El (mal) uso de las estadísticas del Covid-19

23 de julio, 2020

Por Victor A. Beker ExDirector de Estadísticas Económicas del INDEC

La información es la base para la toma de decisiones. Por tanto, la correcta información es la base para la toma de decisiones correctas. La prevención de la pandemia pasa en buena medida por las decisiones y la responsabilidad individuales.

Lamentablemente, se observa un uso poco cuidadoso de las estadísticas relacionadas con el Covid-19, lo cual puede llevar confusión a la población, especialmente cuando proviene de comunicadores sociales.

Por tratarse de un fenómeno totalmente novedoso no es de extrañar que haya tomado por sorpresa no solo a sanitaristas –obligados a operar en base a la prueba y error- sino también a quienes utilizan las cifras para informar sobre la evolución de la enfermedad.

Una cuestión elemental es que el número de casos por país no informa de nada. Una cosa son 1.000 casos en China –sobre una población de 1.400 millones de habitantes- y otra igual cantidad de casos en Mónaco, con apenas 39.000 personas en su territorio.

Por ejemplo, al 30 de junio pasado, Estados Unidos tenía la mayor cantidad de casos, con 2.683.897 pero, en relación a la población, la tabla era encabezada por Chile, con 14.736 casos por millón de habitantes.

De todas maneras, lo que indican las cifras, es el número de detectados, no de infectados. El número real de infectados se desconoce. Lo que se tiene son los casos detectados, el cual está fuertemente condicionado por el número de testeos realizados.

Por ejemplo, el Director de los Centros de Control y Prevención de Enfermedades de Estados Unidos ha estimado que hay un promedio de 10 casos no registrados por cada uno detectado. El enfermo asintomático es el gran protagonista de esta pandemia. Por esta razón, y porque, en definitiva, lo que interesa es saber cuál es el costo en vidas humanas que implica la enfermedad, la estadística sobre fallecimientos parece ser la más relevante, además de ser la menos sujeta a error.

En este sentido, el dato a tener en cuenta es la relación entre defunciones atribuibles al Covid-19 y la población total de cada país.

Los guarismos más graves corresponden al Reino Unido, Brasil, España e Italia, con más de 500 fallecidos por millón de habitantes. Se trata de países que, en general, optaron por políticas sanitarias laxas o tardías frente al coronavirus.

Lamentablemente, la inexistencia de vacuna hace que la única prevención efectiva pase por la cuarentena. Descalificarla con el argumento que no se justifica encerrar a buena parte de la humanidad por una enfermedad que mató a menos del 0,01% de la población mundial es una falacia. ¿Cuántos habrían fallecido sin cuarentena? Este es el dato relevante para evaluarla. No olvidemos que hubo países donde los enfermeros debían decidir a quienes salvar y a quiénes dejar morir.

Finalmente, si se comparan los fallecidos por millón de habitantes con los pronósticos de variación del PIB hechos por el FMI para el corriente año, se advierte que los países más castigados en materia de salud son también los que sufrirían mayores caídas en su PIB. Otra razón más para dar relevancia a aquel dato.

Minimizar el número de muertes por millón de habitantes debería ser el objetivo de toda política sanitaria y el rasero con el cual medir su éxito o fracaso.

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