El financiamiento monetario del modelo de no-sacrificio

22 de julio, 2020

Por Jorge Colina Economista de Idesa

Los efectos del confinamiento sobre las cuentas públicas ya empiezan a discernirse. Según la Oficina de Presupuesto del Congreso (OPC), la Administración Nacional tuvo en el primer semestre del 2020 un déficit primario estimado en 8% del PIB.

El informe también permite aproximar una separación entre el déficit ocasionado por los gastos Covid-19, es decir, todos aquellos gastos que no se hubieran realizado si la pandemia no aparecía, del déficit producido por gastos corrientes.

En el primer caso, se contabilizan el Ingreso Familiar de Emergencia (IFE), los salarios complementarios, los aportes extraordinarios al sistema de salud, a las provincias y a la política alimentaria por el Covid-19. Estos gastos explican la mitad del déficit primario. La otra mitad es exceso de gastos corrientes por encima de los ingresos.

Este segundo componente se produjo porque el Estado no les impuso ningún tipo de sacrificio a los empleados públicos, a los jubilados (ni siquiera a los de altos haberes y/o los de privilegio) y a los usuarios de servicios públicos dado que se mantuvieron los congelamientos de tarifas de energía y transporte. Sin embargo, los ingresos públicos sí sintieron el sacrificio porque dejaron de crecer a la tasa que lo venían haciendo. Por lo tanto, se produjo una ampliación del déficit. Concretamente, los gastos no Covid se mantuvieron creciendo por encima del 40% interanual, cuando los ingresos públicos pasaron a crecer al 25%.

¿Cómo pueden seguir las cuentas públicas en el resto del año?

Si bien empieza a haber cierta flexibilidad, el aislamiento se mantendrá en agosto y setiembre por lo que son meses perdidos desde el punto de vista fiscal. En estos dos meses que vienen, el déficit tanto por gastos Covid-19 como por no-sacrificios de los receptores de transferencias del Estado se profundizará.

En el último trimestre del año, si la economía se empieza a adaptar a la nueva normalidad, cabría esperar que se recuperen los ingresos públicos. Pero la recuperación será parcial porque muchas empresas cerraron definitivamente. No están más. Con menos contribuyentes, las bases para la recuperación de la recaudación son endebles.

¿Qué pasará con los gastos Covid-19? Deberían desvanecerse con la entrada a la nueva normalidad.

Sin embargo, los responsables de la política asistencial ya están hablando que la pandemia podría ser la oportunidad para convertir al IFE en un “Ingreso Universal”. Esto es, básicamente, dar plata a todo el mundo por el simple hecho de ser ciudadano.

Si es así, el déficit de 8% del PIB es claramente un piso, en crecimiento.

El modelo del no-sacrificio

Por un lado, se instrumenta un desenfreno del gasto. Se mantienen las transferencias de ingresos a los empleados públicos y las jubilaciones, las tarifas congeladas y se propone convertir una ayuda extraordinaria (IFE) en permanente, para copiar experimentos de países avanzados que –hasta ahora– no han funcionado (que son los “Ingresos Universales” o “Ingresos Ciudadanos”). Por el otro, se destruyó la base impositiva haciendo quebrar a miles de unidades productivas y se promete, en el marco de una muy alta presión impositiva, un jubileo con moratorias amplias. Esto claramente va en desmedro de los ingresos públicos.

A esto se suma que el Estado Nacional tiene vedado el acceso al crédito. Aun cuando se llegue a buen puerto con los acreedores externos, el crédito público no retornará en el corto plazo. Porque lo que se está negociando no es nuevo acceso al crédito, sino que se acepte amistosamente la postergación de los pagos de deuda pública. El mejor resultado será no caer en default, no que le vuelvan a prestar al Estado Argentino.

Si se caen los ingresos públicos y no hay crédito público, la única vía de seguir financiando el modelo del no-sacrifico es con emisión monetaria. En la pandemia, la emisión no se mostró inflacionaria, por la abrupta caída del consumo a raíz del encierro compulsivo. Pero con la nueva normalidad, mantener la emisión monetaria sosteniendo el modelo del no-sacrificio traerá un severo problema de alta inflación.

Nada nuevo bajo el sol. Será una vez más la inflación la que impondrá los sacrificios. Con el agravante de que la inflación siempre le impone muchos más sacrificios a los pobres que a la gente de altos ingresos, las cuales en general están sostenidas por el Estado, a través del empleo público y de elevadas jubilaciones.

Si esto no llegara a suceder, Argentina habrá descubierto la vacuna contra el sacrificio, que definitivamente sería una vacuna mucho más valiosa que su par contra el Covid.

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