Daniel Arroyo: “Necesitamos urbanizar los 4.000 barrios populares que hay en el país”

17 de junio, 2020

Entrevista a Daniel Arroyo Ministro de Desarrollo Social Por Juan Radonjic

Desde su casa por algunos días más, tras haber estado en contacto con Martín Insaurralde, que dio positivo de Covid-19, el ministro de Desarrollo  Social, Daniel Arroyo, sigue muy activo. Fiel a su estilo y porque la situación social, que ya venía magullada antes de la pandemia, así lo demanda. En diálogo con El Economista, Arroyo describe la acción del Estado ante la cuarentena y repasa los numerosos desafíos pospandemia.

La semana pasada lanzaron Potenciar Trabajo. ¿Cuáles son las expectativas que tienen ustedes con este programa que anunciaron con el Presidente?

Tiene que ver con el camino de salida y la construcción de trabajo. Nosotros vemos que en los sectores más pobres hay cinco rubros productivos que van a mover la actividad económica en los próximos tiempos, que van a ser más de mano de obra intensivos: la construcción, veredas, vivienda, infraestructura básica; la producción de alimentos, huertas, granja, panadería; la industria textil; la economía del cuidado, en especial mujeres que cuidan personas mayores, personas más chicas, cuidado comunitario, eso va a crecer mucho porque va a cambiar el sistema de cuidados en Argentina y, por último, el reciclado. Esos cinco sectores vemos que serán los más dinámicos y encaramos un programa que se llama Potenciar  Trabajo que hace que el que tenga un plan social se vincule con el trabajo en algunos de estos cinco sectores productivos, armar unidades de gestión en cada provincia y en cada municipio transfiriendo fondos para máquinas y herramientas, para poner en marcha esas actividades. También, un gran sistema de créditos no bancarios, créditos a tasa del 3% anual, para que elcarpintero tenga una sierra circular, para que el que cosa ropa en su casa tenga una máquina de coser, y un registro de los trabajadores de la economía social que les permita poder facturar. Todo esto junto, sobre la base del camino de salida. Hoy la política social es mucha asistencia alimentaria, estamos cubriendo once millones de personas con la asistencia alimentaria, pero el esquema central es potenciar trabajo y articular trabajo como camino de salida.

Entre los once millones a los que dan asistencia alimentaria, hay 1,5 millón de tarjetas Alimentar que se han distribuido. ¿Se piensa incrementar el número de tarjetas?

Sí. Nosotros arrancamos con las madres con chicos menores de seis años, las mujeres a partir del tercer mes de embarazo y las personas con discapacidad. Ese es el 1,5 millón de tarjetas. Vamos a avanzar después con otras edades, para ampliar hasta llegar a los chicos de hasta doce años, y las personas mayores con muchas dificultades. Tenemos que cubrir todo ese espacio. Hoy llegamos a once millones de personas entregando alimentos de manera directa, o transfiriendo fondos a provincias y municipios para que compren alimentos, o a través de la Tarjeta Alimentar, a través de fondos descentralizados porque transferimos a los comedores, a casi 5.000 comedores, para que sean ellos los que compren y fomenten la economía  local. También duplicamos los fondos para lo que llamamos los comedores escolares. Todo eso junto llega a once millones de argentinos, pero es la gran red social de organizaciones sociales, iglesias y escuelas que le están poniendo el cuerpo y atendiendo esta situación.

¿Crees que hay una coordinación adecuada con todas estas entidades que están participando en el sistema de distribución de alimentos?

Creo que hay una buena coordinación en un contexto difícil, donde mucha gente está angustiada, donde la situación es crítica. Nosotros a lo que  apuntamos es que se hagan un comité barrial en cada lugar en donde esté el Estado, las organizaciones sociales y las iglesias. Hace unos días estuvimos en Tigre, en el barrio San Jorge, donde crecieron muchos la cantidad de contagios. No había ninguno y pasamos a 160 rápidamente. Ahí se convocó a las organizaciones sociales y a otras de distinto tipo, se organiza, se define qué es lo que se necesita, qué tipo de asistencia hace falta. Esa coordinación se está llevando adelante, aunque con dificultad, con gente que la está pasando mal, con gente que le bajó a cero el ingreso, con gente que ha dejado de tener changas, con gente que estaba integrada al trabajo, como el mozo, el remisero, el taxista, que le bajó a cero el ingreso y empezaron a ir a reclamar asistencia alimentaria, que nunca lo habían hecho. En un contexto tan difícil, me parece que está articulando bien, con mucha dificultad y con gente que la está pasando mal.

¿Tienen cuantificado cuál ha sido el deterioro social desde que irrumpió la pandemia?

