Cuarentena, apertura y después

14 de mayo, 2020

 

Por Mauro Becerra Especialista en Comunicación Política

 

Desde que en el último día de 2019 se confirmó el primer caso de coronavirus en la provincia china de Wuhan, hasta los testeos casa por casa en el Barrio 31 o en la villa 1.11.14 del Bajo Flores, mucho ha pasado. Argentina, que iniciaba este año en un momento de definiciones políticas y sociales poscambio de Presidente, debió reorientar sus prioridades y comenzar a trabajar en contener una amenaza, directa como pocas veces, a la salud de sus habitantes.

 

Luciano Elizalde nos recuerda en “Gestión de la Comunicación Pública” que cualquier acontecimiento que entra en el escenario público será “objeto de juicio, de evaluación, de resultado en la sociedad y en los agentes de decisión”. El momento político en el que el asunto coronavirus entró en la agenda pública argentina era, por contexto, complejo.

 

Era el caldo ideal para la confusión, las rencillas o la búsqueda de oportunidades políticas individuales. Con esto en mente, es justo reconocer que el Gobierno logró encolumnar a la sociedad de manera temprana en un camino que podrá tener mejoras, pero que aparece como el correcto para evitar el aumento desmedido de casos y víctimas fatales. Y en esto, la comunicación política fue una parte indispensable.

 

En los primeros tiempos, el andar fue dubitativo. No se prestó atención a las alertas tempranas que hubo sobre el tema durante fines de diciembre y el mes de enero. Las declaraciones tampoco ayudaron. De acuerdo a un orden lógico, el primer vocero que abordó el tema fue el ministro de Salud, Ginés González García. En pleno verano, sentenció en una radio porteña “que no había ninguna posibilidad de que exista coronavirus en Argentina”, frase que relativizó en la misma entrevista segundos después, pero que por su contundencia ya se había transformado en título. A fines de febrero, otra sentencia no deseable fue “el coronavirus no es un síndrome tan grave como se cree”. Completa la tríada el haberse reconocido sorprendido por el virus, cuando ya había argentinos contagiados, días antes de que el país entrara en cuarentena. Esta seguidilla no fue gratis y terminó desencadenando un cambio en su equipo de comunicación.

 

Arriesgando un escenario, podemos decir que en esos primeros días de marzo, el asunto coronavirus cambió de esfera para el Gobierno. El 11 de ese mes la Organización Mundial de la Salud (OMS) declara “pandemia” al coronavirus y el Presidente decretó, a raíz de esto, la emergencia sanitaria. Esta terminó siendo el paso previo al aislamiento social preventivo y obligatorio anunciado el 20 de ese mes.

 

Y en este cambio fue cuando Alberto Fernández logró sumar capital político. La propuesta de cuarentena dio respuesta a un pedido de protección que estaba presente en todos los sectores de la sociedad argentina. Esto le granjeó apoyo de la gente, como se puede ver en la casi todos los estudios de opinión pública del último mes. Como decía, la comunicación hace su parte y en eso el Presidente fue efectivo.

 

Si hacemos foco en sus anuncios relacionados al virus, veremos que fue un orador aplomado y claro; asertivo en su gestualidad y discursivamente antigrieta. Buscó construir por sobre las diferencias y dio espacio a referentes opositores o de distintas líneas, como gobernadores, intendentes o el jefe de gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Horacio Rodríguez Larreta. Mostró liderazgo y lo capitalizó en dos vías: hacia la sociedad y hacia el interior de su propio Gobierno, donde muchos espacios de poder responden a la vicepresidente Cristina Fernández de Kirchner.

 

Todo muy lindo, pero está cuestión está muy lejos de estar resuelta. El Presidente ha usado las herramientas más potentes que tenía a su alcance, con el daño económico y el malestar social que ellas implican y todavía el coronavirus es un problema. Hoy la fase 3 en el AMBA es un modo de decir, porque la cuarentena se flexibiliza desde el Gobierno y también, de hecho, en la misma gente. Los barrios humildes aumentan su cantidad de casos, y eso que ni hemos empezado el invierno. El puerto de llegada es la nueva normalidad, que incluye condiciones especiales para el transporte público, la educación y el comercio. Falta mucho, pero hay lecciones aprendidas que pueden allanar el camino para dejar atrás al coronavirus de manera definitiva para todos. Esperemos que sean tenidas en cuenta.

 

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