Postales de la posglobalización

28 de abril, 2020

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Por Diego Sadrinas Politólogo (UBA)

 

 

La pandemia del Covid-19 estaba acaparando casi la totalidad de los análisis y de las noticias en Argentina junto a otros temas derivados de la misma, como las discusiones de las fuerzas políticas parlamentarias en torno a la conveniencia y viabilidad de sesionar de forma remota o de manera presencial. La monotonía seguía a la orden del día hasta que el 24 de abril se sacudió la agenda local y nos anoticiamos de la decisión política del Gobierno de “suspender de hecho o apartarse” de las negociaciones que actualmente está llevando a cabo el Mercosur con Corea del Sur, Líbano, Canadá y la India.

 

En el comunicado hecho por Cancillería hubo expresiones ambivalentes ya que, por un lado, se sostuvo que “la integración no es solo un mandato de la geografía y de la historia sino parte de nuestro presente y de nuestro futuro”. Pero luego de brindar algunos datos estadísticos respecto de la economía toma una postura que se yuxtapone a la anterior afirmando que “Argentina dejó en claro que la incertidumbre internacional y la propia situación de nuestra economía aconsejan detener la marcha” de las negociaciones con los países recientemente mencionados.

 

Esta decisión de apartamiento y toma de distancia respecto de los socios del Mercosur es histórica porque, desde el retorno a la democracia, podemos afirmar que hubo dos cuestiones sobre las que todo el arco político estuvo de acuerdo más allá de quien sea el gobierno de turno: la cuestión de la soberanía sobre las Islas Malvinas y el Mercosur como espacio estratégico de integración regional que permitirá una mejor inserción en el mundo globalizado, a partir de la negociación como bloque, con los actores económicos mundiales más trascendentes.

 

Antes de continuar, es importante hacer un breve racconto de la historia del Mercado Común del Sur: el mismo se constituyó el 26 de marzo 1991 a partir de la suscripción del Tratado de Asunción por parte de Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay. Entre los principales compromisos e implicancias de este acuerdo se destacan la libre circulación de bienes y servicios a partir de la eliminación de los derechos aduaneros y de las restricciones no arancelarias; el establecimiento de un arancel externo común junto con la adopción de una política comercial común frente a terceros y la coordinación de políticas macroeconómicas y sectoriales entre los estados miembros. Además, este pacto implicaba un compromiso de los miembros por el fortalecimiento de las respectivas democracias, apelando a la solución pacifica de los eventuales conflictos que pudieran presentarse.

 

Es por lo recientemente expuesto que la decisión, por el momento transitoria, de hacerse a un lado de este organismo puede catalogarse de histórica.

 

Es importante preguntarse qué implicancias económicas concretas tendrá en nuestro país la decisión. Lo mismo respecto de los lazos de solidaridad y de los cimientos democráticos en la región. No es la intención elaborar una respuesta definitiva, imposible de alcanzar, puesto que los alcances son un constante devenir, es decir, que solo el tiempo nos dará mayores precisiones. No obstante, podemos realizar algunas reflexiones concretas. Brasil es nuestro el principal socio comercial, es decir, que es el país al que más productos exportamos. Asimismo, el Mercosur funciona como un paraguas en el sentido que nos protege en cierta medida de recibir importaciones de forma descontrolada y permite tener una posición de cierta fortaleza al momento de negociar con otras economías o bloques regionales.

 

A la vez, la etapa histórica del mundo en que estamos viviendo muchos la denominan como la era de la globalización aunque, en vistas de este acontecimiento y de otros recientes como el Brexit, la fragilidad de la UE y el resurgimiento de ciertos nacionalismos que impulsan una vuelta hacia lógicas de aislamiento del Estado-Nación, tal vez podríamos empezar a hablar de la “posglobalizacion”. En este marco, cabe destacar que el futuro económico, social y político luego del Covid-19 es imprevisible, y es un enigma saber cuánto tiempo nos llevara alcanzar una nueva normalidad.

 

Sin embargo, es lógico suponer que las soluciones y el volver a encaminar por senderos prósperos a nuestra sociedad requerirán del dialogo entre todas las fuerzas políticas y sobre todo de la cooperación e intercambios internacionales. Por lo tanto, es primordial estar atentos al futuro político del Mercosur y a las decisiones que se tomen asociadas al mismo.

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