Capacidad productiva y demanda efectiva

29 de julio, 2020

Por Silvio Guaita Economista

Una de las discusiones más frecuentes en política económica es cómo aumentar la inversión privada o cómo inducir al sector privado a invertir en ampliaciones de su capacidad productiva a niveles más allá del existente para, así, generar empleo y ampliar el PIB.

Para ello es válido preguntarse qué razones llevarían a un empresario a ampliar su capacidad productiva, es decir ampliar sus instalaciones, comprar más maquinaria y/o contratar más trabajadores para producir una cantidad mayor de bienes y/o servicios que los producidos actualmente.

En primer lugar está claro y es obvio que debe existir una ganancia mínima. Es decir un nivel de ganancia por sobre los costos de construcción que lleve al empresario a mantenerse en el negocio. Nadie a priori produce para perder plata, aunque puede perderla ex post. En este artículo no analizaremos cuál es esa ganancia mínima o cómo se forma, sino que nos preguntaremos qué es lo que induce a un capitalista a producir una mayor cantidad de bienes dado el nivel mínimo de la misma.

Ergo, una posible respuesta es suponer que ante aumentos de la tasa de ganancia un empresario va a desear aumentar su capacidad productiva. Por ejemplo uno podría sostener que si se reducen los costos de producción, por una rebaja impositiva o por un abaratamiento de la energía utilizada, dejando todo lo demás constante un empresario va a desear aumentar las cantidades producidas dado ahora gana más que antes de dicha variación.

El problema de esa posible respuesta es que un aumento de la tasa de ganancia no implica que haya una mayor demanda de dicho bien. En otras palabras, por cada unidad fabricada un empresario obtendrá un retorno mayor siempre y cuando dicha unidad sea vendida o demandada. Ahora, como bien sabemos los empresarios o capitalistas no se basan en modelos económicos irracionales para la toma de decisiones. Si ellos no esperan un aumento de la demanda efectiva (es decir de la demanda que efectivamente puede pagar el precio normal del bien que están fabricando) no ampliarán sus instalaciones y/o contratarán nuevos empleados. Así como ningún capitalista construye una fábrica para perder plata, nadie la amplía para no vender.

Notar que lo mismo acontecería en caso de una rebaja de salarios. Si los mismos se reducen (lo que disminuye el costo de producción) pero las cantidades demandadas no aumentan, las fabricas no se ampliarán. De hecho podrían achicarse dado que una rebaja de salarios generalizada puede correctamente inducir a un empresario a pensar que habrá una menor capacidad de compra para adquirir sus productos, por lo que reducirá la producción y/o los planes de expansión.

Una respuesta alternativa entonces consiste en argumentar que la capacidad productiva o el tamaño de las fábricas, está determinada por la demanda efectiva. En otras palabras, aumentos de la demanda (obviamente garantizada su ganancia normal) inducirán a los empresarios a producir una mayor cantidad de bienes. En conclusión, los empresarios incrementarán su producción siempre y cuando exista una mayor demanda de sus bienes.

En una economía capitalista no existe ninguna fuerza automática y gravitatoria que asegure que un empresario podrá siempre colocar efectivamente sus productos en el mercado. Es por dicha razón que las políticas de estímulo de la demanda efectiva se vuelven fundamentales para acercar las economías a niveles de crecimiento sostenido y de pleno empleo.

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