Mercosur-Unión Europea: Holanda se opone al tratado

4 de junio, 2020

 

Por Héctor Rubini Economista de la Universidad del Salvador (USAL)

 

Pocos meses atrás los representantes de Mercosur y de la Unión Europea cerraron las negociaciones sobre un tratado de libre comercio. El texto entrará en vigencia recién cuando sea aprobado por los parlamentos de ambos bloques. Algo que exige una aprobación de todos los parlamentos que no parece ser tan fácil. Ya el año pasado el Parlamento austríaco y la región de Valonia (Bélgica) votaron en contra al acuerdo. Además, varios países se manifestaron en contra de dicho acuerdo hasta que el gobierno de Brasil deje de alentar los incendios y la deforestación de la selva amazónica.

 

Ahora es Holanda el país que se suma al núcleo en contra del acuerdo bilateral se engrosa con Holanda. Ayer el Parlamento holandés rechazó el acuerdo por mayoría simple, gracias al corrimiento hacia los votos opositores del partido ChristienUnie (Unión Cristiana), el más pequeño de los que forman la coalición de Gobierno.

 

El voto refleja el fuerte lobby agrícola en ese país. Los productores holandeses no confían en el ministro de agricultura holandés, quien ha sostenido que el acuerdo se ajusta a los estándares sanitarios que prevé la legislación holandesa. La decisión tornará inevitable la presión sobre los gobiernos de Mercosur para reformular políticas comerciales y sectoriales para alinearlas con exigencias consideradas críticas por los gobiernos europeos, caso contrario, el tratado entre ambos bloques será letra muerta.

 

Como lo observara días atrás Jorge Riaboi en su artículo “Un nuevo misil contra el acuerdo EU-Mercosur”, en el mes de mayo, el Parlamento Europeo publicó un informe encargado por el Comité de Medio Ambiente, Salud Pública y Sanidad Alimentaria (ENVI) a la funcionaria austríaca Cristina Müller. Un reporte con no pocas falencias, entre otras la de atribuir carácter vinculante a convenciones y acuerdos internacionales que en principio no lo tienen. Pero es una expresión formal (y probablemente anticipe otros documentos más de otros funcionarios) para oponer argumentos ambientalistas y de otro tipo para bloquear el acuerdo y forzar a una probable renegociación futura de todo el acuerdo. Igualmente, más allá de documentos institucionales, la postura en contra está arraigada y gira en torno de argumentar que los países del Mercosur no cumplen con los estándares europeos en materia sanitaria, ambiental y seguridad laboral.

 

La votación en Holanda, y la “germinación” de argumentos proteccionistas de dudosa fundamentación pueden abrir la puerta a la oposición al acuerdo entre ambos bloques de más parlamentos del Viejo Continente. No es trivial la desconfianza que genera el acuerdo en productores agropecuarios y de agroalimentos de Francia, Alemania, Irlanda y España. Sentimientos que frente al efecto destructivo sobre el empleo y la psiquis de la población de las restricciones a la circulación de bienes y personas, tornan altamente tentadoras las opciones proteccionistas. La incógnita a futuro es el rumbo que adoptarán los parlamentos y gobiernos europeos ante Mercosur y otros bloques, y ello dependerá también del curso que tome el conflicto ya abierto entre China y Estados Unidos. Si a partir del segundo semestre la Unión Europea gira hacia gobiernos más proteccionistas, la ratificación del acuerdo con Mercosur por parte de los parlamentos europeos se torna altamente improbable.

 

No es claro que la decisión del Parlamento holandés haya sido determinada por una arraigada postura proteccionista del lobby agrícola local, o por la exacerbación de temores frente a los efectos todavía en curso del Covid-19, o de ambos. Pero la decisión marca un precedente no trivial en un mundo en el que se observa un creciente fastidio con el desempeño de sus dirigentes y gobiernos en múltiples frentes. Con el voto en contra de otros parlamentos, la viabilidad del acuerdo entre ambos bloques y sus deseaos objetivos de aumentar los flujos de comercio bilaterales y las oportunidades de negocios seguirá siendo una mera expresión de deseos.

 

La decisión de Holanda tal vez sea imitada por algún otro Gobierno y es un obstáculo más para poner en vigencia el acuerdo. Una muestra más de que la efectividad de los grupos de interés locales reducirá la marcha hacia su efectiva vigencia a una velocidad mucho más baja que la imaginada por quienes impulsaron y negociaron el acuerdo. Algo que dio lugar a no pocas advertencias frente la sobreactuada celebración del cierre de las negociaciones, pero cuyo resultado fundamental, la puesta en marcha efectiva de la letra de lo acordado, enfrenta la realidad del bloqueo de parlamentos europeos, algo nada sorprendente dada la esencia (e historia) fuertemente proteccionista del mercado común y de la Unión Europea.

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