¿Terminará su mandato?

24 de mayo, 2020

Por Diego Sadrinas Politólogo (UBA)

 

Brasil, el gigante de América del Sur, se encuentra transitando una situación de crisis bidimensional. Está padeciendo, de forma brutal, la crisis sanitaria del Covid-19: es el país con más muertos de América Latina y el sexto a nivel mundial. Al mismo tiempo hace unos meses que la situación política e institucional también es de extrema fragilidad: analistas políticos locales e internacionales plantearon sus dudas respecto de las posibilidades concretas que tiene Jair Bolsonaro de finalizar su mandato en diciembre de 2022.

 

Estos dos aspectos de la coyuntura brasileña están relacionados: si bien la situación de Brasil a nivel político y social antes de la pandemia era mejor que la actual, es justo destacar que el Presidente era cuestionado por sus modos de ejercer el poder político y por una economía que no terminaba de afianzarse y despegar.

 

Luego, la actual pandemia sacudió al mundo entero. Eso profundizó y puso de relieve la falta de liderazgo y de sentido común para enfrentar el Covid-19. La velocidad de propagación de este virus sumado a la decisión política de no establecer la cuarentena ni ningún tipo de medida de distanciamiento social convirtió a Brasil en un cementerio de cuerpos: de seguir así no sería sorprendente que termine superando a China, el país de origen del virus.

 

Esta situación le implicó a Bolsonaro nuevos conflictos que tienden a debilitar su proyecto político. Amparándose en la Constitución los gobernadores promovieron medidas de aislamiento social en pos de ponerle un freno a los miles de personas que mueren diariamente y no dudaron en señalar públicamente al Presidente como el responsable principal de esta tragedia cotidiana.

 

Al mismo tiempo los militares, parte clave en su llegada al Gobierno, comenzaron a dudar respecto de su capacidad de liderazgo y de la conveniencia en que continúe al frente del Ejecutivo: si bien no han hecho declaraciones en su contra tampoco han salido a apoyarlo en sus enfrentamientos dialecticos con los gobernadores. Es importante tener en cuenta que el vicepresidente Hamilton Mourão es un general retirado, es decir, pertenece al sector militar brasileño. Traduciendo: la salida anticipada de Bolsonaro del Palacio de Planalto no implicaría el abandono de la vida política ni la pérdida del poder para los militares, sino todo lo contrario. Podría ayudarlos a seguir solidificando su poder político mientras encuentran un nuevo candidato al Ejecutivo.

 

Otros aspectos a tener en cuenta, que muestran las dificultades para completar su mandato, es la ausencia de partido propio: llego al poder a partir de una alianza exclusivamente electoral y no cuenta en el Congreso Nacional con una bancada mayoritaria y tampoco con un  bloque que sea la primera minoría.

 

Además, su llegada al Gobierno se explica, en parte, por su compromiso de luchar contra la corrupción estructural y enquistada en el Estado y promovida, según su visión, por el PT. Esa carta parece que también se le volvió en contra: hace aproximadamente un mes renunció Sergio Moro a su cargo de Ministro de Justicia acusando al Presidente de querer interferir en investigaciones de la Policía Federal sobre causas que afectan a la familia presidencial. Estas acusaciones junto con documentos de carácter probatorio están siendo analizados por el Supremo Tribunal Federal, máxima autoridad del Poder Judicial.

 

Si esto fuera poco, han renunciado en el lapso de tres semanas dos ministros de Salud por estar en desacuerdo con la medida de Bolsonaro para combatir el Covid-19: flexibilizó la venta de cloroquina (utilizado para malaria y lupus), que no tiene base científica que demuestre su utilidad para combatir la pandemia y al mismo tiempo pone en peligro el abastecimiento de las personas que verdaderamente necesitan consumir dicho medicamento de forma crónica para sobrevivir.

 

A diferencia de los últimos dos impeachments y destituciones realizadas a los expresidentes Dilma Rouseff y Fernando Collor de Mello, Bolsonaro tiene a su favor, por el momento, la ausencia de manifestaciones y marchas populares exigiendo su renuncia. Pero esta situación tiene su explicación precisamente en la crisis sanitaria que está sufriendo el país.

 

Qué pasará cuando el Covid-19 sea efectivamente un tema superado es imposible saberlo. No obstante, podemos notar que se está cocinando a fuego lento una crisis de legitimidad del poder que cada día suma nuevos ingredientes que contribuyen a poner en duda la capacidad de Bolsonaro de finalizar su mandato.