Los desafíos que nos dejará el coronavirus

7 de mayo, 2020

coronavirus china

 

Por Marcelo Revich Socio de S&A

 

Evidentemente algo ha cambiado y mucho y aún queda un largo camino por recorrer. Todos hemos sido atravesados por este tsunami llamado Covid-19 y hemos tenido que adaptarnos.

 

Tanto en lo social, desde los vínculos más cercanos hasta aquellos que no lo son tanto, hemos tratado de mantenernos “cerca” tratando que el distanciamiento físico no fuera también un distanciamiento emocional. Desde lo educativo, con la incertidumbre de no saber qué ocurrirá con este 2020, que ya muchos dan como perdido.

 

Y obviamente en lo laboral, donde hemos tenido que implementar distintas herramientas a fin de poder mantener los servicios funcionando y a veces hasta improvisando sobre la marcha la resolución de distintas situaciones.

 

Afortunadamente el instinto de supervivencia del ser humano se enciende en los momentos de extrema necesidad y angustia como lo que nos toca vivir hoy y nos empuja a mirar hacia adelante y resolver. También sabemos que en algún momento esta crisis terminará y la vida deberá seguir su curso igual. La pregunta es si deberá seguir igual. Es un hecho, demostrado a lo largo de la historia, que todas las grandes crisis sacan lo mejor y lo peor de las personas. En este tiempo hemos visto y seguiremos viendo, desde los actos más solidarios a los más miserables.

 

La clave será entonces en cómo deberemos seguir después y la forma de poder capitalizar e internalizar todas aquellas enseñanzas que seguramente el Covid-19 nos dejará a todos.

 

Las empresas “early adopters” de la transformación digital se encontrarán con un escenario más favorable en el presente contexto. Con un camino ya recorrido que le otorgará ciertas ventajas comparativas.

 

Las que aún se encuentran más lejos del “mundo digital”, comenzaron obligadas por las circunstancias con pequeñas herramientas tales como el home office, pero se verán beneficiadas, a largo plazo, con este enorme “incentivo” para empezar a ponerlas en práctica, ya que tarde o temprano, nadie duda que ese es el camino a seguir para todos.

 

Respecto a la educación, hoy en día, por obligación y producto del cierre de las escuelas, se ha tenido que prácticamente improvisar la manera de poder atender la demanda escolar de la mejor manera. Y es muy valorado el trabajo incansable de los maestros para conservar el vínculo con sus alumnos.

 

Quizás, viendo el medio vaso lleno (que siempre lo hay), es un buen momento para retomar y volver a evaluar seriamente el concepto de “escuela al revés”, donde el fundamento se basa en la educación a partir de aprender desde casa (por vídeos y libros) y realizar el trabajo colaborativo, es decir las consultas a los profesores y la sociabilización con los pares, en clase.

 

Por último, esta pandemia nos vuelve a enseñar que, de una vez por todas, debemos contar con políticas públicas coherentes y sostenibles a largo plazo.

 

Esta crisis ha desnudado una enorme fragilidad estructural producto de décadas de desinversión. Los que nos gobiernan (del signo político que sean), deben tener como prioridad absoluta el bienestar general y mucho más en tiempos de crisis. Todos los gestos valen y son necesarios, aun los que puedan parecer insignificantes. Mi padre solía decir “hay que ser y parecer”. No es momento de oportunismos.

 

El país no resiste más este gigantismo estatal y el nivel enorme de gasto público innecesario. Italia por caso redujo su cantidad de parlamentarios, con un ahorro estimado de US$ 500 millones. ¿Por qué nosotros no?

 

Está claro que la prioridad es salir cuanto antes de esta crisis y los más indemnes que sea posible, tanto en términos de salud como económicos. Es, como lo han definido muchos, una guerra. Pero también es verdad y más importante aún, que estamos ante una gran oportunidad.

 

Debemos aprovechar e instalar muchos de los cambios positivos que se han producido por obligación y abrazarlos con convicción.

 

Nuestra tarea deberá ser, en los ámbitos donde nos toque participar, la de fomentarlos, transmitirlos, mejorarlos, repensarlos y fundamentalmente exigir y exigirnos a todos a cumplirlos para poder ser mejores.

 

Depende de todos.

 

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