Ni más cuarentena ni contagio general: hay un camino mejor

6 de mayo, 2020

 

Por Sebastián Galiani Universidad de Maryland & Iván Stambulsky Universidad de Buenos Aires

 

Los países que instalaron cuarentenas tempranas como Nueva Zelanda, Australia, Austria o Noruega luego de un mes tienen su situación controlada. Lograron ubicar el número efectivo de reproducción del coronavirus por debajo de uno (lo que quiere decir que n infectados contagian a menos de n personas) y hoy empiezan a volver a la normalidad. Por el contrario, los países que empezaron la cuarentena tardíamente como España, Italia, el Reino Unido o Estados Unidos enfrentan situaciones más difíciles, con miles de casos diarios que exigirán un mayor tiempo de aislamiento para llegar a una situación manejable.

 

En Argentina, con tan solo tres muertes atribuidas al coronavirus, el Gobierno inició una cuarentena general el 20 de marzo. Eso permitió una dinámica inicial como la del primer grupo de países que mencionamos en el párrafo anterior. Pero decretar una cuarentena general es solo el primer paso para contener la epidemia: si es efectiva, sirve para reducir la velocidad del contagio del virus mientras se diseña y pone en pie una estrategia de salida eficaz. En esta última parte, el Gobierno está fallando.

 

Si buscamos hacia adentro del Gobierno, las voces sobre cómo se planea seguir de acá en adelante son disonantes. Algunos integrantes del comité de especialistas querrían alargar la cuarentena casi dos meses más. Omar Sued, uno de ellos, lo pone de este modo: “La mayoría de los especialistas preferimos que se mantenga una cuarentena larga y estricta. Idealmente la cuarentena tiene que durar 12 semanas”

 

Otros miembros del comité que asesora al Presidente, en cambio, creen que el camino a seguir es el de la inmunidad de manada, esto es, que se contagie una cantidad de la población tal que el número efectivo de reproducción del virus caiga por debajo de uno y la epidemia desaparezca aun sin ninguna restricción al movimiento de personas. Carlota Russ, una de ellos, lo expresa de esta forma: “Lo que tenemos que hacer es administrar el contagio hasta que más de la mitad de los argentinos se haya contagiado y así inmunizado”.

 

 

Pero esos dos caminos son poco auspiciosos. Una cuarentena de tres meses parece imposible de sostener por muchas razones, y la más apremiante es la económica. Un informe reciente de la UIA sostiene que 72% de las empresas industriales tuvo una caída en las ventas mayor a 60%. Las empresas están quebrando. Las familias no la están pasando mejor. Muchos sindicatos se vieron forzados a aceptar reducciones de salarios y además se estima que la tasa de pobreza durante el primer semestre de 2020 rondaría el 50%.

 

En este contexto, el Gobierno intenta asistir a las empresas y a las familias afectadas por la cuarentena, pero el tamaño de ese desafío supera por mucho su espalda fiscal. Puesto en números: el paquete lanzado por el Gobierno implica un déficit primario de 6 puntos del PIB. A esto le tenemos que sumar también el déficit de los gobiernos subnacionales. Y como el Gobierno no tiene acceso al crédito, la única forma de financiar el déficit es con emisión monetaria, una alternativa riesgosa. Por estas razones, extender la cuarentena en el tiempo agravaría una situación económica y social que ya es muy complicada. En resumen, no luce como una opción verosímil.

 

Por otro lado, alcanzar la inmunidad de manada a través del contagio generalizado -al menos en un plazo corto de tiempo- también es prácticamente imposible: para que se infecte la mitad de los argentinos, como pretende Russ, harían falta 54.000 contagios por día en el lapso de un año. No hay sistema de salud en el mundo capaz de lidiar con semejante número de infectados. Además, si ese fuera el camino, el mes y medio de cuarentena que transitamos hasta hoy pierde toda racionalidad.

 

En la práctica, entonces, la trayectoria que creemos más probable en estas condiciones es la siguiente: en adelante, el Gobierno se verá forzado a aflojar considerablemente la cuarentena por el apremio económico e intentará apoyarse en instrumentos de distanciamiento moderado como el uso de barbijo y las instigaciones a la responsabilidad ciudadana para evitar el desborde sanitario. De hecho, ese proceso ya está ocurriendo (ver gráfico 1). Con la inclusión de cada vez más actividades exceptuadas, la cuarentena se viene relajando casi desde que comenzó.

