Argentina y Brasil marchan hacia la primarización

6 de agosto, 2020

Por Bruno Fanelli

Siempre ha sido discutido el rol de la industria automotriz en el Mercosur. Este sector, fuertemente administrado por los gobiernos nacionales, es criticado por su relativa falta de eficiencia y calidad. El reverso de esa moneda es que esta es la industria que nos permite exportar productos de contenido tecnológico medio-alto y que ha generado en los últimos años importantes cadenas de valor con su concomitante ganancia en eficiencia. Sin embargo, estas últimas han sufrido un daño severo en los últimos meses, no solo por el Covid-19, sino por la mala situación económica en Brasil y Argentina.

El timing de las crisis de los socios mayores del Mercosur no podría ser peor. Brasil desde el 2011 atraviesa la recesión más larga de su Historia. La tantas veces referida recuperación, que aparecía con perspectivas modestas en 2020, fue borrada de un plumazo por la actual pandemia. A la recesión brasileña se le suma la crisis de la economía argentina, que luego de una caída en 2018 y 2019 se desplomará con posibles índices de dos dígitos en 2020.

Todo esto se traduce en una estrepitosa caída en la producción y comercio de automotores que antecede a la pandemia. La venta de vehículos automotores de Brasil a la Argentina cayó, en 2019, 48,6% al tiempo que sus importaciones cayeron 6,5%. Al mismo tiempo, la producción de automóviles lleva ya un derrumbe que condice con la llamada “nueva década perdida”. Si en 2013 Brasil producía 3,7 millones de automóviles y Argentina 790.000, en la primera mitad del 2020 nuestro país produjo tan solo 80.000 y Brasil, 720.000.

Dado este panorama, no es de sorprender que varias empresas extranjeras del sector hayan abandonado nuestro país. Podemos mencionar el conocido caso de Basf, 3M, PPG, MWM, Azalta y Saint-Gobain, que dejan nuestro país para concentrar su producción en Brasil. Además de la caída en la producción, un factor aducido por las firmas es la implementación del control de divisas.

En este contexto, la destrucción de las cadenas de valor regionales en el sector automotriz configuran un lamentable acontecimiento en economías como la argentina y brasileña, que marchan cada vez más hacia una primarización de su producción y exportaciones.

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