Nuevas y viejas pandemias en América Latina

15 de mayo, 2020

america latina mapa

 

Por Santiago C. Leiras Politólogo y Profesor Asociado Regular UBA

 

En un muy sugestivo artículo publicado en la revista Foreign Affairs, a comienzos de abril, el analista internacional Richard Haass sostuvo que las pandemias, como la originada por el Covid-19, tienden a acelerar el curso de la historia más que a redefinirla, dado que ninguna crisis representa por sí misma un momento crucial o una coyuntura decisiva.

 

Mientras leía las argumentaciones planteadas por Haass, me interrogaba si este sería el caso de América Latina, también afectada por la epidemia del coronavirus. Merece ser señalado que la pandemia sorprende a la región (o la mayor parte de ella) en un contexto caracterizado por la crisis estructural del Estado, una situación de estancamiento o recesión económica y sistemas de salud al límite en lo que respecta a la capacidad de prestación de su servicio.

 

Las consecuencias comienzan a ser devastadoras: uno de los países de la región se encuentra entre los diez con mayor cantidad de casos y fallecimientos por la epidemia (Brasil), otros tres entre los veinte con mayor cantidad de afectados (Perú, México y Chile) y un quinto entre los treinta (Ecuador).

 

Más allá de la crisis y del contexto señalado, la región padecía ya otras “pandemias” que tienden a propagarse de manera sostenida. Dedicaré estas reflexiones a señalar tres de ellas: el deterioro del normal funcionamiento del Estado de Derecho, el retorno de las Fuerzas Armadas y las protestas callejeras.

 

1. En lo referente al Estado de Derecho, el autogolpe producido en Venezuela en 2017 o las crisis de carácter constitucional en Perú y de legitimidad en Bolivia durante el 2019 representan ejemplos emblemáticos de las dificultades del normal funcionamiento de las democracias, o de las variantes no competitivas de autoritarismo como Venezuela, fuera de un contexto de crónica emergencia institucional. En el caso de nuestro país, el dictado del decreto de DNU 457/2020, mediante el cual el Poder Ejecutivo asume facultades presupuestarias del Congreso evidencia los interrogantes sobre el normal funcionamiento de la democracia y de los mecanismos de control durante y más allá de la emergencia sanitaria. La excepción deviene norma, la norma es la excepción.

 

2. En otro orden de cosas, la crónica crisis de las democracias abrió la puerta al resurgimiento de la intervención militar, no ya a través del golpe tradicional –el último intento ocurrió en Venezuela en 2002 contra Hugo Chávez y fue rápidamente sofocado- sino mediante estrategias indirectas de acción del poder militar como, por ejemplo, aquella “exhortación” a preservar el orden constitucional en Brasil en 2018 durante el proceso judicial que culminó con la detención de Lula Da Silva o la “sugerencia” de renuncia al expresidente Evo Morales en Bolivia, luego de un irregular proceso electoral en los comicios presidenciales de 2019- o iniciativas del propio poder civil: el “fervoroso” cumplimiento de la orden de destitución de Manuel Zelaya por parte del Congreso Nacional en 2009, el otorgamiento del presidente de México Andrés Manuel López Obrador al Ejército de la facultad de realizar tareas policiales hasta 2024, o su participación en tareas de apoyo logístico en algunas municipios del Gran Buenos Aires como La Matanza o Quilmes en el marco de la crisis sanitaria en la Argentina.

 

3. En lo que respecta a las protestas callejeras, cabe recordar que 2019 fue sumamente prolífico dentro y fuera de la región: permítanme mencionar los casos de protestas en lugares muy distantes como Hong Kong, Irán, Líbano, Francia, Ecuador o Chile solo para señalar algunos episodios. ¿Cuál ha sido el común denominador en todas estas movilizaciones? Muy probablemente, la insatisfacción con el funcionamiento de los diferentes sistemas políticos.

 

¿Ha culminado la insatisfacción con el sistema político? En absoluto. La pandemia ha puesto entre paréntesis las expresiones de protesta social como así también las condiciones que las hacen propicias. En Hong Kong se ha reiniciado el camino de la movilización precisamente a partir de un conflicto con el Estado en el cual se originó la epidemia: China. Casualidad. ¿O causalidad?

 

Podemos concluir, parafraseando a Haass, que en nuestra región el Covid.19 tiende a acelerar el curso de la Historia más que a redefinirla.

 

Dejá un comentario