Bajar la tasa de interés puede ser deflacionario y recesivo

23 de junio, 2020

mundo, global, indignados

Por Gonzalo Martínez Mosquera Embajador de Algorand

Los bancos centrales de Japón, Europa y en menor medida Estados Unidos vienen, hace años, con políticas de tasa de interés bajas intentando reactivar sus economías y así poder cumplir con sus metas de inflación.

Incluso, han recurrido a tasa de interés negativas con la esperanza de que los depositantes se apuraran a retirar su dinero de los bancos y los gastaran para evitar la pérdida de sus ahorros.

Todos esos esfuerzos en mayor o menor medida han fracasado. A pesar de las tasas de interés bajísimas, el consumo no repunta (siempre hablando previo a la pandemia). En general, la respuesta era “necesitamos un poco más de tiempo”, pero Japón hace 30 años que lo viene intentando sin éxito.

En un informe reciente, el BofA (Bank of America) mostró un gráfico que podría ayudar a entender la razón.

El gráfico muestra la relación que existe entre el rendimiento de los bonos del Tesoro a 10 años con el porcentaje de gasto de las familias sobre su ingreso disponible.

Se supone que a mayor rendimiento de los bonos, los ahorristas deberían destinar una mayor proporción de sus ingresos a dichos activos. Eso es lo que pareciera mostrar la parte azul del gráfico con una pendiente negativa.

Sin embargo, a partir de 2001, cuando se empiezan a registrar rendimientos menores a 4%, pareciera que cambia el comportamiento y la pendiente de la curva se torna positiva. Cuanto más baja el rendimiento de los bonos mayor es la proporción del ingreso disponible que las familias ahorran y menor lo que destinan al consumo. Esto pareciera contradecir la lógica y lo que se enseña generalmente en las facultades de economía.

La explicación que da el BofA se traduce en algo parecido a esto: “El bajo crecimiento y la baja inflación genera que haya pocas oportunidades de encontrar activos de bajo riesgo (por ejemplo, bonos del Tesoro) lo cual fuerza a las familias a reducir su consumo y a incrementar su ahorro de forma tal de cumplir sus metas de retiro”.

Lo que el BofA está diciendo básicamente es que si el crecimiento económico es bajo y, por lo tanto, el banco central responde bajando su tasa, las familias tienden a ahorrar más para poder compensar por el interés perdido y así lograr alcanzar un monto suficiente para su retiro.

Si esto es correcto, estaríamos en un círculo vicioso en el cual a la economía se enfría, baja la inflación debajo del objetivo del banco central, este responde bajando su tasa, lo cual reduce el rendimiento de los bonos, generando que las familias consuman menos enfriando aún más la economía.

La pregunta obvia que surge es cómo salir de esta trampa.

Una alternativa (si la conclusión del BofA es correcta) sería subir la tasa de política, lo cual levantaría el rendimiento de los bonos, liberando fondos disponibles para las familias que puedan destinar al consumo.

Warren Mosler, fundador del MMT (Teoría Monetaria Moderna, por sus siglas en inglés) tiene una forma de denominar a los bonos del Tesoro bastante ilustrativa. Los llama “ingreso básico para gente que ya tiene plata”.

Claramente, si bajar la tasa no ayuda a reactivar la economía, no pareciera que pagarle interés sin riesgo a gente que ya tiene plata sea una forma apropiada de gastar el dinero estatal. Recordemos, además, que la contracara de una mayor tasa de interés es una menor generación de préstamos para actividades productivas.

Lo que propone el MMT es dejar la tasa en 0%, que es lo que ellos llaman la tasa de interés natural (porque es la tasa de mercado sin emisión de bonos) y regular la inflación por la vía fiscal aumentando y reduciendo el déficit fiscal.

Si bien no se puede hacer una teoría de un solo dato (en este caso son muchos datos de una sola fuente), me parece que, como mínimo, sirve para poner en tela de juicio la conclusión de que existe una relación inversa entre tasa de interés y demanda agregada.

No pareciera tan obvia esa respuesta y siempre merece un mayor grado de análisis. Claramente no puede ser lo mismo subir la tasa en un país con baja deuda que hacerlo en un país como Japón que tiene más de 200% de deuda sobre PIB. El efecto ingreso sobre la demanda agregada de los pagos de interés puede ser diametralmente distinto.

En el caso de Estados Unidos, la baja impositiva que hizo Donald Trump probablemente haya ayudado a evitar caer en la trampa aunque fuera hecho por otros motivos. Un temor recurrente en ese país a las propuestas de aumento del déficit fiscal era el de convertirse en un nuevo Grecia. Pareciera que no hacerlo podría haberlo convertido en un nuevo Japón.

Tal vez una “solución” no esperada provenga de la expansión fiscal observada como respuesta a la pandemia. Ante ese problemón no hubo teoría que aguantara y los países se pusieron a gastar “como locos” a pesar de que la recaudación impositiva y la economía cayeran.

Si la inflación no aparece (incluso pospandemia) probablemente tengamos tasas bajas para rato y haya que empezar a mirar más a los ministros de Hacienda que a los presidentes del banco central. La pretensión de tener presupuestos equilibrados del lado del Tesoro y un banco central regulando la economía podría quedar definitivamente en el pasado.