Reaparecen las tensiones entre Estados Unidos e Irán

18 de junio, 2020

Por Damián Cichero

Desde que EE.UU. abandonó el Acuerdo Nuclear con Irán en el 2018, las tensiones entre ambos países no han dejado de subir, llegando a su punto máximo en enero pasado, cuando el general Qasem Soleimani fue asesinado
en Irak por resultar una amenaza para diplomáticos y militares  estadounidenses en la región.

La aparición del Covid-19 había desviado, por un tiempo, la atención del conflicto en Medio Oriente pero, pese a que estos dos países son de los más castigados por el virus, en estos últimos meses nuevamente está escalando la presión entre ambos.

Un informe de la ONU publicado el 12 de junio declara que los cargamentos de armas incautados por EE.UU. en el mar de Yemén, entre diciembre de 2019 y febrero pasado, tendrían origen iraní. Además, han confirmado que los ataques del año pasado a las instalaciones petroleras de Arabia Saudita (aliado estadounidense en la región) fueron realizados con armamento del mismo origen. Por su parte, unos días antes, el lunes 8 de junio, el secretario de Estado, Mike Pompeo, había anunciado sanciones a las empresas iraníes Islamic Republic of Iran Shipping Lines (IRISL) y E-Sail Shipping Company Ltd. por su relación con el programa nuclear de ese país, ya que lo han estado proveyendo de materiales sensibles para la proliferación nuclear. Recientemente, el Organismo Internacional de Energía Atómica denunció que las reservas de uranio enriquecido en Irán (1.500 kg) es 5 veces mayor al límite establecido (300 kg) en el Acuerdo Nuclear de 2015.

Esto generó el malestar de las autoridades iraníes, quienes recientemente reforzaron su alianza con Venezuela, a quienes proveen de petróleo, y advirtieron que atacarán barcos comerciales estadounidenses en el Golfo Pérsico si sus buques sean interceptados. Y, sumado a esto, el martes 9 de junio informaron que próximamente ejecutarán a Mahmoud Mousavi-Majd, espía iraní acusado de filtrar información a la CIA y posible responsable del asesinato del general Soleimani. Recordemos que el general fue una figura pública muy popular que manejaba la política exterior de su país en Siria e Irak, dos territorios claves en la región y en los cuales EE.UU. tiene un gran número de empresas y tropas.

Pero debemos aclarar que estos países no han sido siempre enemigos y fue el origen de esa “amistad” lo que a su vez desembocó en el actual conflicto. Haciendo un poco de historia, en 1953, Mohammad Mosaddeq, primer gobernante iraní elegido democráticamente, fue derrocado a través de un golpe de Estado generado por la CIA y Gran Bretaña. Los motivos fueron dos: la nacionalización de la industria petrolera (que desde 1908 estaba a
cargo de Gran Bretaña) y el temor a una posible alianza con la URSS. En ese momento, se instauró una monarquía con el sha Mohammad Reza Pahleví como máxima autoridad, quien realizó concesiones petroleras a los países occidentales. A partir de aquí y hasta la Revolución Islámica de 1979 hubo una estrecha relación de amistad con Estados Unidos. Se destacan las visitas de los presidentes Dwight Eisenhower, Richard Nixon y James Carter al país de Medio Oriente.

Pero fue también el golpe de 1953 lo que despertó el nacionalismo iraní y desembocó en la revolución islámica de 1979, donde el líder religioso Ruhollah Jomeini llegó al poder. Desde allí, las relaciones entre ambos países comenzaron a deteriorarse hasta romperse definitivamente en noviembre del mismo año cuando la embajada de EE.UU. en Teherán fue atacada por seguidores de la revolución y 52 estadounidenses fueron tomados como rehenes durante 444 días. El conflicto fue solucionado por el presidente Ronald Reagan y se comenzó una estrategia de embargos y sanciones económicas contra el régimen islámico que se detuvo en 2015, durante la presidencia de Barack Obama, luego de firmarse el histórico acuerdo que comprometía a Irán a detener su programa nuclear. Pero, como hemos visto, en 2018, ya con Donald Trump como presidente, se decidió abandonar este acuerdo y retomar las sanciones. En palabras de Trump, el
motivo fue que el nuevo flujo de dinero destinado a Irán por el cese de dichas sanciones estaba siendo utilizado para desarrollar armas nucleares y que aquel pacto era tan desastroso en materia de controles y concesiones, que, aunque fuese cumplido, igualmente le permitiría a Irán desarrollar un
programa nuclear peligroso para el sistema internacional. Otro de los motivos era la financiación iraní de grupos terroristas enemigos de Israel,  algo inaceptable para Trump teniendo en cuenta su firme apoyo al primer ministro Benjamín Netanyahu. Estos dos países árabes se hallan enfrentados por el apoyo iraní a grupos revolucionarios palestinos y por el conflicto de los Altos de Golán, territorio que Israel le quitó a Siria, a su vez, aliado de Irán.

Una de las más controvertidas decisiones Trump fue en 2019
cuando la Guardia Revolucionaria Iraní fue declarada como un
grupo terrorista, siendo la primera vez en la historia que un ejército nacional fue definido de esa manera. Pero la llamativa medida tiene explicación: le permitiría a los líderes norteamericanos aplicar sanciones económicas más duras contra el Gobierno iraní debido al vínculo existente entre su ejército y diversas empresas.

Sin embargo, a pesar de todas estas determinaciones, Trump tiene otra visión sobre el papel que debe desarrollar su país en los conflictos de Medio Oriente. Los ataques estadounindenses de 2003 contra Irak, supuesto culpable del atentado a las Torres Gemelas, generaron un desbalance de poder en Asia. Irak e Irán se disputaban la influencia de la región, pero la muerte de Saddam Hussein en 2006 y el intento de democratizar Irak solo aumentó el poderío iraní.

Consciente de este fracaso, Trump comprendió que difícilmente la democracia pueda triunfar en Medio Oriente debido a factores históricos, culturales y religiosos. Por ello se aleja de la característica política de su país de promover mundialmente la democracia, intentando no entrometerse en gobiernos locales e iniciando el retiro de tropas de la región. Ha dejado muy en claro que no tiene intereses en realizar un cambio de régimen en Irán y mucho menos comenzar una nueva guerra, algo que afectaría negativamente su imagen, si se tiene en cuenta las próximas elecciones presidenciales. “América Primero” no significa retirarse totalmente del escenario internacional, sino abordar los conflictos de otra manera: priorizar la seguridad nacional, apoyando a sus aliados, pero sin intervenir
en gobiernos extranjeros. Muchas veces promover la democracia implicaba hacer grandes concesiones que ponían en riesgo a la población  estadounidense, sin asegurarle 100% el éxito.

Por su parte, aunque el conflicto parece muy lejano a Argentina, debemos prestarle mucha atención. Nuestro Gobierno tiene cierta cercanía con el Gobierno venezolano, aliado iraní, lo que nos opone de algún modo a EE.UU.
Siendo la renegociación de la deuda nuestro principal objetivo, la influencia y apoyo de ese país será clave en los acuerdos con los bonistas y el FMI, por lo que no es conveniente entrar en desavenencias con ellos.

 

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