Es evidente que está aumentando la pobreza. Es evidente que está aumentando más en los niños, donde ya teníamos 50% de los niños en la pobreza. Es evidente que está aumentando la desigualdad en Argentina. No es posible cuantificarlo porque justamente el tema central para hacer un  análisis y tener datos reales de pobreza es hacer encuestas presenciales. Necesitas 13.000 casos para evaluar los niveles de pobreza. El Indec va a marcar la situación al 30 de junio. Es difícil proyectar hoy porque no se pueden hacer encuestas más que telefónicas, lo que es claro es que tenemos una situación crítica. Tenemos cuatro realidades: la persona de pobreza estructural, alguien que es pobre, sus padres fueron pobres, sus abuelos lo fueron, que tiene una red de atención social, no solo alimentario sino por el IFE; las personas que hacen changas y se quedaron sin changas; el trabajo informal integrado, lo que yo digo el mozo, el taxista y, también, una parte que tiene trabajo formal, tiene recibo de sueldo y aun así está reclamando asistencia alimentaria porque no le alcanza. Todo eso conforma una  realidad social muy compleja, con un Estado que ha volcado muchos recursos para pagar salarios al que tiene recibo de sueldos, para pagar el IFE a 9 millones de hogares, para generar asistencia alimentaria, un Estado que ha gastado 3 puntos del PIB para compensar. Pero en ese contexto y en una situación tan crítica, es evidente que está aumentando la pobreza, no es fácil cuantificar hoy porque habría que tener un trabajo de campo que no se puede hacer.

¿Cuáles son los temas hoy de la situación social que más te preocupan?

Varios, pero yo diría que sacando el tema del coronavirus y el trabajo hay dos cuestiones claves: una es el costo de los alimentos y otros es el  endeudamiento de las familias. Sacando esas dos cuestiones que yo decía antes, los problemas centrales hoy es el tema de lo que cuesta alimentarse, el costo de los alimentos que ha sido importante, si bien en este último mes no ha subido tanto y el segundo el sobreendeudamiento de las familias. Las familias no están en cero, están en menos diez, deben plata. El que tiene tarjeta de crédito paga el mínimo y patea para adelante, el que va a la financiera de la esquina y toma créditos a 200% de interés anual.

¿Cómo se prepara la sociedad y el Gobierno para preparar el desafío pospandemia?

Creo que si algo uno puede sacarle algo positivo en el marco de la pandemia es que nos da la posibilidad de construir otras políticas públicas y hacer cambios estructurales en un contexto verdaderamente difícil, en donde tanta gente la pasa mal, donde hay angustia y temor al contagio, dónde quedó demostrado la precariedad de los barrios vulnerables, barrios donde hay hacinamiento de muchas personas en un mismo espacio, donde falta agua, falta infraestructura básica, que es donde más ha circulado el virus. En ese contexto a me parece que nos permite generar un cambio estructural,  con la conciencia de la sociedad y el propio Estado. Creo que hay tres cuestiones centrales, una es que necesitamos urbanizar villas, barrios y asentamientos, los 4.000 barrios populares, los 4.000.000 de personas que viven en condiciones de hacinamiento, falta infraestructura, la reconstrucción social pasa por urbanizar. El segundo pasa por un cambio educativo. La pobreza no es sólo un problema de vivienda e infraestructura  básica sino de oportunidades. Un gran cambio dentro de la escuela secundaria, creo que el debate. Y el tercero es definir los sectores productivos donde vamos a reconstruir. Estos cinco sectores productivos que planteaba, más lo que tiene que ver con las economías regionales. No se sale haciendo lo mismo o pequeños problemas o replicando en una política. Es un cambio estructural y lo que tiene que ver con la organización y las condiciones de vivienda, lo que tiene que ver con las oportunidades, y el vínculo con el mercado laboral que requiere un Estado que promueva el sector privado, que incentive inversiones y que además construye y acompañe los sectores productivos, mano de obra intensiva. Creo que estamos en condiciones de un gran cambio. Si lo hacemos, vamos a poder dar vuelta la situación social, no deberíamos dejar pasar esta oportunidad y veo buenas condiciones para que la dirigencia política discuta esto, así como la dirigencia sindical, la dirigencia empresarial. A todos los veo en condiciones de hacer algo muy profundo y algo muy distinto que resuelva un cambio muy profundo que acabe la pobreza en Argentina.

¿Qué rol puede jugar el ingreso universal en esa nueva agenda?

A mí me parece que vale la pena y yo vengo de este esquema de pensamiento. Creo que hay articular tres cosas: un ingreso base para el  conjunto, lo que está haciendo Francia, lo que está haciendo Estados Unidos en la práctica y es un debate a nivel mundial. Segundo, el acceso a los  servicios básicos y ahí es donde va todo el tema de la urbanización y tercero, el tema del trabajo, la construcción, la generación de trabajo social garantizado. Argentina está mejor que otros países de América Latina, porque tiene muchos programas, pero hay que analizar la cuestión fiscal con mucho cuidado, hay que ir por etapas, pero esa es una posibilidad. Eso, con el acceso a los servicios básicos, más la generación de trabajo, son un conjunto clave para la movilidad de ascenso social. Eso daría la posibilidad de construir un paradigma de política social y es lo que tenemos que hacer de aquí para adelante. No es fácil, hay una cuestión fiscal compleja de por medio, pero hay una decisión política del Presidente, que arrancó planteado una idea de Argentina contra el hambre y así lo hizo en un contexto fiscal difícil. Hay que ver dónde ponemos el acento en estos tres aspectos. Es una  cuestión central en dónde poner los recursos de los próximos años.

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