Los precios se mueven entre el cielo, el infierno y el purgatorio

8 de junio, 2020

mundo desigualdad

 

Por Luis Varela

 

En diciembre, cuando el corona virus arrancaba en Wuhan, la humanidad estaba pasmada, sorprendida con algo que sucedía muy lejos. En marzo la  pandemia hizo estragos en Europa Occidental, y todos mirábamos con la  boca abierta la cantidad de muertes en países como Italia y España, y se empezaba a desconfiar de China porque los muertos allí habían cedido (“es el Gobierno totalitario que oculta información”, se decía). Y ahora vemos que en Europa la cantidad de muertes cedió de manera notable en casi todas partes, incluso se expande con una fuerza mucho menor en Gran Bretaña y Estados Unidos. España tuvo dos muertos en tres días. Alemania levantó su cuarentena y reabrió los vuelos comerciales con China. Pero ahora el Covid-19 se ensaña con América Latina: la región ya tiene 64.000 muertos,  de los cuales el 56,3% está en Brasil. Pero, notablemente, los fallecimientos crecen incluso más que en Brasil en países como Chile, Colombia, Bolivia y México. Y los casos empiezan a verse con crudeza incluso en Argentina, con 648 fallecidos registrados al cierre de esta edición. Con la llegada del verano, la pandemia se está apagando en el Norte. Y el pico de año del  corona virus empieza a castigar al Sur, que está entrando en el invierno.

 

Y lógicamente, como el 87% del dinero mundial se transa en el Hemisferio Norte, como en esa parte del mundo se empieza a tener la sensación de que la pandemia va a ser superada, el lento levantamiento de cuarentenas genera euforia, gran alivio, y sensación de fiesta. “Quedamos vivos”, dicen muchos. Y hay respuestas inmediatas, crecimientos de actividad con forma de “V”. En Estados Unidos, por ejemplo, lugar donde se habían destruido 38 millones de empleos entre marzo y abril, se conoció el viernes que en mayo se crearon 2,5 millones de puestos de trabajo. Eso provocó un clima de optimismo notable, que terminó generando un rebote de proporciones en la Bolsa de Nueva York, y por contagio en todas las bolsas del mundo. Así, en la primera semana de junio las acciones volaron en todas partes. Y, luego de ser la más castigada de todo el planeta, la Bolsa de Buenos Aires fue la mejor de todas: la semana pasada subió 19% tanto en pesos como en dólares, al tiempo que Frankfurt y Madrid ganaron 11%, San Pablo y México 8% y las de Tokio y Nueva York quedaron casi 5% arriba, pero atención, con una marcada diferencia: el índice Dow Jones (que sigue a las empresas industriales) trepó casi 7% y el Nasdaq (donde se alojan las compañías tecnológicas) solo pudo levantar algo más del 3%.

 

Y esta diferencia está muy ligada a lo que muchos economistas y políticos llaman la nueva realidad. Antes del virus la actividad económica generaba un tablero positivo para determinado grupo de compañías. Con el virus se vieron beneficiadas o castigadas otras empresas. Y ahora que todo parece emerger, la foto puede ser muy distinta, y hay que tener mucho cuidado con  eso a la hora de decidir las inversiones por hacer.

 

Los economistas más experimentados recordaban ejemplos de otros  períodos para que tomemos conciencia de lo que viene. “En un momento los cuadernos de papel, las videocaseteras o las impresoras fueron furor y tiempo después, todas esas cosas quedaron tiradas en el fondo de algún placard. Muchas de las empresas que fabricaban esas cosas desaparecieron. Las que se adaptaron, pudieron seguir. Pero las que ganaron valor fueron las que empezaron a desplegar iniciativas nuevas”.

 

A modo de ejemplo de lo que provocó toda la crisis del coronavirus se puede tomar la cotización de tres papeles bastante operados en la Bolsa de Nueva York. La empresa Zoom (la firma que permitió múltiples comunicaciones en teléfonos y computadoras) tuvo con el virus un salto del 261% en su cotización, de US$ 62 a US$ 224, y ahora que el virus amaina, y que otras compañías ofrecen algo parecido, su precio acaba de caer 8%, de US$ 224 a   US$ 207. La empresa Hertz, especializada en el alquiler de autos, se desplomó con el virus de US$ 20 a 56 centavos, llegó a pedir el artículo 11 (un código de cotización que les permite a las empresas con problemas financieros que cotizan en Wall Street reorganizarse bajo la protección de la ley), y con el virus amainando resucitó: en las últimas 8 ruedas subió 359%, de 56 centavos a US$ 2,57. Y Genius Brands, una empresa de  entretenimientos, venía muerta: había caído 96%, de US$ 7 a 28 centavos en los últimos dos años, pero con el Covid volvió a la vida: trepó 2730%, hasta US$ 7,93 dólares, hizo pico el miércoles, pero como el virus ahora amaina, cayó 25% en las últimas dosruedas, de US$ 7,93 a US$ 5,94 dólares.

