Y que en Argentina baje la inflación

14 de mayo, 2020

inflación changuito supermercado

 

Por Sebastián Giménez Escritor y trabajador social

 

En los ´80, durante mi infancia, cuando el cuadro de tus amores perdía tus amigos te cargaban diciendo en forma de cantito que tu equipo iba a salir campeón “el día en que la vaca vuele y que en Argentina baje la inflación”. ¿Quién hubiera dicho que, pasados treinta años, las dos alusiones irónicas de la canción iban a ser verdad? No vuelan los cuadrúpedos pero nadie imaginó jamás una pandemia de tan vastos alcances. Y en Argentina, curiosamente, baja la inflación teniendo en cuenta las estimaciones de los analistas respecto del índice que el Indec dará a conocer hoy y se estima por debajo del 2%. Vuela el mundo por el aire y las ciencias y conocimientos son interpelados: la salud, la educación y la economía, desde luego.

 

Estanflación, solían decir los economistas para describir el estancamiento económico conviviendo con la suba de precios. No parece adecuada esa terminología para definir este momento. Ojalá estuviera sólo estancada la actividad económica, y en estas condiciones sumamente adversas cualquiera firmaría un empate. ¿Cuál sería el término exacto entonces? ¿Receflación? Recesión más inflación. O, tal vez más específicamente y teniendo en cuenta la anunciada mejora del índice de inflación, ¿receestabilización? De los economistas será el desafío de nominar lo que nos está pasando, habida cuenta de la situación complejísima que le toca vivir al país y al mundo.

 

Al margen de ciertas polémicas acerca de la forma adecuada de medir la inflación que sería atinado no perder de vista, da la sensación de que los comerciantes que les permiten abrir no tienen demasiado margen para elevar los precios, corriéndose el riesgo de pasar de vender poco a nada. O sea, el índice parece el reflejo de una baja de la demanda de productos (salvo los de primera necesidad). No es ajeno a esto la reducción de los salarios impuesta a algunos rubros, que pasaron a ver reducidos sus haberes nominales en 25%. Una solución conservadora de empleos, al discutible precio de reducir el salario. En el sector comercio, el mismo tipo de razonamiento invita a no remarcar tanto los precios y, si se tienen pocos clientes, más vale conservarlos. Mejor pájaro en mano que cien volando. Y, en una coyuntura extremadamente recesiva, es preferible empatar o perder por poco a sucumbir. Seguir existiendo, aún a costa de ser más pobres.

 

Otro precepto económico que se ve interpelado por el índice bajo de inflación es el que considera que la emisión monetaria favorece que se dispare el aumento de precios. La situación actual parece demostrar que es una condición necesaria pero no suficiente. La inflación entonces se aparece como de origen multicausal, no siendo ajena a la disputa intersectorial entre actores de la economía. Aquellos años ‘80 donde fui pibe terminaron con un descontrol económico que derivó en la hiperinflación, una situación de grave deterioro sobre el poder adquisitivo de los trabajadores. Mis viejos me lo graficaron en una descripción viva de los que le tocó vivir. Me dijeron que agarraban una leche o un paquete de fideos en la góndola del supermercado y, en el trayecto que hacían hasta la caja, en esos pocos segundos había incrementado de forma importante su valor. Una situación que, treinta años después, me sigue pareciendo surrealista.

 

Hoy, aún con los problemas económicos innegables, con una deuda en tiempo adicionado de renegociación, no es un mal augurio que retroceda el índice de inflación. No es para brindar con champaña ni mucho menos, pero es evidente que no todo tiempo pasado fue mejor y no todo futuro será peor que la actual coyuntura apremiante. Los retos son innumerables. La baja de la inflación y que la recesión económica no desemboque en una hiperdesocupación o en la disminución de los salarios. Y buscar nuevas maneras para llegar a los sectores informales de la economía, los más golpeados en tiempos de pandemia.

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