Demanda minorista sin freno obliga a BCRA a decidir entre reservas e importaciones

3 de agosto, 2020

BCRA, reservas

Por Alejandro Radonjic

El viernes, el BCRA presentó la radiografía mensual del mercado cambiario de junio y mostró que la pasión minorista por el billete verde no cede. Por el contrario, crece exponencialmente. Aun con pandemia, un dólar bajando en el mundo, una inflación “baja” en Argentina y tasas en pesos que, sin entregar grandes premios, permiten mantener el poder de fuego. La “gente” no mira el Dollar Index de Bloomberg ni la serie del Tipo de Cambio Real Multilateral (TCRM). A la pasión (siempre fundamentada a la postre) de ahorrar en verdes, se preocupa con que pasará en el segundo semestre con la megamisión de pesos en curso y, sobre todo, observa una brecha que lleva a muchos (imposible saber cuántos) a hacer el famoso rulo del PURE y hacerse unos mangos.

Casi 10% de la población (3,2 millones) compraron el cupo de US$ 200 en junio. Según datos compilados por Martín Polo, fueron 600.000 en enero, cruzaron el millón en abril y en junio fue un aluvión. Apenas 76.000 tuvieron que vender: la cifra más baja de 2020. En julio, en base a estimaciones de datos de AFIP, habrían sido más 4 millones. Un boom de compradores que encendió alguna alarmas en el BCRA. Según averiguó El Economista, la autoridad monetaria está estudiando si las aperturas de cuentas de los últimos en los bancos meses se hicieron en forma correcta.

Los 3,2 millones de junio no se llevaron tanto como quisieron (apenas US$ 629 millones netos), pero la tenacidad de la demanda es un problemón para el BCRA y el superávit comercial es lo único que queda. Un saldo que hoy es enorme, pero se debe más a un desplome bíblico de las importaciones que aun boom exportador. Las importaciones tenderán a subir.

Si bien en junio el BCRA sumó algunas reservas (menos de US$ 700 millones) y en julio consiguió US$ 146 millones más, ya volvió a estar en “modo vendedor” en el Mercado Unico y Libre de Cambios (MULC). Se sentó sobre las reservas pero, dice Polo, aparecen “ventanitas” y los minoristas se tiran de cabeza.

Con un saldo comercial importante (casi US$ 2.000 millones en junio y algo menos en julio), el BCRA va regulando la A 7030 para ajustar el saldo comercial.

La suba de reservas de julio, estima Polo, se debió a préstamos de organismos multilaterales y no a un BCRA en “modo comprador”. El mes pasado, el MULC habría registrado un déficit de US$ 499 millones. “Para que el BCRA compre reservas necesita un superávit alto de US$ 1.500 millones por mes. Eso se pudo en junio porque bajaron mucho las importaciones por la A 7030. Después se aflojaron las restricciones porque tampoco podían cerrar tanto por el impacto recesivo y las importaciones fueron mayores en julio. A eso se suma el piso de demanda de minoristas, que es de US$ 800 millones. Van regulando ese trade-off entre reservas y actividad”, dice Polo ante El Economista.

Los números minoristas se están poniendo peores y la brecha no cede. Si bien un “deal” con los acreedores ayudaría (en el BCRA creen que bajaría la brecha), la negociación se alarga y algunas versiones dominicales no alimentaron el optimismo de un canje exitoso pronto. Si ese deja de ser el escenario base para el mercado, la dirección de la brecha es ascendente y el futuro de los US$ 200 mensuales, más riesgoso.

Al final del camino, cree Fernando Marull (FMyA), hay un salto discreto del dólar oficial. El éxito del “plan aguante” sentenciará el cuándo. “Más allá de lo que diga el Gobierno, el mercado (REM y FMyA) espera que el BCRA buscará ‘aguantar’ no devaluar en los próximos meses. Insistirá con más cepos, pero tarde o temprano tendrá que mover el dólar oficial para restaurar el equilibrio en este mercado”, describió Marull. “Más allá del buen nivel de superávit comercial que muestra Argentina (por la recesión), igual el BCRA sigue sin comprar reservas”, dice Marull y señala que el saldo comercial acumulado de los últimos 12 meses es récord nominal: US$ 18.500 millones.

Según Ecolatina, la variable a monitorear es la incertidumbre. “En la actualidad los problemas cambiarios no parecen responder al atraso del dólar oficial (inexistente a excepción del caso particular de Brasil). Por ende, provienen de un elevado apetito dolarizador producto de la elevada incertidumbre que pesa sobre nuestra economía. Las restricciones a la compra de divisas en el mercado formal limitan la formación de activos externos, pero no reducen su demanda, tal como se refleja en las cotizaciones paralelas. Además de reforzar controles cambiarios, la administración del BCRA ha comenzado a implementar una política monetaria más astringente: viene absorbiendo buena parte de la emisión para financiar al fisco (el stock de instrumentos de esterilización trepó casi $ 1 billón desde el inicio de la pandemia/ cuarentena) y sube la tasa de interés para acercarla a la depreciación esperada del dólar oficial.

“Pero en un contexto de tanto riesgo, absorber pesos y elevar la tasa de interés no alcanza para desincentivar la demanda de dólares. Esto ha quedado claro a finales de la administración de (Mauricio) Macri: pese a que la base monetaria no crecía y la tasa de interés era muy elevada (llego a superar el 70%), la creciente inestabilidad cambiaria culminó en la reintroducción del cepo”, recuerdan.

Allí aparece el canje, nuevamente. “Para reducir esta falta de previsibilidad es condición necesaria, pero no suficiente, cerrar la reestructuración de la deuda pública en moneda dura con privados. Inicialmente, el Gobierno aclaró que tenía un plan económico, pero que no lo iba a dar a conocer hasta reestructurar la deuda, situación que ya se ha extendido demasiado. Asimismo, a la difícil situación económica heredada se le ha sumado un desequilibrio fiscal y monetario de envergadura para morigerar el impacto socioeconómico de la pandemia. La reacción del Ejecutivo fue acertada, pero ahora es importante aclarar cómo se piensa corregir dicho desequilibrio para no deteriorar las expectativas. Por último, llegará el turno de anunciar medidas y estímulos oficiales para consolidad y acelerar la recuperación. Se puede creer o no en los planes económicos, pero si el sector privado demanda mayor certidumbre es importante ofrecerlas”, agregan en Ecolatina. ¿Está en eso el Gobierno? La brecha cree que no.

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Los músculos de Todesca

En declaraciones formuladas el fin de semana a Radio Nacional, la vicejefa de Gabinete, Cecilia Todesca Bocco, enfatizó que para la etapa de la reactivación “vamos a trabajar con dos músculos: el gasto público directo y el crédito productivo que es algo que en Argentina no existía”. Y explicó: “En el Gobierno de (Mauiricio) Macri era sólo un rueda de especulación financiera. Salimos de ese esquema y hoy hay crédito. En cuatro meses el crédito, aun en pandemia, creció 1,4%. Tenemos que redireccionar el ahorro en pesos a la producción. Desde un kiosco que compra una heladera hasta una gran industria que compra maquinaria”.

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