El default se acerca y las empresas privadas lo sienten

1 de julio, 2020

Por Luis Varela

Cuando cumple 203 días en la Casa Rosada, 100 días de cuarentena y 94 días de su frase histórica (“ustedes saben que les voy a pagar”, el presidente Alberto Fernández concretó ayer el default de catorce títulos en un solo día: debió pagar los bonos AD22, AD25, DIY0, AD27, DICE, DIP0, DIE0, DICY, DICP, DIA0, DICA, DIY5, CUAP y DIE5, y los tenedores de papeles argentinos se quedaron únicamente con el “cri cri” que cantan los grillos en los oídos.

Este nuevo corte de manga a cientos de miles de pequeños inversores que confiaron en el país para poner sus ahorros y financiar a los gobiernos de los últimos años fue tomado como una ironía por el economista Fernando Marengo, del estudio de Arrriazu y Asociados: “esto tiene un costado positivo y uno negativo; las empresas privadas se quedarán sin financiamiento, pero el Estado argentino no podrá endeudarse más, lo cual puede ser una buena noticia”.

Frente a esta realidad de fondo, el mercado argentino entregó ayer una rueda con claroscuros, con bonos apenas tocados, dólar tranquilo y acciones en franco retroceso, anotando una tremenda contracción de negocios. Medido en dólar contado con liquidación, la Bolsa porteña operó en dólares en junio un promedio de 15 millones por rueda, contra 29 millones de junio de 2019 y 40 millones de junio de 2018. No se negociaba un volumen tan bajo desde junio de 2013, cuando en el gobierno de Cristina Kirchner se empezó a adulterar los datos del Indec.

El foco del día siguió colocado en la misma novela: la negociación de la deuda. En torno al ministro Guzmán se prometió que este jueves se presenta una nueva oferta, con la estructura de nuevos títulos entregada el viernes en la Security Exchange Commission de Nueva York. Y según se rumoreó en todo el mundillo financiero casi la mitad de los bonistas acreedores sigue teniendo una total y absoluta negativa frente a lo que se viene como nueva propuesta.

Con esto, como si parece que va a haber canje, los títulos públicos argentinos estuvieron con valores sostenidos, aunque el riesgo país subió apenas en 8 unidades, hasta 2.494 puntos básicos, evidenciando que el mercado está convencido de que las negociaciones van a continuar y hay chance de que los valores contado de los papeles repunten, aunque con un soplo, ya que si quedarán muchos holdouts, habrá una lluvia de juicios en New York, el 30 de julio entramos en default efectivo, y la compra de papeles argentinos se verá desalentada, porque la deuda futura del país hará que no se puedan cumplir los bonos que se entreguen.

Y como el financiamiento será cortado para todo el país, los grandes perdedores de corto son justamente las empresas privadas, muchas de las cuales tienen una alta cantidad de Obligaciones Negociables en dólares por pagar, y se verán con muchas complicaciones para enfrentar esos compromisos.

De esa manera, mientras ayer la Bolsa de Nueva York tuvo otro día festivo, con subas de entre 0,8% y 1,9% en sus índices principales, cerrando el mejor trimestre desde 1998, los papeles argentinos volvieron a caer. La Bolsa de Buenos Aires cayó otro 4%, con más negocios. Y los ADR argentinos que cotizan en el Nueva York festivo tuvieron una caída casi en bloque, con pérdidas que llegaron hasta el 6%, con los bancos y Edenor como las empresas más perjudicadas.

Este bajón de los papeles privados vino acompañado por otro elemento surgido de la política. A pesar de que los centros de producción mayoristas se presentaron ante el Gobierno con listas de precios con aumentos del 20% al 30%, recibieron una negativa total a las subas: no habrá por ahora modificación en los precios máximos, por lo que los supermercados empezaron a advertir que tendremos otra vez una época de escasez de productos.

Ayer mismo el Banco Central adjudicó a los bancos Leliq por la friolera de $401.000 millones y la deuda ya es monumental. Paga una tasa del 38% y se supone que se irá licuando a medida que la inflación muestre sus dientes reales, de ahí que la cotización de los bancos esté retrocediendo con fuerza.

