El valor del dólar oficial está más cerca del 2001 que del 2002

28 de julio, 2020

Convertibilidad Argentina

Según el Instituto para el Desarrollo Social Argentino (IDESA), haber adoptado la cuarentena obligatoria de manera “muy estricta y tempranamente fue una decisión que se tomó sin fundamentos científicos y que está provocando enormes costos sociales”.

De acuerdo con el informe semanal de la entidad, el encierro y la consecuente paralización de la economía produjeron la destrucción de empresas y empleos, el empobrecimiento de la población y el cansancio social. “Es tan crítica la situación que se tuvo que terminar apelando a la flexibilización de las medidas de confinamiento justo en el momento de mayor cantidad de contagios”, sentenció. 

“El cambio de estrategia se instrumentó abandonando el esquema original de toma de decisiones centralizada para delegar en las autoridades locales el manejo de la pandemia. En paralelo, se coloca ahora como centro de la agenda nacional la recuperación económica post-pandemia”, remarcó Idesa.

Y agregó: “El punto de partida del diagnóstico es que la actual crisis, que se inició en el 2018 y tendría pico en el 2020, es similar a la crisis de la convertibilidad iniciada en 1998 y que estalló en el 2002. Con este paralelismo, emerge la esperanza de que, pasada la pandemia, se darán las condiciones para una recuperación vigorosa de la economía similar a la que se dio a partir del 2003”.  

Para fundamentar dicho paralelismo, el Instituto comparó la evolución del tipo de cambio real. Tomando el valor del dólar oficial, actualizado por la inflación doméstica y la de Estados Unidos, en el 2001 el valor del dólar era equivalente a $56 a precios actuales. Mientras que en el 2002 la divisa pasó a costar $126 a precio actual. En contraposición: hoy en día, el dólar oficial es de $72 pero el paralelo cotiza a $140. 

Ante esos números, Idesa señaló que la situación cambiaria actual “es ambivalente”, ya que si se toma el dólar oficial el país está más cerca del 2001 que del 2002; en cambio, si se observa el blue, la situación se parece más al 2002. 

“La conclusión es que, si se quiere recrear las ventajosas condiciones de tipo de cambio que se dieron en el 2002, todavía falta liberar el tipo de cambio oficial para que se ubique cerca del dólar paralelo. Es decir, el optimismo no tiene fundamento porque se está basando en un diagnóstico equivocado. Para repetir la experiencia que se inició en el 2003, todavía queda por transitar la traumática y costosa mega-devaluación del 2002”, subrayó. 

A su vez, indicó que esa dicotomía sobre el valor del dólar explica las zigzagueantes oscilaciones de la economía argentina: “Un dólar alto –como el del 2002 o el paralelo actual– es el que permite licuar gasto público (generando superávit fiscal) y compensar a los sectores productivos por la enorme cantidad de sobrecostos espurios (generando superávit externo). Pero ese dólar muy alto que se necesita para lograr los equilibrios macroeconómicos produce caídas del salario real, las jubilaciones y aumento de la pobreza. En otras palabras, el equilibrio macroeconómico  demanda un dólar tan alto que destruye el tejido social”.   

Según considera la entidad, para salir de esta encrucijada es necesario cambiar de estrategia. El desafío es superar la escasez estructural de dólares induciendo una mejora genuina de la competitividad. “Esto es, que las empresas sean capaces de exportar y competir con importaciones gracias a regulaciones más racionales y servicios públicos e infraestructura de mejor calidad”, explicó. 

El informe añadió: “El punto de partida es la modernización del sector público. Esto implica lograr un genuino equilibrio fiscal con un sistema tributario no distorsivo, un sistema previsional sustentable y un Estado nacional sin programas nacionales que se superponen con funciones provinciales y municipales. Donde cada provincia se financie con su recaudación, eliminando la coparticipación, y un fondo de convergencia para las provincias más atrasadas”. 

“Seguir sin abordar el ordenamiento del Estado es resignarse a la decadencia. Es seguir oscilando entre un dólar alto –que alivia a las empresas por las ineficiencias del Estado– o un dólar bajo –que alivia las tensiones sociales del empobrecimiento–. La pandemia es una oportunidad para cambiar de estrategia. Para ello no hay que caer en el error de pensar que se puede repetir la recuperación del 2003 sin pasar por la traumática experiencia del 2002”, concluyó el Instituto. 

 

 

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