El día en que la política rompió la cuarentena

10 de junio, 2020

Por Sebastián Giménez Escritor

 

De las conferencias que se volvieron repetitivas con la extensión de la pandemia y la cuarentena al anuncio de la expropiación y nacionalización de Vicentin. Entre una cosa y otra, ¿qué pasó en el medio? ¿Un fin de semana? De la “revolución sanitaria” de la extensión de las medidas preventivas y provisión de camas y respiradores a una decisión de alto impacto económico y político. Esta medida no la pensó ningún infectólogo, y el gobierno se puso a hacer política, nada menos. El peronismo tiene esa capacidad de inventarte un Estado empresario en las cornisas del default, que de tanto extenderse el tiempo de la negociación ya se volvió casi rutinaria. En esa estrecha senda lindante con el precipicio, el Gobierno se anima a dar un salto. Subyacente, detrás de la postura tal vez está la estrategia de sumar dólares para hacer frente a la deuda. Y bien, se largó la política y por quince minutos, media hora o un buen tiempo más nadie pensó en la cuarentena.

“Una decisión trágica”, dijo Federico Pinedo, una declaración de impacto por el empleo de la palabra que remite a hechos sin dudas de más triste calibre, y con la implicancia de pérdidas devastadoras de vidas humanas. Un pensamiento en línea con sus antepasados, el también Federico Pinedo economista liberal de la década del ‘30 del siglo pasado. Pasan los años, algunos apellidos se mantienen. La primera reacción de la oposición es abroquelarse en la crítica de todo estatismo, que eso es Venezuela. “Había otras empresas interesadas en adquirirla, estando en concurso preventivo de acreedores”, braman algunos. El Estado será malo pero era también uno de los principales acreedores de la empresa que recibió créditos de la banca pública sin haberse preocupado demasiado (o no ha podido, siendo benevolentes) devolverlos.

Y no es tan exagerado hablar de la década del ‘30 del Siglo XX, porque el Gobierno se ocupó enseguida de aclarar que “esto no es la Junta Nacional de Granos”, ese organismo estatal creado luego de la crisis devastadora del ‘29 para regular el mercado de los cereales, brindando precios sostén a los productores. El pasado no revive nunca literalmente, a veces cambias sus formas. Lo claro parece ser el deseo del Estado de intervenir, de jugar un mayor rol de preponderancia en la regulación del mercado. El peronismo te inventa un Estado interventor sin divisas en el bolsillo, con pocas reservas en el BCRA: se pone a construir una casa de la nada, ladrillo sobre ladrillo cuando no tenía ni plata para pagar el alquiler. Patea al tablero de repente, de la nada, y sorprende, lo que muestra su gran capacidad para crear agenda. Todos los noticieros repicando la noticia desde todas las variantes ideológicas avivando la grieta pero volviendo a poner a la política en el centro de la cuestión, la que había perdido su potencia, su impulso, detrás de las máximas conservadoras de los infectólogos.

De repente, un cambio de frente. Como pasó hace un poco más de un año, cuando la movida en el anuncio de la fórmula electoral también sorprendió a todos. Mientras muchos hablaban de la crisis económica y el oficialismo de entonces no definía su fórmula ni acertaba el camino, el peronismo se unió de modo sorpresivo y compacto para ganar. Los noticieros repicaban y se detenían en las declaraciones terminantes anteriores de Alberto Fernández respecto al kirchnerismo. Lo criticaban, lo elogiaban, pero en definitiva todos, absolutamente todos hablaban de eso. En otra dimensión, con la decisión respecto a Vicentin pasa lo mismo. En una medida que no puede ser definida a priori de forma tan terminante y negativa ni tampoco creer que asegura la soberanía alimentaria de un pueblo. Un equilibrio del análisis para sopesar el pasado que vuelve a encarnarse de otra forma en un presente de una política que parecía en cuarentena.  Y, de repente, salió de la jaula, del conservatismo del devenir del tiempo que se escurría en la forma de un día que sucede indistintamente a otro. La política se despabiló, sacudió la modorra del encierro y se puso a andar. Casi que recreando la historia del caballero andante y un poco loco de remate que narrara Miguel de Cervantes. Una decisión quijotesca, el día en que la política rompió la cuarentena. Que despertó críticas, elogios y posiciones cautas. Todas reacciones que inspiraron a aquél célebre caballero la famosa frase: “Ladran Sancho, señal que cabalgamos”.

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