La comunicación empresarial, entre el Zoom y el barbijo

16 de julio, 2020

Por Ruth Remesnitzky Consultora Lazos Comerciales

Entre lo que pienso, lo que quiero decir, lo que creo decir, lo que digo, lo que quiero oír, lo que oigo, lo que creo entender, lo que quiero entender y lo que entiendo existen nueve posibilidades de no entenderse. En la presente columna conversamos con especialistas de distintas disciplinas para brindar herramientas de comunicación efectiva en el ámbito laboral y personal.

Es fundamental entendernos, ¿pero cómo hacerlo cuando tenemos la mitad de la cara tapada o cuando solo vemos hasta los hombros a la persona a través de una pantalla de PC o celular?

En general nos cuesta mirarnos por tiempo prolongados y actualmente el desafío es interpretar la expresión a través de los ojos y la escucha para comprender el mensaje recibido.

En un mundo donde siempre buscamos un equilibrio entre la vida personal y laboral, el Covid-19 hizo que se mezclaran totalmente, nos humanizó (por ejemplo, al ver a los hijos de un cliente correr de fondo mientras hablamos de la negocios por videollamada) y hace que pensemos juntos cómo es y será este nuevo equilibrio.

La comunicación empresarial hoy se ve atravesada por el modelo Zoom-barbijo. La plataforma Zoom rápidamente se instaló como sinónimo de videollamadas y es una de las más utilizadas. Sin feedback no hay comunicación y en una comunicación mediada por pantalla o barbijos el ruido siempre estará presente.

Relaciones laborales a distancia y extensas horas de trabajo, donde es imposible identificar cuando comienza y termina la jornada laboral, con un enorme esfuerzo por interpretar lo que el otro me quiere decir, que se siente en el agotamiento al culminar el día.

Esta cuarentena nos enfrenta con nuestras creencias, genera introspección, sensibilidad, honestidad y conexión con “uno mismo”.

Daniela Belén Ledesma, Licenciada en Fonoaudiología y profesora de canto lírico, yoga y meditación, nos comenta: “Platón lo expreso claramente en la frase ‘la voz es reflejo del alma’ y en ella se notan nuestros estados de ánimo y cuando estamos angustiados es común decir que tenemos un nudo en la garganta”.

Todo esto tiene correspondencia con lo anatómico y fisiológico. Cuando se vive recurrentemente a niveles altos de estrés, el cuerpo de debilita y la mente genera una rumiación de pensamientos negativos que con el tiempo hace frágil el sistema inmunitario, generando menor concentración a nivel del sistema nervioso, la frecuencia cardíaca se acelera, la respiración se acorta (respiración alta o clavicular) haciendo que la oxigenación celular sea disminuida y tensionando por consiguiente la musculatura corporal, lo cual es directamente contraproducente en el funcionamiento de nuestro aparato vocal.

Actualmente nos encontramos aislados, pero hay suficientes medios tecnológicos que nos permiten, a pesar de la distancia, estar conectados con nuestros pares. ¿Pero quién me conecta conmigo mismo? ¡Solo yo!

Es necesario parar, no dejemos que la “película mental” nos lleve para lugares indeseados, es necesario hacer una introspección y preguntarnos cómo vivimos y si somos felices de ese modo.

Aprendamos a observarnos, a vivir en el aquí y ahora y a ser felices con cada cosa que nos brinda la vida. Conectémonos con nuestra respiración que nos da la vida a cada instante y seamos felices simplemente por estar vivos. Esto que sucede hoy pasará y habremos crecido como personas, pudiendo apreciar con cariño y gratitud la simplicidad.

Por ello resulta fundamental tenerse compasión y contener emocionalmente a nuestras relaciones personales y laborales para empoderarlas como protagonistas de sus vidas, transmitiendo que poseen todas las capacidades y herramientas necesarias para adaptarse y seguir adelante.

Por su parte, Eugenio Gimeno Balaguer, docente y Doctor en Ciencias Económicas con una amplia trayectoria en el ámbito empresarial y académico, aporta: “Aunque hay muchas formas de intentar comunicarse, las palabras (orales o escritas) como eje de la comunicación no son representaciones verbales de las cosas, sino que expresan la idea que nosotros tenemosde esas cosas. Por lo tanto, no tienen el mismo significado para unos y otros y además existen ruidos e interferencias debido a los niveles emocionales de las partes”.

Pero ¿quién falla cuando no hay comunicación?

  • A veces el hablante, porque es confuso, reservado o mentiroso.
  • Otras el receptor, que no es capaz de comprender, porque se empantana en malentendidos.
  • Con frecuencia la falla es de ambos.

¿Porque es difícil comunicarse?

Entre otras cosas hay pereza de expresarse (exposición-realimentación), hostilidad que cierra caminos y, aunque a veces se piensa que hablan el mismo lenguaje, lo que dicen y lo que sus compañeros oyen suelen ser cosas diferentes.

La incomunicación se produce por tres factores: saturación, conflicto e indiferencia.

La saturación se da por la hiperinformación o sobreinformación, conceptos que se originaron a finales de siglo pasado con la aparición de Internet; conflicto por la cantidad de fuentes y versiones sobre un mismo hecho y la indiferencia generada por el hastío que provocan temas recurrentes vinculados a la pandemia.

¿Qué requisitos son importantes para una buena comunicación? Valores compartidos, ganas y necesidad de recibir.

Así existen 4 niveles de comunicación y escucha, e identificarlos es fundamental para corroborar si hay Comunicación efectiva o no:

  1. Escucha desconectada. Nuestro cuerpo está presente, pero nuestra mente no: damos señales, como “sí” y “ajá”, pero “no estamos”.
  2. Escucha competitiva. Escucha a medias e idea respuestas rápidas, interrumpiendo para dar su opinión. No hay interés en escuchar, sino en probarse a sí mismo y a los demás que es el más capaz y competente.
  3. Escucha verbal. Atención solo al contenido del discurso verbal, sin distinguir la comunicación no verbal, como gestos, posturas y contacto visual.
  4. Escucha empática. En este nivel nos ponemos en el lugar del otro. Escuchamos la parte verbal y percibimos la no verbal y las emociones. Balaguer concluye: “Saber escuchar es clave de la empatía y crucial para la comunicación. Para ser un comunicador efectivo, además de formular preguntas sagaces, ser abierto y comprensivo, debe tener la habilidad de escuchar, no interrumpir y buscar sugerencias”.

Es fundamental primero trabajar con la comunicación con uno mismo, coherencia entre el pensar, sentir y hacer, tratándonos con amorocidad, para ser lo que uno quiere ver en el exterior.

Como decía Peter Drucker, “lo importante de la comunicación es escuchar lo que no se dice”.

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