Llegaron los primeros fríos

7 de mayo, 2020

Por Alejandro Radonjic 

 

Los empresarios se mueven con cuidado. Es lógico. No es momento de ser incendiarios, aunque sus empresas se estén incendiando. Hay una pandemia en el mundo, no hay vacuna a la vista y hay cientos de miles de vidas en juego. La cuarentena, con sus diversas variantes urbi et orbi, es el único método de cuidado y nadie está en contra de eso. En general, cuanto menos. Hay cierta presión para ir normalizando gradualmente, cuidado tanto el frente sanitario como el económico.

 

Con ese mar de fondo, ayer hubo un encontronazo entre la influyente Asociación Empresaria Argentina (AEA) y el Gobierno. Por la mañana, los grandes empresarios publicaron un breve comunicado. “Desde la ciudadanía y el gobierno de nuestro país hemos hecho un esfuerzo muy importante y exitoso para contener la propagación del coronavirus. Este logro tiene que consolidarse y para ello deben alentarse acciones que posibiliten una vuelta ordenada al trabajo y la producción, manteniendo las medidas de protección a los trabajadores, preservando la seguridad de las personas y el distanciamiento físico. Ello implica darle especial prioridad a mantener vivo el aparato productivo de nuestro país.

 

Por este motivo, es imprescindible apoyar la red de empresas pequeñas, medianas y grandes que, en conjunto, constituyen cadenas de valor que hacen posible la producción, el empleo y generan exportaciones desde Argentina. Para que las empresas puedan cumplir plenamente su papel decisivo en el proceso de recuperación económica, es fundamental evitar la ruptura en la cadena de pagos interna así como la cesación de pagos externa o default. El acceso al crédito internacional mejorará las perspectivas económicas, generará más empleo privado y favorecerá la realización de inversiones productivas en el país”, dijo AEA, que nuclea a pesos pesados como Luis Pagani, Paolo Rocca, Alfredo Coto y Héctor Magnetto, entre otros.

 

Por cierto, la preocupación del mundo privado excede por largo a los grandes empresarios de AEA e incluye a hombres y mujeres de negocios de otros tamaños, así como también a los que trabajan allí.

 

Varios elementos confluyeron en la misiva de AEA. Además de la tendencia a relajar la cuarentena, más medidas de apoyo a las pymes (no sólo que vuelvan a trabajar gradualmente sino que el Estado financie su “gap” entre ingresos y egresos) y, por último, evitar el default. Allí AEA fue un poco más allá que otras cámaras que se limitaron a apoyar la propuesta. La cámara dice que “es fundamental evitar” un default y manda un mensaje. “Si la oferta no es aceptada por los acreedores, hagan una nueva pero no entren en un default”, parece ser el pedido a la Casa Rosada.

 

Por cierto, un default caería muy pesado en el mundo empresarial. No sólo por las complicaciones inherentes para las compañías, como tasas de financiamiento internacional prohibitivas sino por el impacto sobre la economía general (recesión aguda, cuarentena más default es una Triple Nelson) y, también, por la señal política que implicaría, hacia adentro como hacia afuera. Si bien son varios los emergentes con complicaciones, el único que está al borde de un default es Argentina.

 

Alberto contestó

 

El Presidente recogió el guante ayer en declaraciones a Radio Con Vos y apuntó contra AEA. “Yo no puedo entenderlos y no sé desde que lugar hablan. El Estado, todos los argentinos, lee estamos pagando el 50% de los sueldos de sus empleados para mantener en pie el sistema productivo para que todo funcione de vuelta cuando salgamos de la cuarentena. ¿Desde qué lugar están hablando? Hay que moverse con cierta prudencia en estos casos”, aseguró. “Me impresiona la liviandad con la que muchos opinan”, agregó y criticó a quienes piden ayuda estatal y, por otro lado, critican el aumento del déficit fiscal.

 

 

“El sector empresario está muy preocupado por la inevitable caída de la economía argentina en lo que resta del año, a lo que obviamente se debe añadir la incertidumbre derivada de la negociación de la deuda. Lamentablemente nuestra economía ya venía muy resentida desde varios meses antes del inicio de la pandemia, y el Gobierno cuenta con muchas menos herramientas financieras para amortiguar la caída, a diferencia de lo que ocurre en otros países. Es de esperar que en 2021 ocurra una reactivación, que de todos modos estará lejos de permitir recuperar lo que se pierda este año”, dice un empresario industrial ante El Economista.

 

“La política difícilmente desconozca el impacto de continuar con la cuarentena. Pero son decisiones muy complejas, no son lineales, ni hay una sola respuesta correcta. Esperamos confiados que en los próximos días se decida seguir abriendo nuevas actividades para que la rueda de la economía comience lentamente a funcionar de nuevo”, agrega.

 

Días clave

 

Se avecinan días importantes: el viernes, vence la propuesta de Martín Guzmán y, si bien se descuenta un rechazo, será clave monitorear el “wording”. ¿Pateará el tablero y dirá “hasta acá llegamos” o se inclinará por una nueva propuesta endulzada? Cuarenta y ocho horas después, expira la fase de la cuarentena en curso y se espera el mensaje presidencial. Se descuenta otra extensión, pero será clave la “letra chica” (es decir, las nuevas actividades admitidas) y las perspectivas hacia adelante.

 

Los fríos y el pico

 

Por si todo eso no fuera poco, llegaron los primeros fríos. “Los países desarrollados ya pasaron lo peor de la tormenta (el pico del contagio) y ahora marchan hacia el verano en donde las enfermedades respiratorias, en general, tienden a amainar (…) Argentina, en cambio, todavía no tuvo la tormenta (el pico del contagio). No sabe cuándo la va a tener y si la va a tener. Como agravante, si el momento de mayor riesgo es el invierno, cuando se producen los picos de enfermedades respiratorias, todavía le falta transitar dos meses antes de llegar a julio/ agosto”, advirtió ayer Jorge Colina (Idesa) en las páginas de El Economista.

 

Es el peor de los mundos: no llegó el pico, la economía ya está con severas problemas y el margen de las políticas contracíclicas se va agotando. ¿Quién pagará los salarios de mayo? ¿Y los de junio? El Indec dijo ayer que, en marzo (que fue un mes casi normal hasta el 20), la industria se desplomó 16,8% interanual y la construcción, casi 50%. Los datos de abril y mayo serán temerarios. Ayer, Adefa dijo que la producción cayó 100% el mes pasado.

 

La salida no será rápida y se irán abriendo algunas actividades paulatinamente, como ya anticipó el Ministerio de Desarrollo Productivo. Pero cuando vayan quedando atrás las restricciones a las que obligó el coronavirus, la recuperación tampoco será rápida.

 

La oferta estará en condiciones de operar con cierta normalidad, pero la demanda tardará en volver y algunos sectores (ciertos servicios, sobre todos) estarán en problemas para reconvertirse.

 

La pandemia va a dejar una tasa de desempleo más alta, salarios más bajos y, además, los sectores más intensivos en mano de obra serán los últimos en retomar la actividad. Además, con familias fuertemente endeudadas. No habrá condiciones para una recuperación rápida. Las medidas del Gobierno apuntan a sostener los ingresos y el empleo, pero la contribución desde el Estado pagando salarios y otros mecanismos no se pueden sostener eternamente. Cuanto menos, sin costos colaterales.

 

Es un momento para tener creatividad para poder combinar medidas sanitarias con cierta reapertura de la economía. Además, será clave apostar por la responsabilidad social y los cambios en los hábitos personales que traerá la pandemia.

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