Para entender mejor el capitalismo que viene, lean a Mariana Mazzucato

30 de abril, 2020

 

Por Pablo Maas 

 

En la carrera por descubrir la vacuna que derrote al nuevo coronavirus, hay un grupo de científicos en la Universidad de Oxford que ya están liderando el pelotón. Se trata del Instituto Jenner, que lleva la delantera por haber comenzado antes las pruebas de seguridad en seres humanos, según informó The New York Times esta semana.

 

El instituto lleva el nombre del inventor de la primera vacuna, nada menos, el inglés Edward Jenner, quien en 1798 fue el primero que la probó en personas infectadas con una forma de la viruela…vacuna.

 

El Instituto Jenner está financiado principalmente por entidades públicas como el Departamento de Salud del Reino Unido, la Comisión Europea y el National Institute for Health Research. Su socio principal es otra entidad estatal británica centenaria dedicada a la salud animal, el Instituto Pirbright.

 

El caso de la financiación pública de la investigación médica de avanzada en los países ricos es uno de los ejemplos favoritos de la economista ítalo-estadounidense Mariana Mazzucato para fundamentar su tesis del “Estado Emprendedor”, el título de su primer libro de 2013.

 

El Estado no está solamente para asegurar los derechos de propiedad y regular los mercados para que funcione la competencia, como les gustaría a los economistas anarco-capitalistas. En los hechos, en los países desarrollados, los estados crean olas de innovación financiando proyectos que el sector privado normalmente no puede o no quiere encarar por si solo. En Estados Unidos, el Departamento de Salud tiene un presupuesto superior al billón de dólares, más que el PIB de varios países grandes. Los Institutos Nacionales de Salud dedican todos los años US$ 40.000 millones a la innovación en salud y están ahora mismo gastando varios miles de millones más en el Covid-19.

 

Entre las lecciones que está dejando la pandemia del coronavirus, una fundamental es dejar en claro para todo el mundo la histórica centralidad del Estado en los procesos de innovación. Un argumento que Mazzucato, hace varios años ya, suele demostrar en sus conferencias con el simple recurso de extender su brazo, mostrar su iPhone a la audiencia y hacer la siguiente pregunta.

 

-¿Ustedes saben quién financió toda la tecnología que hay en este teléfono?

 

Pues no fue otro que el Tío Sam, es la respuesta. Internet, el sistema global de posicionamiento satelital (GPS), las pantallas táctiles, el Bluetooth, son todos avances financiados por el Estado. Hasta el algoritmo del motor de búsqueda de Google fue pagado por una beca del sector público. La ironía es que, después de beneficiarse de décadas de inversión pública en nuevas tecnologías financiada con impuestos pagados por toda la sociedad, los gigantes digitales (BigTech) son de los primeros en eludir impuestos, fijando sus casas matrices en paraísos fiscales o sitios de baja tributación, como Irlanda y Luxemburgo.

 

Según Allan Rosenbaum, presidente de la Asociación Estadounidense de Administración Pública, virtualmente todas las innovaciones que han resultado críticas para la sociedad, desde las computadoras a la Internet, pasando por viejas y nuevas fuentes de energía (como el fracking), comenzaron con o fueron facilitadas en su desarrollo, por investigación apoyada o directamente ejecutada por el gobierno federal de Estados Unidos.

 

Y en muchos casos, la dependencia del sector privado de las acciones del gobierno federal ha ido más allá de la investigación y el desarrollo. “En ausencia de iniciativas del gobierno para apoyar industrias como las aerolíneas o los semiconductores, muchos exitosos y ricos estadounidenses no serían tan exitosos ni ricos”, dijo Rosenbaum en una columna de opinión publicada el lunes en el Miami Herald.

 

Con BigPharma, la gigantesca industria farmacéutica mundial, ocurre algo similar. La investigación básica y aplicada es pagada en buena medida por los contribuyentes, pero a la hora de comprar los medicamentos, los beneficios de esta inversión no vuelven a la sociedad, sino que revierten en precios astronómicos y enormes ganancias para las compañías farmacéuticas. Ganancias que, en muchas ocasiones, no son reinvertidas en nueva investigación y desarrollo en la industria, sino devueltas a los accionistas en la forma de recompra de acciones en los mercados bursátiles.

 

En la visión de Mazzucato, los glorificados emprendedores como Steve Jobs (Apple) o Elon Musk (Tesla) son grandes innovadores… del marketing o el diseño. Ellos surfean las olas de innovación tecnológica creada por los estados. Son los estados los que envían misiones espaciales a Marte, o que históricamente se han embarcado en guerras que fueron acompañadas por enormes avances científicos y tecnológicos.

 

Ante la crisis provocada por la pandemia, la vacuna que resulte ganadora en la carrera contra el coronavirus, debería reflejar la sustancial contribución pública a su desarrollo y distribuirse gratuitamente y con normas de licenciamiento obligatorias que aseguren su disponibilidad para todos los países, ricos y pobres, dice ahora esta economista.

 

En un artículo que escribió para Project Syndicate y que difundió la semana pasada en un video el World Economic Forum, el mismo que organiza todos los años la cumbre de Davos, Mazzucato sostiene que el estado de emergencia actual provocado por la pandemia puede ser usado para comenzar a crear una economía mundial más inclusiva y sostenible. “Tenemos que evitar los errores de la era posterior a 2008, cuando los programas de rescate permitieron a las corporaciones aumentar todavía más sus ganancias al terminar la crisis, pero no sentaron las bases para una recuperación sólida e inclusiva”, escribió. Ahora llegó el momento de la condicionalidad. La ayuda estatal debería ir a empresas que no despidan empleados y que cuando la crisis termine, inviertan en capacitación y en mejorar las condiciones laborales. También los rescates deberían prevenir las recompras de acciones y alentar inversiones en crecimiento sostenible y reducción de la huella de carbono.

 

“Ahora que el Estado va a ser otra vez actor principal, hay que darle el papel del héroe, no el del ingenuo que paga los platos rotos”, dice la economista.

 

Para entender mejor la economía mundial que podría sobrevenir a la post pandemia, olvidemos a Thomas Friedman y sus best sellers como “El Lexus y el Olivo” o “La Tierra es Plana”, que explicaron el mundo de la globalización triunfante, las privatizaciones y el crecimiento de las empresas transnacionales. Ahora mismo las cadenas de valor globales están en terapia intensiva y es difícil que vuelvan a su antigua condición. Muchas industrias (la salud, con toda seguridad) se organizarán en torno al principio del “just in case” en lugar del “just in time”. Y el retorno del Estado al centro de gravedad de la economía mundial, como en la posguerra, parece inevitable. Por eso vale la pena leer a Mazzucato.

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