 

Estos tremendos ida y vuelta en los precios, pasando del cielo, alinvierno y volviendo al purgatorio, están completamente atados al virus, las  cuarentenas, las caídas en los niveles de actividad y la creciente recuperación. Y el motor de este movimiento está ligado a unos pocos factores: el descenso de la virulencia del Covid, la aparición de  medicamentos que aplacan los efectos de la enfermedad y la posibilidad de una vacuna próxima, el repunte de actividad, los acuerdos entre los grandes productores de petróleo y, fundamentalmente, la inundación de moneda que realizaron los grandes bancos centrales del mundo: la Fed en Estados Unidos, el BoJ en Japón, el BCE en Europa y el BoE en Gran Bretaña.

 

En varios de esos mercados se hicieron emisiones de moneda gigantescas. La población de todo el mundo se asustó, la mayoría abandonó las monedas débiles y corrieron a guarecerse en dólares, en yenes, en francos suizos y en euros. Y ahora que el virus amaina, la tendencia es completamente inversa. En la primera semana de junio el dólar subió 1,7% en Japón, 1% en Argentina y 0,1% contra el franco suizo, pero después el billete verde cayó contra otras monedas: cedió 0,8% contra el yuan chino, 1,6% contra el euro, 2,5% contra la libra y se desplomó 4% en Chile y se hundió nada menos que7% en Brasil, donde el real resucitó.

 

La enorme recuperación de la moneda brasileña (a pesar de estar sufriendo Brasil tantas muertes y a un presidente como Bolsonaro) vino atada con la realidad mundial: la híper liquidez permitió que los brasileños pudieran colocar deuda en los últimos días con tasa muy baja: logró bonos a 10 años por US$ 3.500 millones pagando apenas 3,5% anual. Y Brasil no fue el único con la ventanilla del crédito abierta de par en par: Chile colocó bonos  pagando 2,5% anual, Perú 2,8%, Colombia 3,6%, Panamá 4,5%, México 4,8% y Guatemala 5,4%.

 

Y lo desarrollado en países ubicados cerca del centro del poder tuvo   características de bicoca: Italia, un país quebrado económicamente y con muchos problemas financieros, salió a pedir 14.000 millones de euros a 10 años de plazo, ¿cuánto le ofrecieron? 100.000 millones. ¿Cuánto pagó? 1,5% anual, prácticamente regalado.

 

Conocido todo el tablero internacional, el panorama exclusivo de la  Argentina es muy diferente. Desde que Macri perdió las PASO, primero se defaulteó (reperfiló) el pago de la deuda en pesos y luego la deuda en dólares bajo ley local. Y en vez de pagar puntualmente, aprovechando esta lluvia de dinero regalado en el mundo, el Presidente Fernández optó por poner a Martín Guzmán a pulsear con jugadores de póker. De US$ 320.000 millones adeudados, 68.000 millones estaban en bonos bajo ley extranjera, y en vez de pagar 100 dólares por cada 100, se ofreció pagar 38. El 85% de los  acreedores lo rechazó y Argentina ya está en default. Y ahora, según los últimos rumores, Guzmán presentará el jueves próximo en la Security  Exchange Commision una nueva oferta de 50 dólares cada 100, más un cupón PBI (que saldrá carísimo, como pasó con Lavagna). Y los bonistas tampoco estarían aceptando: sólo 66% diría sí, el 34% iniciaría juicio y volveríamos a tener que ir a los tribunales neoyorquinos para perder otra  vez, como ocurrió con el juez Griesa.

 

Esa situación generó gran desconfianza en la población, por lo que hubo huida de depósitos y salida en masa del peso, lo cual llevó a los dólares libres a cotizar a precios impensados. Por eso, el titular del BCRA tuvo que poner el último viernes de mayo un cepo recargado, por lo que ahora los importadores de insumos están muy complicados. Y las empresas  endeudadas con ON en dólares tendrán graves dificultades para cumplir: les vencen Obligaciones Negociables por US$ 3.000 millones este año y otros US$ 9.000 millones en las dos temporadas siguientes.

 

El jefe del BCRA Miguel Pesce se vió obligado a recargar el cepo porque Guzmán sigue trabando el tema de la deuda por centavos, cuando toda América latina se refinancia con tasas regaladas. Expertos en finanzas dicen  que si todo sale bien, o sea si se evita el default, Argentina con suerte quedará con una tasa del 8% anual. O sea, por ser los malos del barrio, pagaremos casi el doble de lo que está pagando un país como Panamá.

 

Así, con súper cepo y todo, el viernes los dólares libres volvieron a estar firmes: el blue volvió a $125, el CCL a $115 y el MEP a $110, con aceleración en la devaluación de los dólares oficiales. Y, mientras las acciones saltaban, los bonos subieron hasta el miércoles, pero jueves y viernes retrocedieron y  el riesgo país volvió a subir: pasó de 2.481 a 2.555 puntos básicos. Y encima entramos a lo peor de la pandemia, con el kirchnerismo empujando paraque  se redistribuya una torta cada vez más chica, y sin que nadie del Gobierno trabaje para generar medidas que multipliquen la inversión y se logre la creación de empresas y el nacimiento de nuevos empleos.

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