La cuestión es que con toda esta renovación de la patria financiera, el dólar terminó junio más o menos tranquilo, aplastado, pero sin alteraciones. En el exterior el dólar subió 1,1% en Brasil, 0,4% en Chile, 0,3% contra el yen y 0,1% contra el euro, pero bajó 0,3% en México y declinó 0,7% contra la libra.

Y en Buenos Aires treparon los dólares oficiales, pero las cotizaciones libres estuvieron apenas alcistas las financieras y en baja el blue (que está sin operar por la cuarentena). En números, el dólar turista subió 27 centavos hasta $96,29, el oficial subió 21 centavos hasta $74,07. El dólar blue bajó $3, hasta $126, el dólar mayorista subió 6 centavos hasta $70,46 y el BCRA ganó US$ 40 millones para las reservas, por lo que ahora acumula US$ 43.243 millones. Con el dólar MEP 14 centavos arriba hasta $100,53 y el contado con liquidación subiendo 7 centavos hasta $104,14. Por eso, la brecha entre el dólar oficial y el blue bajo al 70,1% y la registrada entre el CCL y el mayorista fue del 47,8%. Y, medidos en pesos, el euro saltó hasta 79,06, la libra saltó hasta 87,28 y el real bajó hasta 12,89.

Así, en el inicio de otras dos semanas y media con cuarentena más estricta, y con récord de muertes y de contagios por el Covid-19, una novedad que fue realmente muy positiva fue el patentamiento de autos. En junio se anotaron 74% más vehículos que en mayo, con mucha gente comprando porque medidos en dólares blue muchos 0 Km estuvieron muy baratos. Aunque junio contra junio la caída sigue siendo muy profunda, del 43%, por lo que en términos históricos seguimos en el fondo del pozo.

Y mientras Guzmán juega sus últimas cartas en la negociación de la deuda (si le sale mal tiene las horas contadas), Economía anunció que en julio seguirá licitando bonos, tratando de sacarse de encima todo vencimiento que aparezca, postergando todos los pagos posibles: ya puso cuatro fechas para las convocatorias para colocar bonos, los días 7, 13, 29 y 31.

Debe decirse, de fondo, que por ahora la realidad mundial está jugando a favor. El dólar baja, y todos las commodities suben por la pérdida de valor de la moneda norteamericana. Ayer la estrella fue la onza de plata, fracasaron nuevamente las criptomonedas, y lo mejor para Argentina fueron los granos en Chicago, que resucitaron y volvieron a los precios de enero, aunque Rosario, con Vicentin, Sancor y otras iniciativas estatales de por medio, no se dio ni por enterado de que los granos mundiales están subiendo.

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China acelera su recuperación

La economía china se sigue recuperando de la mano de las políticas de estímulo que puso en marcha el gobierno. El índice oficial PMI, elaborado sobre la base de los datos aportados por los gerentes de compras de las empresas del sector industrial, subió de 50,6 puntos en mayo a 50,9 en junio. Cuando ese indicador se ubica por encima de los 50 puntos quiere decir que la actividad está en expansión. También subió el PMI que mide la actividad en el sector servicios y en la construcción a 54,4 puntos frente a 53,6 el mes anterior. Los datos son mejores a los esperados por los analistas y consolidan los pronósticos de crecimiento para el segundo trimestre del año en torno al 2,5%. En el primer cuarto, la contracción del PIB fue de 6,8%, la primera caída trimestral en cuatro décadas. De todas maneras, como ocurre en todos los países, hay dudas sobre la sostenibilidad de la recuperación. La posibilidad de un rebrote del coronavirus en algunas regiones del país está siempre latente y el desempeño de las exportaciones, clave para la economía china, está condicionado a la recuperación de Estados Unidos y Europa, que son dos de sus mercados más importantes.Que la segunda economía más grande del mundo, se recupere es una buena noticia en un contexto crítico para la gran mayoría de los países. Para Argentina, es un dato muy positivo porque China se convirtió en el principal destino de sus exportaciones.

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