Si Guzmán se mueve, hay un canje completo sobre la mesa

23 de julio, 2020

Por Alejandro Radonjic

La diferencia entre las puntas (lo que ofrece Argentina y lo que piden los acreedores “duros”) hoy es mínima. Nunca antes, en los largos meses de negociaciones, estuvieron tan cerca y eso es alentador porque, en el mercado, manda la plata. En criollo, los acreedores piden US$ 3.000 millones más, entre 2021 y 2028, de lo que ofreció Argentina la última vez. Si bien “parece plata” para un soberano quebrado y con necesidad de gastar y mucho en otras urgencias tras la pandemia arrasadora, Delphos tilda la diferencia de “ridícula” mientras LCG dice que la cosa “está tan cerca que no se entiende”. Con más ánimo, desde Grupo SBS dicen: “A esta altura la distancia entre las partes es mínima y nos encontramos demasiado cerca de un acuerdo, es momento de concretarlo”.

Lo que aparece como algo solucionable desde lo financiero y anima las valuaciones (ayer subieron los bonos en dólares) no cuantifica la política, las personas y los intereses. Si bien, al final del día, la película financiera no cambia (para el soberano y para los propios acreedores), ambos quieren imponerse en lo simbólico. En quien vence. En la política, si se quiere. No cabe duda de que BlackRock y compañía también “juegan” y se juegan cosas en la reestructuración (que pronto estarán de moda en todo el mundo). Hoy, eso traba el último tramo de la negociación, que atraviesa días claves. Desde Delphos proponen un “miti miti”: si la diferencia, en VPN, es US$ 3, sugiere que Argentina se estire US$ 1,5 y los acreedores cedan otro tanto.

Parecen abrirse, así, dos escenarios para el canje de la deuda bajo Ley Extranjera y, según la visión del mercado, el Gobierno tiene la pelota. Si bien el gancho lo ponen los acreedores, es el Gobierno el que debe arrimar la nueva propuesta. El dato alentador es que, sin rematar las joyas de la abuela y “comprometer el mañana” como dijo el Presidente, Argentina puede tener, en unos días más, un canje masivo, es decir, con todos adentro, incluso BlackRock. Eso, se presume, colapsaría el riesgo país, abriría el financiamiento para privados y, por qué no, sería una linda cucarda para el Gobierno en un contexto económico, cuanto menos, complejo. Sería, incluso, anecdótico que el “debt relief” (ahorro de deuda), que va a ser importante para Argentina en cualquier caso, no sea tan grande como fantasean en el Mecon.

“Es tan ridícula la diferencia entre la propuesta del Gobierno y de los acreedores que solamente un capricho o un grave error político podrían no depositar esta negociación en un acuerdo masivo. Ahora parecería que las partes deben buscar el momento y la oportunidad para realizar los últimos retoques que lleven a buen puerto. No descartamos volatilizad en el cierre del ‘deal’, aunque asignamos la mayor probabilidad a un resultado positivo”, dijeron desde Delphos. “Esperamos que las negociaciones en las próximas semanas en última instancia conduzcan a un acuerdo, considerando el deseo de las autoridades de evitar un incumplimiento caótico que causaría más dolor a la economía”, dijo Morgan Stanley en una nota.

Analistas del Citi, citados por Reuters, dijeron que la posición dura de Argentina (el “no hay más”) podría suavizarse en las próximas semanas y que la nueva contrapropuesta fue un “paso para unir las dos posiciones”.

“Las autoridades han declarado que la propuesta enmendada presentada a principios de julio no se modificará, pero creemos que esto es principalmente una táctica de negociación”, agregó el banco.

“El Gobierno sabe que tiene que resolver la reestructuración, por los beneficios económicos que un acuerdo traería”, dijo Matías Roig de la Portfolio Personal Inversiones.

Otros, menos optimistas, creen que el Gobierno no enmendará la oferta y, por lo tanto, mantendrá la actual, con sus posibles efectos: un canje parcial, no masivo y, por ende, inefectivo y con futuros litigios en Tribunales donde Argentina no tiene buena reputación y va de punto.

En un informe, PxQ, liderada por Emanuel Alvarez Agis, dicen que “el negocio es un canje total”. En otras palabras, el partido que tiene que ir a buscar Argentina es cerrar con todos adentro, y no un canje parcial. “En un escenario de canje mayoritario (sin holdouts) Argentina lograría cerrar un acuerdo que implica una reducción de la tasa de interés promedio de 6% a 3% y un alivio sobre la carga de deuda de casi US$ 35.000 millones. Un canje parcial significaría demorar el cierre de este capítulo y un riesgo de judicialización. No hay que subestimar el efecto que esto podría tener sobre la macro, principalmente sobre la brecha cambiaria. Creemos que hasta el lunes las chances de avanzar en un canje parcial eran mayores. Tras la presentación de una propuesta conjunta de parte de estos tres grupos de acreedores aumentan las probabilidades de alcanzar las mayorías necesarias para un canje sin holdouts”, dice Pedro Martínez de PxQ en diálogo con El Economista.

La llave podría ser financiera o, incluso, legal. “La diferencia en lo económico es mínima y para ambas partes sería difícil de justificar romper las negociaciones en este punto. El Gobierno ya expresó su postura de que no van a hacer cambios en la propuesta económica pero, sin embargo, deja abierta la posibilidad de realizar cambios en lo legal. Modificar la cláusula de ‘redesignación’ podría ser una forma de acercarse a la propuesta de los acreedores sin tocar la parte económica, pero este cambio solo tendría sentido si los acreedores garantizan las mayorías necesarias para alcanzar cerrar un acuerdo sin holdouts”, agrega Martínez.

Otros, también, hablan de un instrumento de recuperación de valor (más conocido como VRI) como posible endulzante. En su momento, se habló de un cupón atado a las exportaciones que podrían endulzar el flujo de fondos.

Sea como sea, ya es momento de dejar atrás el tema y eso implica ir hacia un canje masivo para que la economía entre relanzada a la pospandemia con más margen de leverage. Las finales se ganan.

Dejá un comentario