La hora del choripan en la Costanera

1 de junio, 2020

Por Patricio Cavalli (*)

 

Hubo una época mágica. Salíamos de un evento en el zoológico de Central Park, hacíamos algo de sano lobby en el Council of Foreign Relations y, ya agotados de la magna tarea, bajábamos por Park Avenue hasta el 60 la calle 65 East, donde Monsieur Richard nos abría la puerta, nos ofrecía un saco para cenar a tono y nos sumergíamos en la “toute” de la gastronomía franco-neoyorkina.

 

Menú de cuatro a ocho pasos, incluyendo su Salade Niçoise con gemas de lechuga y confit de atún; Poulet Rôti au Romarin, con pollos importados de la campaigne francesa, ajos marroquíes y ratatouille; la Charlotte Tropézienne con frutillas de Ontario y naranjas de Florida cosechadas en el día y traídas en avión y para llevar a casa -oh, pecadores- una porción extra de Focaccia aux Herbes de Provence.

 

Pero sobre gustos no hay nada escrito y en algún momento de 2019 alguien en Wuhan prefirió sopa de murciélago y ahora nos ocurre “esto que ya sabemos”. La economía mundial cae como una “L”, Google le dice a sus empleados que se preparen para trabajar desde casa hasta fin de año, el petróleo operó negativo (aunque la nafta no baja) y nuestros bellacos líderes mundiales no embocan el balero en el palito ni ayudándose con las dos manos.

 

Y la hora de los grandes planes estratégicos, de los grandes estratagemas y las palabras hiperbólicas, parece haberse quedado en el tiempo.

 

Este tiempo posmoderno, hipermódico y supervincular requiere otro tipo de aproximación táctica y estratégica.

 

La de los choripanes en la Costanera.

 

Quizás, para ser más elegantes, podríamos decir un lomipan, vacilan o bondiopan en el Planetario. No estamos hablando de cosas mal hechas, de poca calidad, riesgosas. No. Estamos hablando del carrito con forma de casita pintada, habilitada por Senasa y que recibe pagos con débito o app del celular.

 

Lo importante es ir al punto. No perdernos en los cinco pasos estratégicos inalcanzables, inasibles e inaccesibles. Los “grand master plans” que llenan chart tras chart en un PowerPoint y demandan horas de reuniones (hoy por Zoom). No. Hoy vamos al hueso: lo corto, simple, accionable, concreto y al punto.

 

Nadie dice que Porter, Mintzberg y los modelos de análisis estratégicos no funcionen, que no sean importantes. El punto es que no pueden guiarnos en la tormenta. Hoy se trata de sobrevivir, de salir adelante. Dicen que en la trinchera no hay ateos y que en la batalla no se cuentan los muertos. Puede ser. Lo que sí sabemos es que no hay tiempo de hacer planes hiperbólicos y grandilocuentes, a lo Napoleón. Tenemos que mover nos a lo David versus Goliat. Con lo que tenemos a mano.

 

No hay herramientas grandes o pequeñas, buenas o malas. Hay herramientas útiles o inútiles. En este momento lo que tenemos a mano es el puestito, el pan y un pedazo de carne. Daniel Bouloud puede esperar. Ya llegará. Hay que salir a vender, a posicionarse y a ganar mercados de la forma que sea. Con poco, con algo chico, con sencillez y practicada. Sin pensar demasiado, sin buscar soluciones en las magnitudes si no en las moléculas.

 

Sí, suena poco académico. Se siente simplón y facilista. Huele a estar pensando en chico. Se insinúa poco serio. No le gusta al “corporate lingo”. HBO hace series sobre sucesiones de imperios y Netflix de billones y jueces. Nadie hace una traza épica del choripanero de la esquina. Pero el choripanero conoce mucho sobre la habilidad suprema de esta época: sobrevivir. Pelear hasta el último palmo, con lo que se tiene. Salir adelante y prosperar. Ese es el camino.

 

“Paso a paso y sandwich a sandwich saldremos adelante, jefe”, dice Juan Carlos Manhattan, dueño del bar fashionista reconvertido en verdulería premium en la esquina. “Si uno se pierde en la dialéctica, no sale del laberinto”.

 

(*) Las opiniones expresadas son personales y no necesariamente representan la opinión de la UCEMA

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