 

Además, si aparece un nuevo brote -un acontecimiento de probabilidad no menor- es de esperar que el Gobierno intente establecer nuevamente una cuarentena. El ministro de Salud ya se manifestó en esa línea para las localidades en que la cuarentena ya se empezó a relajar: “Si [con el afloje] empiezan a duplicarse los casos y hay más mortalidad, volveremos a esta receta inicial [la cuarentena] que nos dio tan buen resultado.”

 

 

Esta estrategia equivale, entonces, a iniciar el camino que está recorriendo Suecia, pero tras dos largos y costosos meses de cuarentena que fueron utilizados solamente para expandir en alguna medida la capacidad del sistema de salud, que igualmente no podría lidiar con un crecimiento exponencial en el número de pacientes. No se aprovechó el tiempo, en cambio, para poner en pie un sistema que permita mantener controlado el número de casos.

 

¿Tenemos alguna alternativa a este camino pedregoso?

 

El caso de Corea del Sur: el 18 de febrero, Corea del Sur tenía tan solo 30 pacientes infectados con el nuevo coronavirus. Veinte días después, tras un gran brote originado en una seguidora religiosa que llegó a la localidad de Daegu, alcanzaba los 7.000 casos. En la primera semana de marzo, Corea tuvo 550 nuevos casos por día.

 

Sin embargo, en lugar de perder el control como otros países, para la semana del 15 de marzo Corea había logrado bajar los nuevos contagios a 100 casos diarios, y para la del 18 de abril, a menos de 10 casos por día. Lo más asombroso de todo esto es que lo logro sin establecer una cuarentena general. ¿Cómo hicieron?

 

Los expertos coinciden en que hay un instrumento que fue central en este logro: el sistema de testeo amplio, rastreo de contactos y aislamiento de infectados (para resumir: testeo y rastreo) que Corea puso a funcionar. La lógica de este sistema es sencilla.

 

En el caso del nuevo coronavirus, el aislamiento de las personas con síntomas no alcanza para controlar los contagios: varios estudios estiman que cerca de la mitad de la transmisión se origina en personas presintomáticas (esto es, que desarrollarán síntomas, pero todavía no los tienen al momento de contagiar a otros). Por ese motivo, es crucial que además de aislar a los casos sintomáticos se hagan esfuerzos por encontrar y testear a las personas con las que ellos tuvieron contacto estrecho, y de esta manera poder aislar también a los pacientes presintomáticos antes de que empiecen a contagiar a otras personas.

 

Cronológicamente, el sistema funciona así: cuando aparece una persona con síntomas se la testea. Si esa persona da positivo, un grupo de rastreadores rápidamente se dedica a averiguar a través de entrevistas telefónicas con ese infectado (en Corea usaron también cámaras de seguridad, datos de pagos con tarjeta y geolocalización del celular) a quiénes puede haber contagiado. Le preguntan al infectado en cuestión con quién vive, con quién trabaja, con quién se reunió, etcétera. Una vez que se encuentran esos contactos, se los insta a aislarse hasta que se los pueda testear. Con aquellos contactos a los que el test dio positivo se inicia nuevamente el mismo proceso y se los aísla hasta que estén recuperados. Un dato alentador es que no hace falta capturar a todos los contactos de un infectado para que esta estrategia sea efectiva. Varios estudios sugieren que si se rastrea a aproximadamente el 60% de los contactos y se complementa esta herramienta con el uso generalizado de barbijos, se puede bajar el número de reproducción efectivo del virus a menos de 1 y con esto suprimir la epidemia.

 

En Corea la gente prácticamente no dejó de ir a trabajar (ver gráfico 2). Hoy, con la epidemia controlada, empiezan a volver a disfrutar de sus playas. Ni contagio general para conseguir inmunidad de manada, ni cuarentena intermitente: hay una salida superadora. Se llama testeo y rastreo. Este sistema es el que tiene que poner en pie la Argentina para salir de la cuarentena sobre bases firmes y minimizar los riesgos de que aparezca un nuevo brote. Y esto es válido tanto para un intento de apertura abrupta como para un intento de apertura secuencial: siempre tener un sistema de testeo y rastreo es necesario para ganar seguridad de que los contagios se mantendrán controlados. Otros países ya lo hicieron. Solo tenemos que imitarlos.

 

Objeciones

 

Cuando se propone esta estrategia aparecen varias objeciones. Muchas de ellas esbozadas por los propios asesores del gobierno. Todas, creemos, equivocadas. Veamos.

