corregirlos lo antes posible. Si la pandemia se controla, algunos de estos números podrían acomodarse con cierta rapidez (posiblemente acercándose al puesto de volante central), pero algunos de ellos presentan dilemas entre sí, por lo que en lugar de esperar soluciones automáticas hay que atacarlos con decisión. Para quienes pongan sus esperanzas en que Argentina hoy cuenta con un Maradona, la metáfora correcta no sería ganarle a Brasil del ’70, pero sí a repetir un éxito agónico como el que logramos contra el Brasil del ’90.

Una cosa debe quedar clara desde el principio, y es que la mayoría de los 10 se anulan con crecimiento. Si las expectativas mejoran como consecuencia del acuerdo y de una potencial vacuna contra el Covid-19, este puede ser un empuje decisivo. Pero el control macroeconómico sigue siendo esencial, porque las recuperaciones desbocadas suelen traer consigo inestabilidad nominal y riesgos cambiarios. Y en el medio de todo esto, debe asegurarse además la asistencia a los sectores sociales más golpeados por la pandemia y sus consecuencias.

En todos los casos, Argentina deberá seguir activando con inteligencia y oportunidad sus políticas económicas. Tranquilizar la economía, recobrar la situación social, propiciar sectores virtuosos, administrar cuidadosamente la deuda y cuidar los dólares son todas tareas que necesitan un equipo de trabajo convencido de que todavía hay mucho por hacer.

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