Epidemiólogos y economistas

5 de mayo, 2020

Epidemiólogos y economistas

 

Por Pablo Mira Docente e investigador de la UBA

 

La potencial disyuntiva entre salud y economía tiene su correlato en las respectivas profesiones. Desde el punto de vista analítico, hablamos de los epidemiólogos y los economistas teóricos. Ambos trabajan con “modelos” que tratan de identificar pistas sobre la realidad, y también aportar recomendaciones de política. Si bien en el presente los epidemiólogos llevan ventaja porque siempre trabajaron con modelos de trasmisión de enfermedades, los economistas tienen la posibilidad de utilizar estos trabajos anteriores y aplicarlos al análisis de los costos económicos derivados de las restricciones imperantes. Ambas disciplinas trabajan con conocimiento las cuestiones estadísticas y de riesgo, pero algunos economistas son capaces de incorporar además los impactos macro y microeconómicos.

 

Hace unas pocas semanas el economista Tyler Cowen, que ganó fama gracias a su blog “Marginal Revolution”, publicó allí una serie de críticas personales a los estudios de los epidemiólogos.

 

  • Primero, Cowen remarca que estos trabajos no consideran suficientemente el hecho de que la conducta económica humana se ajusta en el largo plazo a las nuevas restricciones. La gente aprende sobre cómo cuidarse mejor, y las empresas acomodan el formato de sus negocios a la nueva realidad.

 

  • Segundo, critica la falta de los “errores de política” en sus modelos de contagio, volviéndolos en algunos casos exageradamente optimistas.

 

  • Finalmente, Cowen destaca que los epidemiólogos no siempre atienden al efecto que los economistas denominan “riesgo moral”: si la gente percibe que llevar una máscara asegura contra el virus, podría arriesgarse más. Cowen finaliza la nota algo incómodamente, consultando credenciales de los epidemiólogos a fin de chequear sus capacidades y posibles sesgos.

 

Un comentarista llamado Matthew Bonds, PhD en Economía y también en una especialidad de epidemiología, contestó amargamente que la nota de Cowen le parecía innecesariamente agresiva. En su larga respuesta (que Cowen caballerosa y honestamente publicó en su blog), Bonds listó los principales trabajos epidemiológicos y cómo ellos también se basaban en las ideas más robustas de la historia del pensamiento económico. El comentarista señala que no hay modelos epidemiológicos preparados para tratar con el Covid-19 y que por eso debe trabajarse con un espíritu más colaborativo que competitivo.

 

Mientras tanto, los economistas tampoco muestran una convergencia clara en sus resultados. La discusión sobre los costos económicos durante la pandemia continúa, y está lejos de alcanzar un consenso. Un trabajo completado en estos días de Lin y Meissner analiza los costos de las restricciones gubernamentales (aislamientos, distancia social, etcétera) y no logra hallar demasiada evidencia de que haya una relación negativa entre salud y economía. Aprovechando que en Estados Unidos no todos los estados tomaron las mismas medidas, estos economistas muestran por ejemplo que los pedidos de subsidio por desempleo no son estadísticamente diferente en estados con y sin restricciones. Si bien son provisorios, estos resultados sugieren que muchos de los costos de la pandemia no provienen solo de restricciones artificiales sino también de la propia decisión de algunas firmas y trabajadores de evitar contagiarse. Por supuesto, este efecto es probablemente mucho más decisivo en los países más desarrollados.

 

Los economistas tenemos un término que bien podría aplicar a las circunstancias que hoy vivimos. Ese término es “learning by doing”, es decir, aprender haciendo. Muchos investigadores de diversas profesiones están aprendiendo mientras estudian este fenómeno que, por su propia naturaleza, es incierto y potencialmente muy peligroso. La cooperación interdisciplinaria no es fácil, pero en el presente resulta absolutamente esencial teniendo en cuenta los conflictos multidimensionales que trae la pandemia.

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