Tensiones globales, regionales y nacionales sobre el Mercosur

7 de mayo, 2020

Por Bruno Fanelli 

 

Si bien su desempeño distó del esperado y el Mercosur nunca llegó a cumplir su objetivo de ser un mercado común pleno, sí es cierto que supo sobrevivir a grandes cambios globales, regionales y nacionales. El Mercosur fue comenzado a gestarse en plena segunda Guerra Fría (fines de los ‘70 y principios de los ‘80) en la que se calentó la disputa entre la Unión Soviética y los Estados Unidos. Fue firmado y ratificado durante los albores del “momento unipolar” en el que Estados Unidos se erigió como única superpotencia. Finalmente, el Mercosur continúa su existencia durante este acelerado proceso hacia un mundo multipolar en el que encontramos dos superpotencias-Estados Unidos y China-al tiempo que conviven una miríada de poderes de distinta magnitud: la Unión Europea, Rusia, India y otras potencias intermedias dentro de las que podemos ubicar a nuestro socio Brasil.

 

En el ámbito regional el Mercosur también atravesó marcadas etapas. Ideado por las nacientes y vulnerables democracias en los años ‘80, fue firmado y ratificado por gobiernos encolumnados en las reformas estructurales de los ‘90 y fue luego continuado por los gobiernos de centro izquierda nacidos a comienzos de los 2000 y apuntalados por el boom en el precio de las materias primas.

 

A nivel nacional, el Mercosur también supo atravesar momentos complicados, como la crisis de 2001-2002 en la Argentina, la destitución a Lugo y la suspensión del Paraguay en 2012, la suspensión de Venezuela y la complicada situación política en Brasil de los últimos años.

 

Sin embargo, y pese a haber sorteado numerosos desafíos en el pasado, existen hoy presiones a nivel global, regional y nacional que generan fuerte preocupación sobre la futura viabilidad del proyecto de integración más profundo y amplio de nuestra región.

 

A nivel global, la creciente competencia entre las potencias puede generar una cuña entre las naciones componentes. Prueba de esto es la hipótesis de conflicto que los militares brasileños publicaron recientemente en la que se mencionaba la posibilidad de una base militar china en Argentina. En la misma óptica podemos mencionar el acuerdo (luego de 20 años de negociaciones) finalmente aprobado que le da participación a EE.UU. de la estratégica base aeroespacial de Alcántara. Si bien es temprano para decir si la geopolítica podrá dividir a los países miembros del Mercosur, esto no deja de ser una posibilidad a futuro.

 

A nivel regional, se da una situación inédita en la que no existe un consenso entre los miembros originarios acerca del modelo de desarrollo a seguir. En Uruguay una orientación de relativa apertura se ha consolidado a lo largo de los años y más aún a partir del actual gobierno que puso fin a 15 años del Gobierno del Frente Amplio. En Paraguay, y especialmente a partir de las últimas presidencias del Partido Colorado, también se ha consolidado un modelo de equilibrio macroeconómico y orientación exportadora traccionada por su sector agronegocios. En Brasil, como veremos más abajo, se logró un consenso en sus factores de poder en torno a una orientación más liberal de su economía. En dicho contexto, el actual gobierno argentino muestra una orientación proteccionista que choca contra la de sus socios.

 

A nivel nacional, el cambio más grande se da sin embargo en el socio mayor. Uno de los pilares del proyecto del Mercosur, en especial en su aspecto industrialista ha cambiado de manera importante su visión. Tanto la Confederación Nacional de la Industria (CNI) como la Federación de las Industrias del Estado de San Pablo (la influyente FIESP) han progresivamente aceptado la apertura comercial de su país aún a costa de la pérdida de industrias. En su pensamiento, la industria brasileña, costosa e ineficiente, se debe adaptar a las condiciones del comercio internacional. Le pide sí, al Estado Nacional, bajar el llamado “costo Brasil” para hacerlas más competitivas; las reformas impositivas, laborales y previsionales se deben ver desde la óptica de este proceso. Otro pilar fundamental del proyecto originario del Mercosur también se ha visto críticamente dañado: Itamaraty. La cancillería brasileña ha seguido tradicionalmente una línea desarrollista e industrialista a lo largo de largas décadas. Sin embargo, el Gobierno de Jair Bolsonaro ha venido a cambiar esto, reemplazando a las cúpulas de las distintas áreas del ministerio de relaciones exteriores y colocando a gente de su confianza y que comparte su visión promercado. De consolidar su poder, Bolsonaro (que hoy se ve bajo importantes presiones) es de esperar que dicha visión se fortalezca en la cancillería brasileña y de esta forma un Brasil aperturista pase a ser una característica estructural.

 

Es en este marco complicado para el actual Gobierno de Argentina que se debe tanto continuar con el funcionamiento del bloque como avanzar en los acuerdos de libre comercio acordados y en proceso de negociación. Y es en este contexto desafiante en extremo que la amenaza, luego retirada, de abandonar las negociaciones internacionales que el Mercosur está llevando con Canadá, Corea del Sur, India, Singapur y Líbano se debe inscribir.

 

De haberse concretado dicha política se hubiera tensionado en extremo al bloque, en el que hace ya largos años los dos socios menores dejaron en claro que desean un bloque con mayor apertura y en el que el socio mayor ha cambiado su postura histórica en creciente coincidencia con la de los miembros más pequeños.

 

Queda claro, entonces, que la orientación de tanto Brasil, como Paraguay y Uruguay apuntan en una dirección no compartida por el actual Gobierno de Argentina. En este contexto lo peor que puede hacer nuestro país es no participar de las negociaciones ya que de no hacerlo pone potencialmente en peligro la existencia misma del bloque. Y sin el Mercosur, Argentina pierde el acceso privilegiado a los mercados de sus socios tanto para sus productos competitivos como para aquellas producciones industriales que el Presidente busca proteger y que solo pueden subsistir en condiciones de mercado administrado como las que ofrece el Mercosur. Para decirlo en criollo, es quedarse “sin el pan y sin la torta”.

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