El dilema de la salida de la crisis pospandemia: el caso particular de China

5 de junio, 2020

Por Jorge E. Malena Director del programa ejecutivo sobre China contemporánea de la UCA y coordinador del Grupo de Trabajo sobre China del CARI @DrJorgeMalena

 

Cuando en el año 2008 estalló la crisis financiera mundial, las exportaciones de China se derrumbaron, amenazando con generar una pérdida de empleos generalizada. En respuesta, el Gobierno del entonces presidente Hu Jintao puso en marcha una política de aliento a la construcción que resultó la más grande registrada en el mundo: entre los años 2011 y 2013, se utilizó en China más cemento que el que EE.UU. usó en todo el Siglo XX.

 

Esta política fue acompañada por una política crediticia mediante la cual los bancos brindaron préstamos sin restricción a gobiernos locales, la industria de la construcción y la industria pesada. Gracias a todo ello, el crecimiento anual del PIB sólo bajó levemente, de un 9,6% en el año 2008 al 9,2% en el 2009.

 

Como consecuencia del brote del nuevo virus y la resultante epidemia que asoló a China entre fines de enero y fines de abril, los sectores de manufacturas, construcción y minería se vieron gravemente afectados, mientras que las cadenas de suministro estuvieron cerca de interrumpirse.

 

Las estadísticas oficiales muestran que la tasa de utilización de la capacidad industrial fue del 67% en el primer trimestre de 2020, frente al 77,5% del trimestre anterior. Esta caída generalizada de la actividad redundó en que el desempleo creciera al 6,5%, si se compara con las cifras de similar período del año pasado.

 

Asimismo, el sector informal de la economía también estuvo expuesto al impacto adverso de la pandemia. En China, la proporción del empleo informal en el empleo total se estima del 54%. El PIB de China, en el primer trimestre, se contrajo 6,8% interanual, registrando un mínimo histórico desde que en 1992 se comenzó la publicación de datos trimestrales del PBI.

 

Actualmente, tras haber logrado contener la amenaza del Covid-19, China cuenta con la mayoría de sus fábricas abiertas nuevamente y las cifras de exportación de mayo muestran un comercio creciente con sus vecinos asiáticos, señal del desinterés por adoptar un modelo de autosuficiencia. Sin embargo, otros motores que impulsan el crecimiento de China del lado de la demanda están en problemas: EE.UU. y la UE (aún afectados por el virus) representan alrededor casi el 40% de las exportaciones de China.

 

Muchos de estos países también son los principales proveedores de bienes intermedios de la República Popular. Por ello, hasta que estas economías se recuperen, la economía china podrá recuperar levemente su ritmo de crecimiento.

 

A la mencionada afectación de las cadenas de suministro por la pandemia, se le suma el contexto de desacople de la economía estadounidense, el cual es previo al brote del Covid-19. Los esfuerzos de EE.UU. para reducir su dependencia de la alta tecnología china deberían ser considerados por Beijing como irreversibles.

 

Ante el mencionado panorama, la República Popular se vería inducida a diversificar sus fuentes de abastecimiento, como así también desarrollar productos alternativos de fabricación local que disminuyan la dependencia externa.

 

Asimismo, la pandemia podría acarrear otros costos económicos para China provenientes del exterior, ya que podría tener lugar una reorientación de la cadena de suministro fuera de China, a la luz de que el país sea percibido como un sitio de inversión menos atractivo.

 

Con las economías desarrolladas de Occidente semiparalizadas y la continuación del desacople, China tiene frente a sí un enorme desafío. Una opción sería repetir la política de estímulo a partir de la construcción, como sucedió en la crisis del 2008. Sin embargo, como expresó Adair Turner para Project Syndicate, el auge de la construcción a partir del año 2009 registró al menos tres efectos adversos: (a) inversión desperdiciada (alrededor del 15% de los departamentos construidos entre 2008 y 2012 son propiedad de inversores, por lo que en su mayoría se encuentran desocupados), (b) financiamiento del exceso de construcción con deuda (que amenaza la estabilidad del sistema bancario), y (c) basar el auge de la construcción en la producción de acero y cemento con alto consumo de carbón (lo cual elevó las emisiones de CO2 al punto de convertir al país en el mayor emisor del planeta en 2017).

 

Por lo antedicho, si bien la política de estímulo para salir de la crisis de 2009 en ese momento fue eficaz, resultó insostenible en materia financiera y ambiental. China necesita ahora una mejor salida.

 

Inmediatamente después de comenzar el brote viral, Beijing anunció medidas centradas en evitar despidos masivos. Más recientemente, en el informe sobre el estado del país del primer ministro Li Keqiang el 22 de mayo, se reafirmó que la labor gubernamental se centrará en paliar el desempleo, dejándose de lado alcanzar un determinado índice de crecimiento económico.

 

A modo de conclusión, se observa que el Gobierno chino no adoptaría un modelo de autosuficiencia para reducir las vulnerabilidades externas. El mismo sería contrario al objetivo diplomático de fomentar la globalización (más allá que implementar la sustitución de importaciones sea inalcanzable en el corto plazo).

 

Al mismo tiempo, la priorización de la generación de empleo por sobre el crecimiento es una decisión reveladora: Beijing concentrará sus recursos en enfrentar el desempleo en lugar de impulsar el PIB, aunque el gasto en programas de empleo implique un menor impulso fiscal a la inversión.

 

A ello se sumará seguramente que China busque alcanzar el equilibrio entre mantener el crecimiento a corto plazo y sentar las bases para el crecimiento futuro. Acelerar el progreso hacia una economía baja en emisiones de CO2 sería la mejor manera de hacerlo. De ese modo, China podría recuperarse con éxito tal como lo hizo de la crisis de 2008, pero de una manera mucho más sustentable.

 

A pesar de su costo social y económico, la pandemia brinda la oportunidad de “reconstruir para mejor”, aprovechando las innovaciones inducidas por la epidemia y las lecciones aprendidas.

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