 

“Esto solo se puede hacer en países en los que la población tolera mucho control”

Entre los exponentes de este argumento está Sued, asesor del Gobierno, que expresó este argumento en una entrevista. Pero… ¿qué es la cuarentena general (su instrumento preferido) sino una de las formas más extremas de control que se hayan establecido en nuestra historia? Millones de personas sanas e inocentes privadas de toda libertad. Recluidas compulsivamente. Esta verdad obvia la reconocen muchos gobiernos occidentales, como por ejemplo el de Alemania, Austria, Australia, Suiza o San Francisco. Estos gobiernos están usando o usaron sus cuarentenas para poner en pie un sistema como el de Corea del Sur.

 

“Esta estrategia requiere muchos tests. No tenemos la capacidad tecnológica para hacerlos y además es muy caro. Adicionalmente, aunque quisiéramos, no se consiguen los tests en el mundo”.

Asesores del Gobierno como Pedro Cahn o Sued expresaron variaciones de este argumento. Vamos por partes.

 

  • “Esta estrategia requiere muchos tests…”. El criterio de testeo para implementar esta estrategia tiene que ser amplio. Hay que testear a todas las personas con síntomas y a los contactos de los positivos. Pero Argentina -gracias a la cuarentena- tiene pocos casos diarios, por lo que esta estrategia no requerirá tantos tests. Se calcula que para llevarla adelante deberíamos realizar unos 7.000 tests por día. En la última semana, Chile realizó 7.200 tests diarios teniendo la mitad de la población que Argentina.

 

  • “No tenemos la capacidad tecnológica para hacerlos…”. Sí, la tenemos. Hace poco, un alto miembro de la cámara que nuclea a las empresas privadas de salud explicó que los laboratorios privados pueden hacer 7.500 tests por día. Los laboratorios públicos, por su parte, pueden llegar a 4.100. 11.600 tests diarios en total, que superan ampliamente la necesidad que se estima tenemos para implementar esta estrategia.

 

 

  • “…y además es muy caro”. No. Cara es la cuarentena generalizada. Según distintas consultoras que estimaron los costos de esa medida, cada día de cuarentena nos cuesta entre US$ 500 y US$ 800 millones. Para poner en perspectiva: la provincia de Buenos Aires compró 150.000 tests a US$ 20 cada uno. Si se quisiera hacer 7.000 tests por día durante seis meses, costaría US$ 25 millones. Para hacer el test hay otros costos además del kit, pero agréguele el lector todos los costos que quiera y no llegará nunca al valor de la producción perdida en un solo día de cuarentena. Lo mismo vale para los rastreadores que se necesitan. Si se quisiera contratar 9.000 (que es la cantidad que utilizó Wuhan con una epidemia descontrolada) y el costo de cada uno fuera de $100.000 por mes (seguramente sería menor), el costo total durante 6 meses sería de US$ 75 millones. Una
    suma mucho menor que la pérdida estimada durante un día de cuarentena. El sistema de testeo y rastreo es la mejor inversión que podemos hacer.

 

  • “…aunque quisiéramos, no se consiguen los tests en el mundo”. Sí, se consiguen. Desde principios de mayo, según información publicada, el Ministerio de Salud tiene en su poder 700.000 kits de test PCR. Ello alcanza para realizar 7.000 test por dia durante más de tres meses. Suficiente para poner a andar esta estrategia mientras se espera a que lleguen más tests.

 

¿Ustedes qué saben, si son economistas y no epidemiólogos?

Lo que proponemos no se nos ocurrió a nosotros: es lo que diseñaron epidemiólogos y virólogos expertos de los países que mejor lidiaron con este problema (como Corea del Sur) y es lo que exigen y están tratando de hacer muchos prestigiosos expertos a nivel mundial de los países occidentales que no estaban preparados para la pandemia (como los de Austria, Alemania o Suiza). Por último, lo explicita la Organización Mundial de la Salud como uno de los seis criterios que se recomienda cumplir a los países que planeen relajar la cuarentena: “El sistema debe tener las capacidades para detectar, testear y aislar a cada caso y rastrear a cada contacto.”

 

La estrategia de cuarentena larga, salida improvisada y vuelta intermitente es una mala idea. Es probable que termine en una crisis económica y/o un desborde sanitario. Afortunadamente hay una opción mejor: el sistema de testeo y rastreo. Como hay pocos casos diarios, tenemos una gran oportunidad de ponerlo en pie. Aprovechémosla.

 

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