Para tener un rebote en “V”, es clave cuidar la salud de las empresas

7 de abril, 2020

En muchos países desarrollados abundan los pronósticos que muestran una fuerte caída en el segundo trimestre, pero también una recuperación vertiginosa en la segunda parte del año cuando la pandemia vaya quedando atrás y la actividad comience a normalizarse.

 

Un ejemplo: Goldman Sachs proyecta que el PIB de Estados Unidos caerá 25% en el segundo trimestre del año, pero crecerá 19% en el tercero.

 

¿Se puede trasladar ese escenario para Argentina?

 

Según los analistas privados, el PIB caerá entre 6-8% en 2020 pero, como en los demás países, la retracción se concentrará en la primera parte del año.

 

Pero la velocidad de la recuperación dependerá de varios factores y el primer de ellos será el  punto de partida que, en gran medida, dependerá de la duración de las restricciones como consecuencia de la pandemia. Porque cuanto más se prolongue, mayor será la tasa de desempleo y más subirá el número de  empresas que se queden en el camino: ambos fenómenos harán más lenta la recuperación. Por eso, en esta etapa, es clave asistir a las empresas para que puedan mantener a sus empleados. El problema es que el Estado tiene recursos escasos y el país se quedó sin crédito.

 

El factor dinámico para la recuperación debería ser el consumo, pero las dudas en ese terreno no son pocas.  Los factores que jugarían en contra serían una tasa de desempleo elevada y una caída en los ingresos reales porque difícilmente las empresas puedan aumentar los salarios en línea con la suba de la inflación, que seguirá en niveles elevados y acaso crecientes.

 

Distinto será el caso de las jubilaciones más bajas y los beneficios sociales que podrían mantener su nivel en términos reales, aunque su influencia es menor, en términos macro. También puede  ocurrir que, luego de una conmoción tan profunda, los consumidores tengan una conducta más cautelosa. Además, en esta etapa, está creciendo el endeudamiento de personas y empresas, y además, se estén postergando pagos, pero las obligaciones no habrán desaparecido y habrá que cumplirlas más adelante. Por otra parte, Argentina ya venía con una situación económica delicada antes de la pandemia y su elevado nivel de informalidad, con muchos sectores que no tienen ingresos estables, complica la situación.

 

En este escenario, no cabe esperar que la recuperación de la economía local, que indefectiblemente llegará,  sea en forma de V, como quizás ocurra en otros países. Tal vez puede haber una ayuda del exterior si las economías más desarrolladas repuntan fuerte y se convierten en una locomotora que arrastre a varios vagones en los que va sentada Argentina. Por eso, merece mucha atención todo lo que pasa más allá de las fronteras del país. Y cuando se piense en las herramientas destinadas a superar la emergencia,  debe evaluarse  también el impacto que tendrán cuando se supere la pandemia.

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