¿Trump quiere sanar o acabar la gestión solidaria de la OMS?

20 de abril, 2020

trump davos

 

Por Jorge Riaboi Diplomático y periodista

 

La pasada semana tres reacciones interconectadas reflejaron el nivel de despiste de la clase política. La primera, fue el absurdo congelamiento de los aportes estadounidenses a la Organización Mundial de la Salud (OMS) hasta saber cuán “comprensiva” fue la Secretaría de ese foro con el gobierno de Xi Jinping cuando nacía, en territorio chino, la pandemia del Covid-19. Pekín intentó atribuir la existencia del virus a una operación de la CIA, ardid que solo cosechó una amarga sonrisa.

 

La segunda, surgió del paralelo anuncio de Francia, el Reino Unido, Bélgica y otros gobiernos que comparten el interés de Washington por dilucidar con China, y con la Secretaría de la OMS, si hubo una deliberada e irresponsable falta de transparencia en los reportes de ese gobierno durante el último bimestre de 2019. Varios países del Atlántico Norte creen que se omitieron datos de los primeros casos de infección que dieron origen a la actual pandemia y que hubo una prematura certificación de la OMS sobre el fin del ciclo de contagios. Especialistas de la Universidad de Berkeley, de Australia, de la República Popular China y del Reino Unido dudan que la pandemia sea la criatura de un accidente de laboratorio.

 

La tercera acción provino de una Declaración forjada por el diálogo de una novedosa alianza de 24 cancilleres destinada a vigorizar el papel de las instituciones multilaterales para resolver las graves crisis de carácter sanitario, económico y migratorio de tal proceso, hecho que desató una curiosa especulación periodística en un par de medios argentinos.

 

El ingeniero Felipe Solá encabezó la lista de firmantes consignados en la Declaración de Ministros distribuida por Alemania.

 

Hasta el momento da la impresión de que los autores del antedicho comentario periodístico no se dieron cuenta de que algunos de los veinticuatro ministros, no los veintiocho mencionados por un redactor, integran los mismos gobiernos que desean investigar el comportamiento de Pekín y la OMS. Esto suena a que mal podían suscribir un texto pro-chino, los representantes de naciones que intentan pedirle al gobierno asiático que entregue la totalidad de los datos que estuvieron a su alcance.

 

Tampoco es lógico suponer que es normal jaquear a la OMS, con la salvaje suposición de que cuándo el príncipe nos parece inepto existe el derecho a quemar el palacio. Menos olvidar el amplio currículum depredador de Donald Trump, cuyo gobierno sabotea a destajo muchas de las instituciones creadas con el liderazgo de su propio país después de la Segunda Guerra Mundial. Nadie puede darse el lujo de ignorar que, en estas crisis, subyace el temor a nuevos ataques al comercio global de productos agrícolas y alimentos ante los presuntos riesgos de escasez u otros problemas reales o inventados de seguridad alimentaria. El papel del comercio se definió, con acierto, en la Cumbre de FAO de 1996.

 

Es obvio que al exponer dudas y reparos, sería esencial que los gobiernos que impulsan una revisión crítica de lo que pasó en la OMS, consigan adelantar sus objeciones con una propuesta orientada a introducir los cambios necesarios para fortalecer, no para desfinanciar o menoscabar las actividades del único organismo multilateral especializado en la preservación de la salud global del planeta, cuyas actividades suelen dar mucho que agradecer y no pocas cosas que criticar. Es elemental que cualquier desvío registrado en el manejo de esta peculiar agencia de la ONU, no sea fulminado con la misma doctrina de bloqueo económico que Washington aplica a regímenes como Irán, Cuba o Venezuela, ya que en una institución de carácter intergubernamental dedicada a preservar la salud (la OMS), muchas veces la Casa Blanca neutraliza el amplio respaldo que logran sus diagnósticos, con el carácter troglodita de sus propuestas.

 

Y aunque Estados Unidos aporta contribuciones obligatorias y voluntarias por alrededor del 20% (US$ 893 millones) de los más de los US$ 4.840,4 millones que cuesta sostener los diversos programas generales y específicos de trabajo, el mundo entiende que ese foro debe estar regido por decisiones que combinan principios y evidencias científicas, la voluntad política de los 196 miembros y los insumos de los donantes no gubernamentales del sistema.

 

Un donante principal es la Fundación de Bill y Melinda Gates, que aporta US$ 531 millones adicionales y suele concentrarse en exigir
la buena gestión del fideicomiso orientado a sufragar un programa específico. En este juego de equilibrios todos saben que las secretarías suelen prestar atención a quienes proveen la masa crítica de los recursos de cada organismo internacional, algo que, nos guste o no, es el abc de la “realpolitik”.

 

Obviamente, las consultas deben basarse, hasta donde sea posible, en un trato que no incline la balanza por razones distintas a las reglas escritas y no escritas de la organización.

 

Asimismo, sería necesario probar que la Secretaría de la OMS demoró sin buenas razones los alertas oportunos (early warnings) a la membrecía. Sobre todo si se demuestra que Pekín puso el pie en la balanza para convencer a la Secretaría de esa Organización.

