El pensamiento innovador de Belgrano en materia educativa

19 de junio, 2020

Por Juan Carlos Lynch Director General de Newlink Argentina. Miembro del Comité Ejecutivo del MACBA. Académico de Número en la Academia Argentina de Artes y Ciencias de la Comunicación

La historia clásica nos presenta a Domingo Faustino Sarmiento como educador, a José de San Martín como el libertador y a Manuel Belgrano como el creador de la bandera. Obviamente es una buena síntesis si uno quiere limitarse a definir a tres de los más grandes próceres argentinos en apenas dos líneas. Pero la verdad es que estos hombres y tantos otros, que por cuestiones de espacio no estoy nombrando, fueron personajes mucho más complejos y con preocupaciones mucho más amplias en términos del país que se imaginaban.

En el caso puntual de Belgrano, de cuya muerte se cumplen 200 años, es casi injusto que su reconocimiento se limite a la creación de la bandera. Incluso suena a poco hablar de él como el político, el diplomático y el militar, que además creó la bandera.

Belgrano es uno de los grandes impulsores de la educación popular en Argentina y su pensamiento era absolutamente innovador y una verdadera audacia para aquella época, en que todavía éramos una colonia de España.

Durante su estadía en España, entre 1786 y 1793, donde estudia Leyes en las universidades de Salamanca y Valladolid, comienza a preocuparse por la necesidad de una educación de calidad como base para el progreso.

Hay una frase que muestra de manera inequívoca cuál es el pensamiento que desarrolla: “Esos miserables ranchos donde se ven multitud de criaturas que llegan a la edad de la pubertad sin haberse ejercitado en otra cosa que la ociosidad, deben ser atendidos hasta el último punto. Uno de los principales medios que se deben adoptar a este fin son las escuelas gratuitas, a donde puedan los infelices (los más pobres) mandar sus hijos sin tener que pagar cosa alguna por su instrucción. Allí se les podrán dictar buenas máximas e inspirarles amor al trabajo, pues en un pueblo donde reine la ociosidad, decae el comercio y toma su lugar la miseria”.

Esa visión de la relevancia de la educación popular lo lleva a trabajar en un moderno programa educativo que propone a su regreso a Buenos Aires, en 1794, luego de asumir como secretario del Consulado.

Su programa, de vanguardia en aquellos años, proponía “enseñanza primaria, gratuita y obligatoria”, establecía la creación de escuelas agrícolas y escuelas de hilanzas de lana y de algodón, de la Escuela de Comercio, la Escuela de Náutica y la Academia de Geometría y Dibujo, y de las escuelas para mujeres.

Los cambios propuestos respecto del sistema que regía hasta ese momento eran enormes y representaban una verdadera revolución.

Creaba un verdadero sistema educativo, algo que no existía hasta ese momento Lo integraba con el mundo al establecer, por ejemplo, la incorporación de maestros curtidores traídos de Europa, casi 70 años antes de que Sarmiento trajera maestras de Boston para las escuelas normales.

Sacaba la educación del ámbito estrictamente privado, lo que la limitaba a “los pudientes”, y proponía su financiamiento con fondos públicos, casi 90 años antes que la Ley 1.420, de educación popular, laica, gratuita y obligatoria, sancionada durante el Gobierno de Julio Argentino Roca. E integraba por primera vez a la mujer a la educación y la cultura.

Antes de 1800 ya estaban en funcionamiento dos de sus proyectos, la Escuela de Náutica y la Academia de Geometría y Dibujo.

Entre 1800 y 1806 produce numerosas obras bibliográficas que marcan el rumbo de la educación técnica y entre las que se destacan “Utilidad, necesidad y medios de erigir un Aula de Comercio en general, donde se enseñe metódicamente y por Maestría, la ciencia del Comercio en todos sus ramos” (1800), “Establecimiento de fábricas de curtiembre” (1802), y “Fomento de la Agricultura en Establecimientos de Sociedad y Escuelas de su enseñanza” (1806).

En 1810 crear el Correo de Comercio, con el objeto de “popularizar los sanos principios de la economía política y ocuparse de materias científicas y literarias”, desde donde continuó difundiendo su prédica en favor de la educación popular.

Ese mismo año, como miembro de la Primera Junta de Gobierno, impulsa la creación de la Academia de Matemáticas, que comenzó a funcionar en el edificio sede de la Academia de Geometría y Dibujo.

En 1812 asume la conducción del Ejercito del Norte e inicia la Campaña al Alto Perú, donde logra importantes triunfos en Salta y en Tucumán, por los cuales la Asamblea del Año XIII le otorga un premio de casi 80 kilos de oro o 40.000 pesos fuertes, que destina en su totalidad a la construcción de 4 escuelas “públicas y gratuitas” en las ciudades de Tarija (hoy Bolivia), San Salvador de Jujuy, San Miguel de Tucumán y Santiago del Estero.

Sin desmerecer en absoluto la enorme obra de Sarmiento, hablar de Belgrano es hablar de educación.

¡Honor y gratitud, también, al Gran Belgrano!

Dejá un comentario