Un impuesto a la riqueza, ¿sí o no?

3 de junio, 2020

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Por Gonzalo Martínez Mosquera Economista

 

Los impuestos no sirven para que el Gobierno consiga pesos para gastar. El Gobierno tiene todos los pesos que necesite a su disposición. Pensar que el impuesto a la riqueza va a ser útil porque le va a dar más pesos al Gobierno para poder enfrentar la pandemia es un error y llevaría a conclusiones equivocadas.

 

La función de los impuestos es generar una demanda que otorgue un valor al peso y eliminar parte del poder de compra al sector privado de forma tal que el sector público tenga espacio para gastar sin generar más inflación.

 

Argentina no es el único país donde se discute el impuesto a la riqueza. En Estados Unidos, por ejemplo, también está en el debate político. Randall Wray, uno de los más importantes proponentes del MMT (o Teoría Monetaria Moderna) dice que un impuesto a la riqueza tendría muy poco sentido en ese país.

 

MMT está asociado a la izquierda más profunda de aquel país. Dentro de ese movimiento se ubica, por ejemplo, Stephanie Kelton, principal asesora económica de Bernie Sanders (“Crazy Bernie”, según Donald Trump) en su fallida carrera presidencial.

 

La razón por la que se opone (o dice que no tiene mucho sentido) a ese impuesto es que los ricos, en general, suelen ahorrar gran parte de su capital y no la usan para consumir. Como los impuestos están para bajar la capacidad de consumo del sector privado, eliminar parte de esos ahorros no ayudaría a quitar presión de demanda sobre el consumo y a restringir la inflación, que es en definitiva el único sentido de los impuestos.

 

En Argentina podría ser distinto. Los ricos, aparentemente, no suelen ahorrar en pesos sino en dólares. Como los impuestos se pagan en pesos, un impuesto a la riqueza podría obligar a aquellos a vender parte sus dólares para conseguir los pesos para pagar dicho impuesto.

 

Esta mayor oferta de dólares (mayor demanda de pesos) ayudaría a quitarle presión al dólar. Los bienes transables, aquellos con alto contenido de exportación y/o importación, por tanto tendrían una menor presión alcista ayudando en la baja de la inflación.

 

La inflación no es igual en todos los sectores. Claramente la presión más importante está en los alimentos, rubro cuya demanda es la que menos elástica a situaciones de crisis como la que estamos viviendo, sin la posibilidad de que su oferta reaccione a la par.

 

Es importante analizar si una menor presión sobre el dólar ayudaría a amortiguar la suba de precios en ese sector para entender si tiene sentido el impuesto mencionado. Es desde este punto de vista que debe analizarse un posible impuesto a la riqueza; en su capacidad de bajar los efectos inflacionarios de la expansión fiscal para combatir la pandemia. Solo si se entiende que una posible baja del dólar ayudaría a bajar las presiones inflacionarias, entonces, podría tener sentido.

 

Para ayudar en el proceso, el Gobierno debería considerar un desdoblamiento cambiario, que le permitiese a los “ricos” hacerse de los pesos en el mercado financiero a un tipo de cambio razonable.

 

No es mi intención hacer un análisis respecto a los efectos que un impuesto a la riqueza podría tener sobre el arribo de capitales en el largo plazo. Se supone que el mismo es una medida excepcional por las circunstancias que estamos viviendo y de ser así, podría tener sentido. Lamentablemente, como dice Juan Carlos De Pablo, no hay nada más permanente que un impuesto transitorio en Argentina.

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