 

Eso no exculpa la responsabilidad ni la frivolidad que exhibieron los gobiernos acusadores al postergar las medidas nacionales preventivas, incluyendo el aislamiento social, tras registrar los primeros brotes de la pandemia en sus respectivos países, lo que fue una clara omisión política del fenómeno que algunos de ellos calificaron como una “pequeña gripecita” o con equivalente ligereza. Mientras en enero ya se intuía que las cosas estaban mal, las autoridades de ciertos países afectados empezaron a reaccionar seriamente a mediados de marzo.

 

Uno observa que esta vez la decisión de Solá parece estar generalmente bien encaminada. La declaración de la nueva alianza es constructiva. Al leer en detalle el texto se nota que la idea de fortalecer el multilateralismo logró el respaldo de seis naciones de América Latina con distintas ideas de política exterior como Argentina, Chile, Costa Rica, México, Perú y República Dominicana. Asimismo, atrajo la firma de doce países de Europa, bajo el liderazgo de Alemania; a Canadá, a tres de Asia, dos de Africa y uno del Medio Oriente. Que esta alianza sirva a los intereses permanentes de nuestro país, es harina de otro costal, por cuanto la Casa Rosada no puede esperar solidaridad europea para su política agrícola, si es que el gobierno no comete el gravísimo disparate de cambiar la originada en 1986. La Declaración no parece chocar con el pensar de Estados Unidos, debido a que la Casa Blanca expuso iguales demandas de transparencia a las explicitadas en el texto de la Alianza.

 

El texto en sí se dirige a promover el aumento de la solidaridad global, a sostener los principios de la democracia y a preservar la regla de la ley. Las bases del enfoque descansan en exigir transparencia, consistencia y adecuados fundamentos científicos, así como la racional coordinación (que también es lo que pide Washington, aunque es posible que lo quiera en el G20, no sujeto al marco disciplinado de organismos multilaterales).

 

Por otra parte, el texto destaca que el grupo de países que saldrá más lastimado por los efectos de esta crisis sanitaria y económica, son las naciones en desarrollo. Bajo tal perspectiva la Declaración cita al Secretario General de Naciones Unidas, Antonio Mendes, quien dijo que la medida que socava las finanzas de la OMS no resulta oportuna en el presente contexto.

 

Al abordar la cuestión del desafío sanitario la Declaración sostiene que se requiere asegurar la financiación y las medidas sanitarias más eficaces, así como la equitativa aplicación de las soluciones de fondo, lo que incluye facilitar la disponibilidad universal de las futuras vacunas. Al referirse al desafío financiero propone, sobre bases estrictamente voluntarias, el deseo de allegar fondos para los proyectos en marcha de la OMS.

 

Al mencionar el desafío de la información, el capítulo más detallado, llama la atención la claridad del lenguaje que se emplea para exaltar el papel del periodismo, en particular del periodismo independiente, el acceso a bases confiables de datos, a la libertad de ejercer la profesión y a la importancia de velar por la solvencia profesional de las noticias. Sobre todo el papel profiláctico que tiene el irrestricto acceso de todos los medios a las fuentes que permitan mantener una voz informada y confiable al servicio de la opinión pública. Uno imagina que Adepa y Fopea podrían convivir con el tono general del enfoque.

 

Al mencionar los desafíos económicos, se advierte la necesidad de preparar mejor la lucha contra las pandemias, de coordinar la labor entre las distintas agencias de la ONU y los vínculos con las organizaciones como el Fondo Monetario, el Grupo del Banco Mundial y otras entidades financieras. Adicionalmente, sustenta la necesidad de evitar las restricciones que pueden afectar el intercambio global de medicinas, equipos médicos, la oferta agrícola y alimentaria, así como la necesidad de respetar los compromisos adquiridos en la OMC.

 

Pero al ponderar el contenido de la declaración, es preciso recordar que durante la presidencia de Trump se promovió el sistemático lanzamiento de guerras comerciales con adversarios y aliados tradicionales de Europa, Asia y América Latina. Que la Casa Blanca dispuso la salida de Estados Unidos de la Unesco, del Acuerdo de París sobre Cambio Climático, del plan de control atómico pactado con Irán y el saboteo del Sistema de Solución de Diferencias de la OMC, que llevó a esa organización a un estado cuasivegetativo. También al ilegal replanteo de ciertas medidas insertas en el texto del nuevo NAFTA, al debilitamiento de la OTAN, a la inexplicable salida del Acuerdo Transpacífico, al congelamiento relativo de las negociaciones comerciales con la Unión Europea y a desmantelar casi todos los mecanismos de equilibrio y mitigación bélica con Rusia. El mandatario también menoscabó gran parte de las conclusiones sustantivas de los diálogos del G7 y el G20, en un marco donde predomina la centralidad del conflicto con China.

 

Seguramente esa artillería depredadora tiene una muy buena explicación y una línea de racionalidad cuyas ventajas y objetivos me cuesta entender. Quizás alguna mente generosa me pueda revelar a qué paraíso nos lleva semejante liderazgo.

 

Dejá un comentario