Los economistas reconocidos y las respuestas ante el Covid-19

23 de junio, 2020

Por Pablo Mira

El tiempo de ocio que deja la cuarentena parece multiplicar las opiniones sobre las mejores estrategias para tratar los problemas económicos que genera la pandemia. En la academia ocurre lo mismo. Los artículos económicos sobre el tema se reproducen como conejos y no siempre es fácil tener una idea de la posición general de la profesión frente a los dilemas que enfrentamos.

El IGM Forum de la Universidad de Chicago Booth viene recolectando hace algunos años la opinión de un conjunto de economistas reconocidos en la profesión (para no herir susceptibilidades, omití deliberadamente usar adjetivos más polémicos como “famosos”, “principales”, e incluso “prestigiosos”). Lo hace mediante un conjunto de encuestas regulares presentadas a cerca de 50 economistas cuyos apellidos frecuentan las publicaciones académicas. Cada 7 o 15 días se realizan dos preguntas, usualmente relacionadas entre sí, sobre aspectos relevantes de la teoría económica o de los debates de coyuntura que atraen a los medios. Cada economista responde si está de acuerdo o no con las afirmaciones, y tiene la posibilidad de aclarar cuál es el grado de confianza que le asigna a su respuesta.

Desde marzo las consultas se centraron en los desafíos económicos que trajo el Covid-19. Si bien algunas respuestas pueden haber cambiado con el paso del tiempo, vale la pena repasar los resultados para identificar los temas que cuentan con algún consenso y los que no. El 12 de marzo, cuando todo comenzaba, casi dos tercios de los economistas predijo que el virus generaría una recesión de proporciones, y algo menos de la mitad consideró que la misma se debería más a una contracción de demanda que a problemas en la cadena de producción (el resto respondió no saber, y pocos dijeron que las disrupciones se concentrarían del lado de la oferta). Quince días después se les consultó si había que tolerar una fuerte contracción económica hasta que el ritmo de contagios se redujera significativamente, y esta vez la respuesta fue un unánime y rotundo sí.

A principios de abril se consultó sobre cuestiones de testeo, un tema donde el expertise del economista es más dudoso. Se preguntó si, aun con pocos tests disponibles, se debían realizar testeos al azar para determinar las condiciones de la reapertura económica. El presunto conocimiento de estadística de los economistas convenció al 90% de contestar confiadamente por la positiva. Otra pregunta que suscitó una respuesta unánime fue si el impacto del Covid sería peor para los más pobres, tanto en términos de ingresos presentes como futuros (consecuencia de rezagos en la educación): nadie estuvo en desacuerdo con esta afirmación.

El 20 de abril llegó la primera polémica. Se consultó si las políticas implementadas hasta el momento (en Estados Unidos) no se habían sesgado demasiado a favor de las empresas en lugar de asistir a las familias (individuos). La mitad respondió que no sabía; otro 30% dijo que sí y el 20% restante que no, aunque los primeros se mostraron algo más confiados en su respuesta. Ante la pregunta de si era eficiente financiar el pago de salarios en lugar de pagar seguros por desempleo, se retomó el consenso: nadie negó que esta fuera una política propicia. Otra encuesta interesante interrogó sobre las dificultades de las firmas pequeñas para renegociar con acreedores y terratenientes, y casi nadie consideró que esto terminaría sin costos para las primeras. Por eso, la mayoría recomendó que el gobierno interviniera para limitar el pago de rentas y ciertos servicios durante el aislamiento.

Los cuestionarios del IGM Forum nacieron tras la percepción de que la visión de los economistas académicos podía diferir de manera categórica de la del público en general y de la de quienes llevan a cabo la política económica. En referencia al Covid-19, todo indica que la posición de los académicos no es en términos generales demasiado diferente de las opiniones que tiene el resto. Pese a los que algunos piensan, los economistas siguen siendo humanos. O si se prefiere, los economicus siguen siendo homos.

(*) Docente e investigador de la UBA

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