Sector privado y Covid-19: no hacer leña del árbol caído

1 de abril, 2020

Por Horacio A. Larghi Director de Invenómica

 

 

Ningún momento es bueno para una pandemia, pero sin dudas llega en un momento pésimo para Argentina. Previo a la crisis del Covid-19 se proyectaba una contracción del PIB en torno al 1,8% para 2020, pero las últimas estimaciones indican una caída no inferior a 3%. En otras palabras, el Covid-19 implica una pérdida de al menos US$ 6.000 millones en 2020.

 

Por supuesto, la salud está ante todo. Sin embargo, hay que encontrar el equilibrio justo para intentar evitar la expansión del Covid-19 sin que esto traiga consecuencias económicas que podrían llegar a ser aún más nefastas que el propio virus. En simples palabras, hay que tener cuidado de no curar el dolor de muelas cortando la cabeza del paciente.

 

Mantener la cantidad de empleados para el sector privado es una tarea titánica para un país paralizado por la cuarentena. Pero el principal problema radica en que Argentina hace 8 años que no crece. De hecho, de confirmarse el pronóstico de 2020, la economía se habría contraído en el periodo 2012-2020 alrededor de 5%. Y peor aún de medirlo en términos per cápita dado que la contracción sería del 12%. El sector privado hace mucho tiempo que está haciendo un esfuerzo enorme por sobrevivir, dejando poco margen para crisis aún peores e inimaginables como una cuarentena.

 

No hay dudas de que el Gobierno ha lanzado diferentes medidas que son muy importantes para intentar sostener la economía y brindar tranquilidad a los sectores más desprotegidos. Pero el contexto indica que los beneficios al sector privado, y particularmente las pymes, son insuficientes. Por ejemplo, la tasa subsidiada del 24% para pago de salarios puede ser de ayuda. Ahora bien, si el ingreso de un negocio es nulo, una tasa inclusive del 0% es elevada. Nuevamente, la gran mayoría de las pymes hace 8 años que están haciendo un esfuerzo enorme por sobrevivir.

 

La volatilidad de la economía en Argentina hace que el sector privado constantemente tenga que hacer malabares para no caer en el abismo. Devaluaciones múltiples, trabas a las importaciones o nuevos impuestos son solo algunas de las complicaciones con las que debe luchar día a día. La fluctuante y complicada situación económica del país hace que cualquier buena idea se transforme en algo complicado, y muchas de estas buenas ideas terminan naufragando ante el complejo sistema impositivo y la volatilidad económica del país. No hay que estigmatizar al empresariado como los malos de la película. Al contrario, el sector privado genera trabajo, valor agregado y mejora la productividad de la economía. Paralizar el país un mes tiene sus consecuencias, tanto positivas como negativas. Y más aún con las serias dificultades económicas de los años previos.

 

El sector público debería ser el ejemplo y debería reflejarse en algún gesto, tal como se ha verificado en países vecinos como Uruguay y Paraguay.

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