Incertidumbre de corto plazo, certeza de largo

23 de julio, 2020

Por Martín Polo Economista

¿Se despertó? La inflación de junio se aceleró, superó las expectativas y volvió a perder contra las tasas de interés. La dinámica del IPC tiene componentes transitorios e inciertos dado el shock que generó en la economía una cuarentena que se extiende por más de 4 meses. En un contexto en el que el Gobierno no da definiciones del rumbo a seguir, las perspectivas son más inquietantes y obligan a un horizonte de planeamiento de muy corto plazo pues las probabilidades de un salto discrecional y desorden de las variables nominales aumentan. El Gobierno tiene oportunidad y debe enderezar el rumbo y no perder más tiempo.

El IPC de junio tuvo dos llamados de atención: subió por encima de las expectativas del mercado y se aceleró respecto a mayo. Concretamente, la estimación del IPC Nacional de junio marcó un alza de 2,2%, muy por encima a la de 1,5% promedio mensual registrada en abril y mayo. Este resultado trajo cierta sorpresa dado que en promedio las consultoras que miden la inflación habían calculado un alza de 1,7% en tanto que la última publicación del REM esperaba un alza de 2%. Esto se contrapone con lo que venía ocurriendo los meses previos en los que, salvo marzo, las estimaciones del mercado venían sobreestimando el dato oficial. Un tercer punto, no menor en un contexto en el que crecen los instrumentos financieros indexados, es que el dato oficial sigue gozando de credibilidad.

La aceleración de la inflación del mes pasado fue generalizada en todos los índices. Ya sean los elaborados por las consultoras, las provincias e incluso en todas las regiones que componen el IPC nacional, el dato de junio fue mayor al de los meses previos. El 2,2% estuvo determinado por un alza de 4,8% en los estacionales (en línea con lo que venían mostrando), 0,7% en los regulados (vs caída de 0,4% mensual en abril y mayo) en tanto que la “core” marcó un alza de 2,3%, 0,7 punto por encima a la de los 2 meses previos.

Los precios estacionales representan el 12% del IPC total y se componme en grandes líneas por los precios de frutas, verduras, vestimenta y recreativos (incluye tu rismo). El que mayor peso tiene en esta categoría es vestimenta cuya ponderación roza el 70%, seguido por frutas y verduras que entre ambas representan el 25%. En los últimos 4 meses, esta categoría presentó subas del 4,8% prácticamente constante, aunque por diferentes motivos: entre marzo y abril la determinó el salto en los precios de frutas y verduras, en tanto que los últimos dos meses la determinó el capítulo de prendas de vestir y calzado.

Finalmente, no sorprende que los precios se paquetes turísticos tuvieron una leve caída. Los precios regulados, son la gran apuesta del gobierno. Su participación en el IPC está levemente por encima del 23% y está compuesto por electricidad, gas y agua (EGA), transporte, servicios de salud, comunicaciones, tabaco y educación. La participación de cada uno de estos es más pareja que la categoría anterior, pero se destacan las de EGA y combustibles con 15% y 20% respectivamente. La suba de 0,7% que marcó en junio y que lo diferencia de los meses previos, fue el alza en tabaco que subió casi 6% mientras que el resto de los componentes no tuvo ninguna variación e incluso el capítulo de educación marcó una caída de 0,5% mensual (vs caída de 2% los dos meses previos). Finalmente, el restante 65% del IPC se compone por los precios libres de estacionalidad y de regulaciones. La mayor participación en este rubro de la llevan los alimentos (sin frutas y verduras). Al igual que los demás rubros, aceleró su marcha pero por ahora la suba es muy moderada al registrar un incremento 1% (versus 0% en mayo).

Con todo esto, durante el segundo trimestre, período inusual en el que las estimaciones se hacen en pleno shock de cuarentena y con dificultades para la medición, el IPC Nacional marcó un alza promedio mensual de 1,8% mensual explicado por los precios estacionales que subieron 4,8% y la “core” que lo hizo al 1,9% mientras que los regulados marcaron 0% promedio mensual. La dinámica de los precios estuvo por debajo del tipo de cambio que en el período subió al 3,3% mensual al tiempo que, como comentamos en el informe pasado, perdió respecto a las tasas de interés de plazo fijo que se mantienen en 2,5% mensual.

¿Cómo sigue? Está claro que la desaceleración que tuvo la inflación del último trimestre está lejos de ser tendencia, y tuvo comportamiento excepcional que no sabemos hasta cuándo seguirán impactando. Por lo pronto, sabemos que la cuarentena sigue y con esto varios capítulos del IPC seguirán con subas muy moderadas, como educación, restaurants, turismo y demás servicios que están siendo severamente impactados. Al mismo tiempo, los precios regulados seguirán congelados, más allá de alguna corrección mensual. También influyen el desplome del consumo y de los salarios. Este escenario, al que se suma una dinámica estable de depósitos en pesos del sector y un mercado cambiario que, aunque con gran fragilidad, se mantiene equilibrado, le da tiempo para que en el cortísimo plazo la inflación de este mes y el próximo se mantenga en los niveles actuales.

Pese a este “veranito” desinflacionario, la película de fondo sigue siendo inflacionaria. Especialmente porque el enorme desequilibrio fiscal financiado casi en soledad con emisión del BCRA indudablemente tendrá impacto en los precios. A esto se sumará más presión del lado del tipo de cambio dado que la brecha cambiaria y cierta reactivación de la demanda por importaciones irán socavando el saldo comercial y esto obligará al BCRA a ir acelerando el ritmo de devaluación.

Ante este escenario, el BCRA puede -y debe- aprovechar para ganar en credibilidad. El consenso sigue previendo aceleración de la devaluación y de la inflación y poco espera de las tasas de interés. Es un escenario complejo dado que deteriorar hacer más negativas las tasas de interés en un contexto de apertura de la cuarentena contribuirá a mayor inestabilidad y en ese contexto será difícil evitar un salto en el tipo de cambio y un desorden de las variables nominales. Está claro que no podrá hacerlo sin que antes el Gobierno contribuya al ponerle un punto final a la renegociación de la deuda y generar expectativas de corrección fiscal poscuarentena. Se vienen momentos de definición.

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