El ciclo del Covid-19

12 de mayo, 2020

Por Pablo Mira Docente e investigador de la UBA

 

En algún momento, la crisis pasará. No, no soy un entusiasta de la infame frase grabada en el anillo de un ex presidente de la Asociación del Fútbol Argentino. Solo me baso en la hasta ahora imbatible capacidad humana para levantarse ante las contrariedades.

 

Estamos ante una crisis que significó un parate prácticamente sin antecedentes. Se trata de una contracción que no se compara siquiera con los grandes cracks históricos de las Bolsas más grandes del mundo. Y no todas las “recuperaciones” han sido iguales. Tras las guerras mundiales, por ejemplo, las economías florecieron durante un buen tiempo. La Gran Recesión de 2008-2009 se sobrepasó pronto, pero dejó a varias economías anémicas, sobre todo en la periferia europea. Y la Gran Depresión de los años 30s duró mucho más allá del estricto shock negativo de la Bolsa de Nueva York. ¿Qué podemos esperar de este novedoso ciclo Covid-19?

 

La respuesta corta es, por supuesto, que no sabemos. Pero en lo que sigue intentaré aportar algunos criterios para quienes estén en la búsqueda de una respuesta más concreta. Lo primero que recomendaría es evitar la excesiva agregación del análisis: las recuperaciones por sector y por región seguramente varíen mucho y conviene distinguirlas para elaborar una diagnóstico más preciso.

 

Otro punto de atención debe focalizarse sobre el futuro comportamiento de la demanda. Vale preguntarse si la salida se concentrará en el consumo o en la inversión. Tras la pandemia, es razonable pensar en una reacción a la suba del consumo pendiente o de amortización de durables, con un elevado multiplicador como resultado de la reactivación de las cadenas de pagos. Del lado de la inversión, la construcción podría mostrar un salto rápido. El interrogante será la inversión pública, tras el elevado costo fiscal provocado por la crisis.

 

Una ventaja que en lo inmediato se puede aprovechar es que la balanza comercial ampliará este año su resultado positivo, dando cierto espacio para liberar las necesidades productivas y atender la demanda de consumo de las familias, pero el factor esencial que gobierna la disponibilidad de reservas seguirá siendo el resultado del canje de deuda, que define predominantemente las expectativas de los ahorristas de todo tipo.

 

Sin embargo, este saldo positivo de la balanza comercial no deben interpretarse como una fuente de expansión productiva. Las exportaciones reales netas tardarán en reponerse y seguramente no cuenten como motor del crecimiento por un tiempo (en general, pocas veces lo han sido). En cuanto a las exportaciones industriales, que suelen contribuir dinamizando encadenamientos productivos, su evolución dependerá de la capacidad de Argentina de encontrar algún “nicho” de mercado relacionado con las nuevas costumbres internacionales que la pandemia pueda difundir. Toda la recuperación, por ende, debe apostarse al mercado interno.

 

Por supuesto, persisten las dificultades técnicas que afectarán el funcionamiento normal de la economía durante un buen tiempo. Las actividades que dependen de las aglomeraciones, el miedo de los consumidores a salir a la calle, y la reorganización de la infraestructura para adecuarla a los nuevos tiempos demandarán un período de corrección. Sin embargo, si la salida resulta en un entusiasmo de las expectativas, algunos miedos pueden ir quedando atrás. Las actividades de restauración, además, requerirán de más empleos.

 

El resultado final, como dijimos al principio, es incierto. Quizás una de las escasas ventajas en el horizonte pospandemia sea que hemos aprendido cómo tratar con la siguiente. Será al momento de la llegada de este nuevo shock cuando repararemos en que, una vez más, nada se parece al pasado conocido.

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