¿Cómo se debe medir la inflación en este contexto?

13 de mayo, 2020

Por Enrique Pizarro

 

Mañana, el Indec dará a conocer el Indice de Precios al Consumidor (IPC) correspondiente a abril. Esta vez, las expectativas en base a las mediciones privadas son dispares: algunas estiman que durante el cuarto mes del año el índice promedio se ubicó por debajo del 1%, mientras que para otras el incremento estuvo cerca del 2%. En todo caso, se trata de cifras significativamente inferiores respecto al 3,3% que el organismo oficial registró en marzo.

 

Sin embargo, en este contexto, algunos especialistas señalan que la medición de la inflación es imprecisa y que podría no estar reflejando realmente la evolución de los precios y del costo de vida. Uno de los factores que enumeran, entre otros, es que en el marco de la parálisis de una buena parte de la actividad hay muchos rubros que no están registrando variación en sus precios.

 

“Es un tema complejo. Son pocos los precios que hay a disposición, por lo cual asumo que va a haber una gran dispersión en todos los índices privados, y un índice del Indec, que va a ser el más confiable, pero que obviamente va a tener algunas dificultades para ver la realidad”, afirmó ante El Economista Federico Moll, director de Ecolatina.

 

Luciano Cohan, director de Seido, señala que actualmente hay una gran parte de los productos que se siguen comercializando normalmente y otros donde no hay precios. Sobre estos últimos, pone el ejemplo de las peluquerías, que al no variar los precios por no estar funcionando “se dejan los mismos precios del mes anterior”. “No es que esto subestime la inflación, pero implica un cambio metodológico”, aclaró, al tiempo que remarcó que el contexto trae varios problemas metodológicos y que muchos de ellos no tienen solución en el corto plazo.

 

Pero, siguiendo su análisis, lo más importante a tener en cuenta aquí es que la inflación se mide asumiendo que la canasta de consumo no cambia. Para determinar dicha canasta, se toma un año o momento base, posiblemente de la encuesta de gasto de los hogares.

 

“En este contexto, evidentemente, la canasta de consumo de los hogares cambió, y mucho, con lo cual la distorsión del IPC tiene mucho más que ver con esto”, explicó. “Aún si se pudiera medir bien los precios, lo cual no es posible, la gente está consumiendo otras cosas. Por lo tanto, el índice de precios al consumidor no va a estar reflejando bien el promedio del costo de vida de la gente”, aseguró Cohan en diálogo con El Economista.

 

Por su parte, Moll considera que el hecho de que no haya precios para algunos rubros, si bien comenta que es uno de los problemas para medir en este momento, no es tan relevante, teniendo en cuenta que el Indec tiene una metodología para aplicar en estos casos: imputa la variación de un rubro de acuerdo a su nivel superior.

 

“El mayor problema es que no se puede salir a la calle a buscar precios, incluso de aquellos bienes y servicios que hoy se están comercializando, ya que por el contexto el personal que hace los relevamientos de los precios no está pudiendo hacer trabajo de campo. Y hay algunos rubros, como alimentos y bebidas, especialmente en carnes, verduras, frutas y panificados, en donde los precios de los comercios de cercanía tienen mucho más peso que los de los supermercados”, indicó.

 

Moll señala que para obtener los precios de los supermercados se pueden sacar a través de internet o solicitándolos directamente (Cohan advierte que esta práctica puede generar sesgos), pero que para el caso de los comercios de cercanía no hay ningún tipo de acceso a los precios. “En este caso, toca imputar de acuerdo a la evolución de otros precios. Una estrategia sería darle algo parecido a los supermercados. Otra sería tratar de buscar por otros medios algunos precios de algunos comercios de cercanía”, explicó, aunque resaltó que en todo caso no será un relevamiento ideal.

 

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