El Mercosur sigue empantanado

8 de mayo, 2020

Por Héctor Rubini Economista de la Universidad del Salvador (USAL)

 

La decisión de Argentina de desmarcarse de sus socios del Mercosur en las negociaciones con algunos países generó una percepción de fractura que se mantiene sin cambios. Ayer los representantes de los miembros del bloque mantuvieron una videoconferencia en la que la Argentina se mostró a favor de que el bloque negocie en conjunto acuerdos comerciales, priorizando la defensa de la producción y del empleo nacional.

 

El comunicado difundido por la Cancillería en su página web sostiene que el coordinador por parte de Argentina, Jorge Neme, sostuvo la postura de que el Mercosur debe estar integrado al mundo, pero protegiendo “sus sectores sensibles, el trabajo y la creación del valor agregado en la región, en lugar de una “apertura frívola que exponga su estructura de producción a la competencia externa”. La postura respecto de las negociaciones con Canadá, Corea del Sur, Líbano y Singapur es la de avanzar conjuntamente, pero protegiendo a los sectores vulnerables de la economía argentina.

 

Formalmente se mantiene el bloque sin cambios, pero sustancialmente se preserva una postura en las antípodas de la decisión impulsada por Brasil, con el apoyo de Uruguay y en menor medida de Paraguay, de avanzar en esas negociaciones. A diferencia del Gobierno de Argentina, entienden que una mayor apertura no significa per se una inundación de productos que liquide empresas y empleos locales, sin potenciales ganancias para el bloque.

 

Si bien las expresiones de ayer mantienen las formas, no significa un apartamiento de la postura mantenida en la videoconferencia del pasado 24 de abril, que los demás socios del bloque han entendido como la “retirada parcial” de Argentina del Mercosur. Sin novedad a partir de la videoconferencia de ayer, el futuro del bloque depende en gran medida de lo que decidan Brasil, Paraguay y Uruguay. Tanto en lo relacionado con las negociaciones comerciales con otros países, como respecto del grado de “paciencia estratégica” con Argentina, si es que se apuesta a sostener el Mercosur como algo más que una simple fachada diplomática.

 

En todo caso, quedaría como un grupo desflecado, con tres países avanzando en acuerdos comerciales con el resto del mundo, Argentina en un limbo como una suerte de socio de “segundo nivel” y Venezuela suspendido por tiempo indefinido.

 

La no reversión en el corto plazo es inevitable. El Gobierno de Argentina mantiene una postura mercadointernista, proteccionista, mientras el resto entiende que el comercio más libre y diversificado es una fuente de oportunidades y no de perjuicios. Una diferencia conceptual y política que, sin cambios en discursos y gestos públicos, es irreconciliable.

 

Si se está a favor del libre comercio y el multilateralismo, se está rechazando el mercantilismo, el bilateralismo y el proteccionismo (con sus más y sus menos). Ciertamente el mundo no tiene un solo país estrictamente en un polo o en el otro, pero el sesgo de las políticas y de las negociaciones muestra claramente la distancia entre un discurso si se quiere globalista o internacionalista, y otro globalifóbico, pro-autarquía, y que algunos funcionarios del Gobierno brasileño no dudan en calificar despectivamente como “bolivariano”.

 

En esta semana, varios funcionarios de la conducción de Cancillería han reafirmado que no se está pensando siquiera en ninguna forma de salida del Mercosur. Pero no es claro si el Mercosur que se tiene en mente en cada país miembro es el mismo. Si el de un bloque de progresiva integración al mundo, para crear y no desviar comercio, o el de un instrumento para detener o evitar compromisos de mayor liberalización de los flujos de bienes, servicios, personas y capitales.

 

En la medida en que no se resuelvan las diferencias que han emergido en los últimos días, las dudas sobre la solidez institucional del bloque conducirán al desinterés de otros países y a la progresiva sustitución de las negociaciones en curso por el avance de tratados negociados individualmente por Brasil y los demás miembros del bloque. Algo que probablemente ante la pandemia del Covid-19 no registre avances ni definiciones significativas al menos hasta el año próximo.

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