El costo político de la reforma judicial

23 de agosto, 2020

Por Augusto Milano

Sorprende que un Presidente que conoce tan bien como funciona el sistema político argentino se haya embarcado en una reforma judicial de la que difícilmente pueda salir bien posicionado.

La iniciativa tiene despacho de comisión en el Senado y podrá aprobarse en el reciento la semana próxima. Pero en Diputados le espera un trámite lento y con final incierto.

A esta altura, el debate técnico sobre el contenido de la iniciativa pasó a un segundo plano. Hoy la discusión es de naturaleza política porque lo que se le cuestiona al Gobierno no es tal o cual artículo sino la oportunidad, y sobre todo la forma, en la que lleva adelante el proyecto.

La oposición entiende que durante la pandemia todos los esfuerzos deben concentrarse en poner en medidas para superarla y no distraerse en estas cuestiones.  Pero la crítica mayor es la falta de consenso en un tema que lo requiere por su importancia.

¿En el oficialismo no sabían que los diputados del bloque que se referencia en Juan Schiaretti y Roberto Lavagna se iban a oponer al proyecto? Se trata de una doble derrota porque el  apoyo de los once legisladores de ese espacio podría llegar a ser necesario para aprobar la ley y porque se trata de aliados políticos.

En este contexto, Alberto Fernández tiene todo para perder. Si la reforma no avanza, será considerado una derrota por no haber podido avanzar con un proyecto que consideraba importante. Pero aprobarlo por una mínima diferencia en Diputados también tendrá costos políticos porque habrá dejado galvanizada a la oposición detrás del rechazo a esa iniciativa en un momento en el que exhibe diferencias en otros temas y generar, además, tensión en la relación con sus aliados.

Por otra parte, la composición de la comisión asesora, le da a la oposición los elementos necesarios para su estrategia de instalar que el fin último de la reforma es asegura la impunidad de la vicepresidencia, aunque técnicamente no hay nada que permita afirmarlo. Otra vez, la política.

Hacia el interior de la coalición oficialista, el complicado tratamiento de la reforma judicial puede tener dos efectos, en alguna medida contradictorios. Por un lado, puede dejar mala colocado al Presidente, pero por otro, le demostrará a los sectores más radicalizados de que hay iniciativas, que sin consenso, difícilmente avancen como ya se observó con el caso Vicentin.

Tal vez, Sergio Massa vaya al rescate de esta situación y demore todo lo posible el tratamiento del proyecto  cuando llegué a Diputados luego de ser aprobado en el Senado y que de esa manera haya tiempo para acercar posiciones.

Dejá un comentario