Yarde Buller: “Parece muy difícil alcanzar un acuerdo antes del 22-M”

19 de mayo, 2020

 

Entrevista a Adrián Yarde Buller Grupo SBS Por Enrique Pizarro

 

Ante la inminente finalización de la renegociación de la deuda externa con los acreedores privados, El Economista dialogó con Adrián Yarde Buller, economista jefe del Grupo SBS, acerca de las perspectivas inmediatas sobre este proceso. De acuerdo con el especialista, a pesar de que mejoraron las expectativas como consecuencia de los cambios en las posiciones que se tomaron desde ambas partes durante los últimos días, aún no está del todo claro que habrá un resultado favorable antes de este viernes: aún hay cierta distancia entre la propuesta inicial que hizo el Gobierno y las contraofertas que enviaron los bonistas.

 

Los indicadores financieros de la jornada de ayer confirmaron que el mercado espera que se alcance un acuerdo entre el Gobierno y los acreedores, aunque algunos analistas no comparten esa expectativa. ¿Qué estima que ocurrirá este viernes?

 

Mi impresión es que el mercado está premiando el cambio de enfoque del Gobierno. La adhesión a la oferta inicial fue muy baja y creo que el Gobierno leyó eso como una señal de que debía repensarse la estrategia integral de reestructuración. Desde que se decidió postergar el plazo de aceptación de la oferta, las autoridades mostraron una mayor predisposición al diálogo y los fondos respondieron presentando ofertas mucho más realistas, más alineadas con la capacidad de pago de Argentina. En este contexto, el mercado comenzó a descontar un escenario más constructivo en el que tanto el Gobierno como los acreedores intentan encontrar una salida a través de la negociación. Aún así, parece muy difícil que se logre alcanzar un acuerdo antes de este viernes ya que los plazos son demasiado acotados y todavía hay cierta distancia entre la propuesta inicial que hizo el Gobierno y las contraofertas que enviaron los fondos de inversión.

 

¿De qué forma se podría destrabar la negociación para llegar a un acuerdo?

 

A una tasa de descuento del 12%, la oferta que hizo el Gobierno tiene un recupero de US$ 34, mientras las contrapropuestas de los fondos de inversión rondan los US$ 48,50. La distancia todavía es importante, pero de ninguna manera irreconciliable. Desde que Argentina presentó su propuesta inicial de reestructuración, venimos argumentando que hay espacio para mejorar la oferta sin poner en riesgo la sostenibilidad de la deuda. En nuestra visión, se puede elevar el recupero a la zona de los US$ 43, reconociendo los intereses corridos, llevando el cupón promedio al 3,5% y devengando intereses desde el inicio. Una oferta de este tipo probablemente sería consistente con un acuerdo que sirva a todos los actores involucrados.

 

¿Qué puede esperarse en caso de concretarse un acuerdo?

 

Argentina recibiría un alivio de deuda muy significativo, se allanaría el terreno para plantear un nuevo programa con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y se aliviaría la presión sobre el financiamiento de mercado del sector privado. Un acuerdo sería una señal muy positiva, pero el Gobierno aún tendría que plantear un programa económico para explicarle a la sociedad cómo piensa aprovechar el alivio de deuda que le está pidiendo a los acreedores. Si no se usa este tiempo para volver a poner a la economía en un sendero sostenible, entonces todo habrá sido en vano.

 

En caso contrario, ¿cómo impactaría un default en este contexto?

 

Creo que un default no profundizaría la caída de la actividad económica, pero sí haría que la salida de la crisis sea mucho más lenta y volátil, aunque esto depende mucho del tipo de default. Una cosa es un escenario de default con negociaciones avanzando hacia un acuerdo y otra es un escenario donde las negociaciones se caen y el default se estira por varios trimestres. En el primer caso, habría algo más de incertidumbre y se demoraría un poco más la recuperación, mientras en el segundo la economía podría enfrentar mayores presiones financieras e incluso problemas de manejo de deuda que excedan al crédito soberano. Esperemos que la situación no escale hasta este punto.

 

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