Un virus que delira ideologías

30 de mayo, 2020

Por Sandra Choroszczucha  Profesora y Politóloga (UBA)

 

Desde que el coronavirus ingresó en nuestras vidas, hemos transitado en Argentina diferentes etapas, con direcciones precisas de nuestros gobernantes y con importantes desequilibrios emocionales y racionales de nuestros ciudadanos.

 

Antes del 20 de marzo de 2020, ¿alguien podía suponer que la derecha, el neoliberalismo y los mejores amigos de Estados Unidos y Brasil, los ciudadanos más acomodados socio-económicamente de Argentina, serían las primeras personas en resistirse a quedarse cómodamente en sus casas, y con esto resultarían curiosamente defendiendo las fuentes de trabajo de infinidad de personas en estado más vulnerable, que no pueden respetar confinamientos obligatorios porque si lo hacen no comen?

 

Antes del 20 de marzo de 2020, ¿alguien podía suponer que los autocalificados “nacionales y populares”, la izquierda y los mejores amigos de Cuba y Venezuela, aquellos dirigentes políticos y ciudadanos que siempre pregonaron que el trabajo y el empleo conforman la base que define la distribución del ingreso, hoy serían los que defienden con uñas y dientes los confinamientos obligatorios y sin fin, cual burgueses cómodamente encerrados en sus casas, mientras los sectores más vulnerables no tienen donde encerrarse para protegerse y si lo hacen no comen?

 

El empeño de nuestra dirigencia política “más progresista” pro-cuarentena estricta y obligatoria (con el apoyo incondicional de los sectores sociales de “izquierda”), nos muestran un estado de situación casi insólito, y así, uno se encuentra mirando por televisión o presenciando discusiones en redes sociales, donde supuestos keynesianos, defensores de la intervención del Estado en la economía, confunden groseramente la calificada “Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero” de John Maynard Keynes, con un Estado presente que debe ordenar que los más afortunados se queden en sus casas cómodamente protegidos por éste, mientras los sectores más vulnerables, sin posibilidades de confinamientos o encierros confortables, pasen el peor invierno de sus vidas, perdiendo sus trabajos para poder subsistir, mientras están contrayendo el virus porque no se cuidaron los barrios más vulnerables.

 

Así, parece que, los que repudian la terrible situación que viven y vivirán millones de argentinos de clases medias, pobres e indigentes, son los reaccionarios, la derecha, la insensible ciudadanía “que pretende la muerte de millones de argentinos”.
En contraste, los que defienden a raja tabla “quédate en tu casa y salvate vos que podés”, mientras los sin techo, con una economía paralizada, se enferman y se desnutren miserablemente, son los progresistas, la izquierda, y la sensible ciudadanía “que defiende la vida de millones de argentinos”.

 

Pretender que respetemos aislamientos sociales responsablemente coordinados, parece ser una decisión muy atinada frente a un virus híper contagioso que puede enfermar a infinidad de personas; pretender que respetemos normas y protocolos sanitarios con enorme compromiso, para prevenir contagios en masa y evitar que colapse nuestro sistema de salud, suena muy criterioso, e imperioso. Pero pretender que “la economía pase a ser la enemiga número uno de la salud”, cuando si una economía se paraliza, se paraliza la producción y el empleo, y la pobreza y la indigencia aumentan descarnadamente, suena inconcebible. Y más inconcebible suena aun, que los supuestos reaccionarios de derecha, sean los que pretenden que la salud y la economía se articulen, para que no solo resulten ilesos del coronavirus y del hambre los sectores más acomodados, sino toda la sociedad en general.

 

Este nuevo enfrentamiento entre los defensores del aislamiento social, preventivo y obligatorio, y los críticos de éste, parece haber trastornado ostensiblemente el arquetipo ideológico anterior al 20 de marzo de 2020. O simplemente los argentinos volvemos a caer en un lugar común: si defendés un gobierno lo defendés a pesar de lo que sea, y si lo cuestionás lo cuestionás a pesar de lo que fuera.

 

En medio de toda esta riña político-ideológica existen vidas y necesidades básicas insatisfechas.

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