Trabajo infantil: una realidad silenciada y vigente que se agrava por la pandemia

12 de junio, 2020

Por Alejandra Perinetti Directora Nacional de Aldeas
Infantiles SOS Argentina

El trabajo infantil en nuestro país constituye un delito. Sin embargo, hay creencias populares o afirmaciones tradicionales que sustentan una práctica que en lo cotidiano somete a miles de niños/as y adolescentes. Ideas como “el trabajo dignifica”, “es mejor que un niño trabaje a que esté robando” o “las niñas que realizan tareas domésticas en el hogar no están trabajando” son habituales y contribuyen a tolerar o enmascarar la situación de explotación infantil.

De acuerdo con la Organización Internacional del Trabajo (OIT), trabajo infantil es “todo encargo que priva a los niños de su niñez, su potencial y su dignidad, y que es perjudicial para su desarrollo físico y psicológico”. La explotación infantil suele darse junto a otras vulneraciones de derechos tales como la falta de alimentación, la deserción escolar e insuficientes controles y cuidado de la salud. Sin embargo, es clave recordar también que conlleva una reducción de los espacios recreativos y de juego que se vuelven escasos o inexistentes cuando un niño/a es explotado. El juego para los niños, niñas y adolescentes no es un privilegio ni una actividad secundaria, sino un derecho humano con una función vital para el desarrollo integral y resguardado por la Convención de los Derechos del Niño.

Según la última Encuesta de Actividades de Niños, Niñas y Adolescentes en Argentina la problemática del trabajo infantil afecta a un 10% de la población infantil. Los últimos datos indican que los niños y niñas de entre 5 y 15 años que realizan algún tipo de trabajo alcanzan los 7,6 millones. Todo indica que la situación actual de pandemia y crisis económica  profundizará esta realidad. La pandemia que atravesamos agravará la delicada situación de millones de familias que ya se encontraban sumidas en la pobreza y que enfrentarán la situación económica y sanitaria con mayores necesidades y carencias. En muchos casos el trabajo infantil aparece ligado a estrategias de supervivencia familiar y ante el golpe económico es más probable que más niños, niñas y adolescentes ingresen en el mercado laboral como consecuencia directa del incremento del desempleo y la pobreza.

Promover o encubrir el trabajo infantil es una vulneración severa a los derechos del niño y un delito penado por la legislación vigente en nuestro país. Vale la pena recordar aun en tiempos de crisis, que el hecho de que un  niño o niña trabaje no dignifica, sino que empobrece, vulnera y oprime poniendo en riesgo su desarrollo pleno y próspero para su vida presente y futura.

Erradicar el trabajo infantil, garantizar la continuidad educativa, fortalecer las protecciones económicas, el acompañamiento especializado para las familias y la implementación de programas de inclusión laboral debe ser una prioridad del Estado en todo momento y particularmente en un contexto proclive a generar más situaciones para la vulneración de los
derechos de los niños, niñas y adolescentes.

Solo con el posicionamiento de los derechos humanos como principal directriz para la generación de nuevas políticas públicas en Argentina se mitigará el impacto a corto y mediano plazo de la pandemia y se protegerá el desarrollo integral para todos los niños y adolescentes.

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