Volvió el pesimismo, pero el acuerdo sigue muy cerca

19 de junio, 2020

Por Alejandro Radonjic

Las puntas están cerca y apenas algunos dólares las separan. Comparado con la situación de meses atrás, el acercamiento y el progreso es notable, pero aún no se tocan las puntas y hay más diferencias con algunos comités en particular, como AdHoc (donde está la inamovible roca negra), que pide US$ 60,2 y cambios legales. Allí también está el comité EGB y es el grupo de los duros o los “sinvergüenza”, diría Joseph Stiglitz. En cambio, con Gramercy y Fintech (comité BG) la negociación está más encaminada. Argentina presentó una propuesta “enmendada” de US$ 50 (más un cupón de US$ 2, aproximadamente) y agregó algunas concesiones legales como mantener el Indenture 2005 pare el Discount y el Par, pero los acreedores duros no bajaron tanto (se esperaba que cederían hasta US$ 55) y el Gobierno rechazó de plano ambas propuestas. Entre los reclamos acreedores también hay reclamos legales, además de flujos. Según 1816, los primeros hoy parecen ser más obstaculizantes que los segundos. Según sus estimaciones, inicialmente Argentina debía pagar US$ 28.000 millones en el mandato de Fernández. Después de idas y venidas varias, hoy Guzmán ofrece pagar US$ 1.700 millones y los bonistas más agresivos piden US$ 3.800 millones. Aun para un país quebrado no es mucho. “Sería un suicidio para Alberto no arreglar por tan poca plata y es menos que lo que ya pagó desde que empezó su mandato”, señala el analista Diego Sacerdote.

Así las cosas, se pensaba que la tercera era la vencida (Argentina ya hizo dos propuestas antes), pero ahora volvió el pesimismo. Están más cerca, sí, pero siguen sin tocarse y ambos sugiriendo que ya no pueden dar o ceder más, según corresponda.

La noticia fue un bombazo en el mercado y ayer los bonos en dólares patinaron feo.

Montados sobre una negociación errática y lenta (recordar que el deadline era el 31 de marzo), algunas voces creen que las diferencias son tan exiguas que no se justifica la reticencia de la República a acercar más la oferta, tanto financiera como legal. O, más bien, que lo justifican otros objetivos que no incluyen, como prioridad, un arreglo que permita dar vuelta la página.

Si bien Argentina “enmendó” la oferta hasta US$ 50 (más cupón exportador de US$ 2), algunos temen que el mayor interés de Martín Guzmán no sea cerrar la negociación sino sentar un precedente a cualquier costo. “Entre US$ 50 y US$ 55 de VPN no te cambia si la deuda es sostenible o no. Que le dejen de dar vueltas y cierren y a lo importante, ver cómo podés crecer”, dijo Guido Lorenzo (LCG). El exministro de Hacienda y Finanzas Públicas, Alfonso Prat-Gay, señaló la diferencia entre “la caja de cristal” de la academia y “la realidad”. El economista Marcos Buscaglia posteó un gráfico que muestra los servicios de deuda (intereses y amortizaciones) de las 3 propuestas: la del soberano y las 2 de los bonistas. “Las diferencias son mínimas. Si nos llevan al default sería por ideología pura”, concluyó.

“Argentina debería ya acceder al pedido de los acreedores”, dijo, más enfático, Marcelo Blanco (exDeustsche Bank), que criticó la estrategia de “dilatar el proceso” y señaló que la buena fe entre los acreedores empieza a desgastarse. En rigor, AdHoc sugirió el miércoles que empieza a pensar en usar otras opciones. No especificó cuáles, pero pueden ser pedir “acelerar” la deuda o presentar algo en el juzgado de Loretta Preska, la Thomas Griesa de turno.

Otras voces, menores en volumen, creen que el Gobierno no estaría incómodo con un default que pase de “soft” a “hard” porque eso es lo que ocurriría, casi inevitablemente, con una prolongación del default. Cuesta cree que esa sea la voluntad permanente del Gobierno, aunque quizás parezca ante algunas miradas. Si así lo fuera, la prognosis para la macro de los próximos años será muy brava.

Sin embargo, volviendo al comienzo: más allá del empantanamiento de estos días, las puntas se han acercado considerablemente y sería un craso error pensar que el arreglo no llegará. En diálogo con El Economista, Federico Zinni dice: “Es una visión muy ideológica pensar que el gobierno ‘no quiere’ cerrar. Alberto puso buena parte de su capital político en su capacidad de resolver este tema y presentó su presidencia en función del arreglo. Claramente Argentina quiere cerrar. Es lógico además que hasta último momento la negociación sea tensa, pero si las partes no tuvieran voluntad ni intención de arreglo, no hubiéramos llegado hasta acá. Ahora bien, sí se puede decir que la propia estrategia del Gobierno limita el margen de las concesiones que puede hacer: por caso, el apoyo del FMI fue muy importante para hacer ceder a los acreedores, pero también fija pautas de sustentabilidad que después es muy difícil omitir con tal de llegar a un acuerdo. En ese sentido, sí uno puede decir que Argentina está condicionada por su propia estrategia”. Además, Zinni agrega: “En definitiva, para encauzar la negociación fuiste muy exitoso en instalar parámetros favorables, lograste hablar en el idioma que querías, que era el de abandonar la salida a la uruguaya y discutir una quita sustantiva. Pero ahora ese marco que construiste también le pone límites a lo que podés ceder, en términos de coherencia política interna y relación con el FMI”.

Según 1816, “todas las partes siguen teniendo muchos incentivos a cerrar un acuerdo”. Aunque a veces no parezca ni haya justificaciones técnicas para tanta lentitud, las partes están negociando y el acuerdo, eventualmente, llegará. Sería saludable que sea pronto porque hay una larga lista de problemas esperando…

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