Ahora se medirá la distancia entre lo financiero y lo real

13 de julio, 2020

Numeros tasas grafico bolsa finanzas bancos inversiónº

Por Luis Varela

En medio de una pandemia que no da tregua, con 570.000 muertos en el mundo, casi 138.000 en Estados Unidos y con récord de contagios diarios en algunos distritos del país, y con 1.818 fallecidos en Argentina y con el total de casos ya arañando los 100.000, la euforia que vienen mostrando los mercados gracias al sostén de la emisión de dinero y a las ventajas de las tecnológicas, enfrentarán una dura prueba a partir de hoy.

La compañía Pepsi, nacida hace 127 años (en 1893, en Carolina del Norte), creada por un farmacéutico para facilitar la digestión, presentará su estado contable del segundo trimestre de este año. Y será un test nada menor por varios motivos: por la cuarentena, los alimentos y las bebidas no fueron tan golpeados durante el encierro de las personas por el coronavirus. Esta firma cotiza dentro del Nasdaq, índice que va de récord en récord, pero gracias a seis empresas de punta, mientras que la cotización de Pepsi está clavada en US$ 134 desde hace un año.

Por supuesto, el balance de Pepsi será el primero en aparecer. A lo largo de la semana entrarán los estados contables de JPMorgan, Citi, Wells Fargo, Goldman, Morgan Stanley, Bank of America, Microsoft, Ebay y Netflix. Cada compañía le dará a los inversores números concretos sobre el impacto de la pandemia en sus ingresos. Los analistas ya lanzaron algunas estimaciones: esperan las menores ganancias de la última década, con caídas del 45%.

Todos estos números les dirán a los inversores si es consistente, o no, la enorme distancia que tomaron la economía real y las cifras financieras, con millones de despedidos en la calle, pero con recuperación en “V” en los principales índices de la Bolsa de Nueva York, con un Dow Jones que repunta 44% desde el pozo de mediados de marzo y con un Nasdaq que vuela 54%, empujado porque el trabajo a distancia, vía Internet, le da más vuelo que nunca.

La situación de las bolsas de todas partes es ciertamente peligrosa. A lo largo de la última semana casi todos los mercados anotaron subas que fueron del 3% al 15%. Pero la gran recuperación bursátil está impulsada por la emisión de dinero sin fin, y los estados contables de las empresas mostrarán una radiografía cierta de cómo está la economía por dentro y, sobre todo, podrá indicar si los empleos perdidos se podrán recuperar pronto, o si se tendrá que esperar mucho tiempo.

Y por cierto hay otro detalle muy importante a tener en cuenta. En lo que va de este año el índice tecnológico Nasdaq baila con una suba de casi 19%, pero el Dow Jones, donde surfean las grandes empresas industriales, cae casi 9% en 2020. Y muchos tenedores de papeles, que comprar acciones desesperados para sacarse el papel moneda de encima, no perciben que las tecnológicas de punta, que mantienen al Nasdaq en una burbuja, son copiadas a gran velocidad por miles de pequeños emprendimientos. Y gigantes como el emblemático Facebook, una de las locomotoras del sector, dejó de subir hace tres semanas: su cotización se mantiene congelada desde las trabas de la Unión Europea y las objeciones publicitarias de muchas empresas.

Lejos de Nueva York, pero con ese faro pulsando el camino de todos, el mercado argentino está navegando sus propias aguas. El empecinado ministro de Economía Martín Guzmán ya nos arrastra por el día 216 de negociación con los acreedores para intentar reestructurar el 20% de lo que debe el Estado argentino. Y no es una deuda más, son los bonos amparados por la ley Nueva York, con jueces que hacen cumplir los contratos.

