Si la salud es el tema central, ¿por qué peligran las clínicas?

28 de abril, 2020

Por Agustín Arieu (*)

 

Me encontré con gente que cree en este momento que las clínicas privadas están haciendo dinero con pala. Me cuesta explicarles que la pala la están usando, pero para preparar sus exequias. Todos se quedan perplejos, y me preguntan por qué peligran las clínicas si la salud es el tema central.

 

El rubro de la salud es probablemente uno de los más complejos, pero para describirlo someramente baste con decir que está caracterizado por la existencia de prestadores (públicos y privados) y financiadores (Estados, sindicatos y prepagas). Los primeros tienen altísimos costos fijos que permiten equilibrar sus finanzas en porcentajes muy altos de ocupación de sus instalaciones. La mayoría recibe sus ingresos de los financiadores, con cada paciente que atienden, y sin pacientes no pueden sostenerse. Los segundos, reciben sus ingresos mayormente a través del sistema de aportes y contribuciones, es decir, del mercado laboral formal y una parte con los pagos que realizan los socios directos en el caso de las prepagas.

 

La cuarentena no es invento argentino y con mayor o menor rigurosidad se está aplicando en el mundo. Las consecuencias frente al contagio de coronavirus son directas, y la curva se aplana. Pero también se aplana la actividad económica, paulatinamente, y la cantidad de pacientes atendidos, abruptamente.

 

Así, el sector de los prestadores, compuesto por centros médicos de diagnóstico con y sin internación, laboratorios y policonsultorios recibió el primer shock en la tercera semana de marzo, provocando la certeza de una caída muy fuerte de sus ingresos en los siguientes meses, y el descalce financiero a partir de mayo y junio, teniendo en cuenta que el plazo de pago por parte de los financiadores suele estar entre 60 y 90 días. En este mismo período, obras sociales y prepagas han visto reducir su denominado costo médico, el valor de las prestaciones que deben cubrir a sus afiliados o socios, siendo al principio un shock asimétrico que deja en clara desventaja a los prestadores. Pero la economía se ha enfriado y los efectos empiezan a sentirse también en el mercado laboral formal, cayendo los aportes y contribuciones y cesando el pago de quienes abonan un plan privado. Ahora son también los financiadores los que no recaudan, y el menor gasto del principio ahora solo viene a solventar una parte del déficit que se avecina.

 

Por eso la salud hay que mirarla como un conjunto de vasos comunicantes. El sector en su totalidad necesita ser auxiliado, pero garantizando que cualquier auxilio monetario fluya y circule por todas las partes que lo componen.

 

En Europa y América del Norte, los Estados dispusieron enormes ayudas económicas para sostener el sistema, algo que parece novedoso, ya que lo habitual en las crisis suele ser el rescate de los bancos. Y ahora toca rescatar las camas de un hospital.

 

Más de la mitad de los argentinos recibe su atención médica de parte de los prestadores privados, en un esquema que muchos países han ponderado en varias ocasiones como un ejemplo. Podemos perderlo para siempre o responder para salvarlo, acorde al enorme desafío al que la historia nos convoca.

 

(*) Decano de la Facultad de Ciencias Organizacionales y de la Empresa en UFLO Universidad y COO de Leben Salud

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