Ajuste o dependencia

17 de julio, 2020

Por Martín Polo Economista

Al igual que la Nación, en los últimos 4 años las provincias hicieron importantes avances para ordenar sus finanzas. Lo hicieron con una mayor independencia del Gobierno central, que cedió más coparticipación al tiempo que las provincias combinaron ajuste en el gasto y mayor financiamiento en el mercado voluntario de deuda. En 2020, con el derrumbe de la actividad y la consecuente caída de los ingresos en un contexto de falta de financiamiento las obligará acelerar el ordenamiento del gasto para evitar repetir errores del pasado.

Concretamente, de acuerdo a los datos oficiales recién publicados, en 2019 las cuentas públicas provinciales marcaron un superávit primario de 0,2% del PIB, lo que permitió que el sector público consolidado haya terminado la gestión de Cambiemos con un déficit primario de apenas 0,3% del PIB. Esto implicó una mejora consolidada de 4,2 puntos del PIB en el que la Nación contribuyó con 3,3 puntos y las provincias con otro 0,9 punto. Como sabemos, estos buenos resultados fueron compensados en parte por el alza en la carga de intereses de la deuda que a nivel nacional pasó de 2% a 3,3% del PIB y en las provincias de 0,3% a 0,8%.

La mejora del resultado primario no fue por mejora de los ingresos sino por el ajuste del gasto primario. De hecho, si bien las provincias recibieron 0,6 punto del PIB más en ingresos coparticipables estos fueron más que compensados por la caída de la recaudación propia y los menores ingresos por transferencias que determinaron que los ingresos totales de las provincias pasen de 16,8% del PIB en 2015 a 16,5% del PIB en 2019 mientras que el gasto primario en el mismo período pasó de 17,5% a 16,3% del PIB. Esta caída fue determinada principalmente por el ajuste en el gasto en personal, que en 2019 representó 7,5% del PIB, 1 punto menos que 4 años atrás y por la merma en el gasto de capital de 2,1% a 1,8% del PIB.

Como es habitual a la hora de analizar la dinámica de ingresos y gastos, los mejores resultadas se ven en los primeros tres años de gestión de cada gobierno provincial en el que los ingresos crecen por encima del gasto, comportamiento que se revierte en el último año en el que el gasto crece muy por encima que los ingresos. Los últimos 4 años no fueron la excepción: mientras que entre 2016 y 2018 los ingresos crecieron 3 puntos por encima del gasto primario, en 2019 crecieron 5 puntos menos. La buena noticia es que esta disparada de la brecha entre ingresos y gastos se dio en los primeros tres trimestres y en el cuarto trimestre los ingresos volvieron a subir por encima que el gasto primario.

La mejora en el resultado fiscal fue generalizada. Salvo Corrientes, La Rioja, San Juan, San Luis y Tucumán, que empeoraron sus resultados, el resto de las provincias mostraron importantes mejoras. Mientras que en 2015 había 17 provincias son déficit primario, en 2019 la cantidad se redujo a 10. En este sentido, por su participación en el total, se destacó la performance fiscal de la provincia de Buenos Aires que, de tener déficit primario de casi 5% de los ingresos, en 2019 cerró con un superávit primario de más de 3% de sus ingresos.

Para 2020 las perspectivas son mucho más complejas. El derrumbe que tendrá el nivel de actividad este año será un gran desafío para las provincias pues dada la caída de los ingresos limitará la posibilidad de llevar adelante cualquier tipo de medida de expandir el gasto para contener la caída del nivel de actividad. Sin acceso a los mercados financieros, dependerán de la asistencia del Tesoro Nacional para financiar cualquier desequilibrio, todo lo cual vuelve a poner a las provincias más dependientes del Gobierno, o bien avanzar en la consolidación fiscal.

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