Sin embargo, mientras en la economía real de Argentina también hay miles de empresas que cerraron y decenas de miles de empleos que se esfumaron, los precios de los bonos y de las acciones también rebotaron en forma de “V”. Desde mediados de abril a esta parte el índice S&P Merval anotó un rebote en dólares del 35%. Y los bonos resucitaron con una suba en dólares que roza el 50%. Los precios volvieron de los infiernos, con los inversores completamente convencidos de que se terminará acordando con los acreedores y que el país volverá a tener acceso al crédito.

El caso es que el 30 de junio venció el pago de dos bonos entregados en el canje de 2005, Par y Discount. Son títulos que tienen cláusulas legales que demandan la aprobación de un alto número de acreedores para que los bonos sean reprogramados. Esencialmente por estos títulos, cuyo default efectivo sería dentro de diecinueve días, Guzmán tuvo que elevar su oferta inicial de US$ 39 a US$ 53. Y esos bonistas todavía no aceptaron, pero siguen sentados a la mesa, escuchando, esperando una propuesta mejor.

El presidente Fernández sabe que si permanece en default las condiciones de crédito pueden hundir todavía más la economía, y le ordenó a su ministro que cierre. Y esa decisión política de acordar es lo que está haciendo subir a los papeles. Pero, atención: veremos cuánto más suben, y cuántos más bonistas aceptan. Guzmán ya lo dijo: si no se llega a un 60% de aceptación, toda la oferta se cae. Hasta ahora, según se dice en el mercado, solo hay respuesta positiva de un 48%.

Por otra parte, deben entenderse dos cosas. Imaginemos que Guzmán sube la oferta a US$ 56. Ahí quedaríamos en el mercado con títulos que tendrían una tasa a vencimiento todavía altísima del 9% anual, cuando el resto de todos los países latinoamericanos se están financiando con tasas que van del 3% al 5%. Si se logra el 60% de aceptación, habrá crédito para las empresas privadas y podrán pagar Obligaciones Negociables que tienen por US$ 18.000 millones. Pero para que el Estado vuelva a tener acceso a los mercados pasará mucho tiempo.

Entre el default de 2001 y los acuerdos finales del 2016 pasaron quince años. Y la jueza del distrito sur neoyorkino Loretta Preska (sucesora del juez Griesa), que acaba de fallar diciendo que como residuo de bonos no pagados en 2001 Argentina debe pagar US$ 224 millones, y que detrás de eso hay reclamos por otros US$ 600 millones.

De fondo, mientras los inversores ven la ilusión de los precios de las acciones y los bonos, en el mundo se están moviendo otros ejes. El estímulo que está sosteniendo a los mercados, es decir la emisión de dólares, euros, yenes y otras monedas principales, está devaluando el valor del dinero en efectivo. De ahí que las commodities parecen despertarse en bloque. Hay subas con máximos de meses o de años para el oro, la plata, el cobre, el aluminio. Incluso los cereales están 7% arriba del pozo de 2018, y se espera que si Asia arranca se plegarán a la fuerte suba que fueron arrancando el resto de las commodities.

Pero como Estados Unidos es el país del mundo más castigado por el virus, la Reserva Federal ejecutó una emisión gigantesca, 8,4 veces el Plan Marshall. Y el empapelado de dólares se empieza a sentir, con el billete verde retrocediendo en bloque contra todas las monedas del mundo. Desde el máximo de mediados de mayo hasta ahora cae 3% contra una canasta de monedas. La semana pasada el billete verde tuvo bajas del 0,6 al 3,7% contra el chileno, el real, el mexicano, la libra, el yen, el yuan, el franco suizo y el euro.

Particularmente, el único lugar del mundo donde el dólar subió la semana pasada fue en la Argentina. El tipo de cambio oficial subió 0,9% El dólar MEP acaba de repuntar de $100 a $109. Y el contado con liquidación recuperó de $104 a $109. El que viene resistiendo, bastante quieto, es el dólar blue, en $127. Veremos qué ocurre a partir de hoy, con la llegada de los balances y con el empecinamiento de los acreedores.

Dejá un comentario